Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Nuestro Centro Histórico de Puebla

Deambul-ando, de lo cotidiano a lo monumental. Una propuesta para recorrer y descubrir tu ciudad

Ma. Teresa Cordero Arce

Arquitecta por UPAEP, maestra en Restauración de Sitios y Monumentos UG y doctorante en Administración Pública. Docente y especialista en proyectos de conservación y difusión del patrimonio cultural. Su trabajo es reconocido a nivel nacional e internacional, por la difusión del patrimonio de México.

Viernes, Octubre 1, 2021

La conservación y difusión del patrimonio monumental edificado en favor del derecho a la cultura de los ciudadanos, es un concepto poco abordado en México, tanto así que la legislación que protege al mencionado patrimonio edificado se basa en una propuesta que se desarrolló como ley con más de 50 años de creación.

Los tiempos han cambiado, y el Centro Histórico de la ciudad de Puebla no es la excepción. Ostenta el nombramiento dado por la UNESCO en el año de 1987 como Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo que conlleva una serie de obligaciones que comprometen a sus autoridades a protegerlo y mantenerlo de manera permanente, para el disfrute e identidad de sus habitantes.

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La omisión de las autoridades locales en la creación, la protección del patrimonio, así como el acceso a los bienes y servicios culturales, da la pauta para detectar la necesidad de la creación de un plan de gestión, donde la información pueda ser incluida en la agenda pública del siguiente gobierno municipal en pro del cuidado, conservación y difusión del patrimonio, lo cual contribuiría al derecho de acceso y disfrute a la cultura en el Centro Histórico del Municipio de Puebla.

Las afectaciones a diversos inmuebles históricos denotan la falta de gestión entre los diferentes niveles de autoridad, así también, el poco interés y conocimiento acerca de sus valores; pero llegando a este punto, se bifurca el camino del lector que ha imaginado el desenlace del texto donde las autoridades tomarían un papel protagónico como antagónicos de lo que “debe ser” nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Si bien afirmo, que la conservación y difusión de sus monumentos depende en gran medida de las autoridades en turno, y que la implementación de acciones debe de enmarcarse en estrategias a convertirse en políticas públicas dentro de un plan de gobierno; también es cierto que hay que aterrizarlas a nivel social con acciones sencillas y cotidianas que nos corresponden hacer como ciudadanos, dando sentido a la acción gubernamental a emprender.

Nuestro itinerario de asombro se centra en su tamaño, historia, tipo, y leyendas, entre otras características, abandonando a las edificaciones que los arropan y contextualizan. Deambul-ando encontramos patios, accesos, ventanas, puertas, y detalles decorativos, contenedores de un gran simbolismo a favor de nuestra cultura y cohesión social. Los espacios del centro histórico siempre están en disposición de “narrar historias” articulando un discurso coherente entre las grandes edificaciones y los pequeños espacios y formas con contenidos más “austeros”.

La prerrogativa del patrimonio y su uso a favor de la cultura existe, es viable; hay una necesidad de ser reconocida, donde los inmuebles constituyen una herramienta actual y valiosa para ello. La posibilidad de ejercer los derechos culturales depende de diversos factores, pero es necesario ir ampliando las condiciones y herramientas para dar sentido de unidad e identidad.

Es preciso establecer mecanismos para garantizar una adecuada gestión y para ello, la participación de la ciudadanía es crucial. Esta participación se centra en su conocimiento, valoración y apropiación y así poder acceder a una realidad distinta que la que se presenta actualmente en el Centro Histórico del Municipio de Puebla, donde el tiempo, los factores externos, el abandono, la indiferencia, el poco cuidado y mantenimiento, han generado cambios en su imagen que demeritan un nombramiento tan importante dado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.  El primer paso está en recobrar nuestra cualidad de asombro ante “lo cotidiano…”

Deambulemos, caminemos Puebla.

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