Opinión

Deambulando por la Catedral de Puebla (I)

Sábado, Febrero 19, 2022
Leer más sobre Ma. Teresa Cordero Arce
Una mirada por las Capillas Hornacinas, elementos que cobijan en su estructura al imponente edificio
Arquitecta por UPAEP, maestra en Restauración de Sitios y Monumentos UG y doctorante en Administración Pública. Docente y especialista en proyectos de conservación y difusión del patrimonio cultural. Su trabajo es reconocido a nivel nacional e internacional, por la difusión del patrimonio de México.
Deambulando por la Catedral de Puebla (I)

Hay objetos de arte que nos ponen a estudiar, otros que nos provocan abstracción al trasladarnos a lugares o momentos, y otros que, al tener el privilegio de acercarnos a ellos, nos permiten dar una lectura y establecer un diálogo con los mismos. Este es el caso del monumento más importante y sobresaliente de nuestra ciudad: la Basílica Catedral de la Inmaculada Concepción de Puebla, que a través de algunos textos compartiré con ustedes.

Es significativo escuchar “a veces” la intuición y aunque parece poco “intelectual” para muchos, al recorrer en la profesión de la restauración un monumento, resulta una tarea y una herramienta fundamental para la lectura del mismo. Ahora sucede algo parecido, al compartirles esta experiencia que iniciará con las capillas hornacinas. No es la lectura “ordenada” del monumento, iniciando con la fachada, o con el altar (de los cuales hablaremos en otra ocasión si me lo permiten); en este momento hablaremos sobre los elementos que abrazan y cobijan en su estructura al edificio: las capillas hornacinas.

Se llama hornacina al nicho, al hueco coronado por un arco semicircular abierto en la superficie de un muro, para colocar en él una imagen, urna o estatua. Se puede encontrar en el exterior y el interior de los edificios. 

Se cita por Fernández  Echeverría y Veytia ( ilustre  historiador novohispano del siglo XVIII) que al momento de la consagración de la Catedral poblana a la Inmaculada Concepción por el Obispo Juan de Palafox y Mendoza en el año 1649, las catorce capillas hornacinas “estaban  terminadas pero no tenían adorno,  y así, para que lo tuviesen en el día de esta función, se hicieron cargo de ellas los señores prebendados […] empeñados todos en el más airoso cumplimiento de su encargo, se compitieron en los lucimientos, sin dar lugar al juicio para asignar preferencias.”

Las capillas hornacinas de la Catedral, se encuentran al costado de sus naves procesionales, miden aproximadamente 14 x 14 metros y poseen de uno a tres retablos donde exponen imágenes, pinturas de arte sacro y devocionales. Cada una de las capillas es iluminada a través de un vitral, los cuales se integran estéticamente con los demás, a través de una cenefa perimetral.  Se accede a ellas por medio de un arco en el que se encuentra fija una reja de hierro de dos hojas abatibles, que sube hasta el medio punto; el dorado que ostentan fue colocado hasta el año de 1722.

Antes poseían una decoración de flores en verde y oro la cual se puede verificar en el vestigio que se dejó en su restauración de 4 rejas de la nave izquierda, llamada del Evangelio; y que asoma en la reja de la capilla segunda dedicada a la Preciosa Sangre de Cristo (el crucifijo ahí expuesto es una de las piezas más antiguas hecha de caña en el siglo XVI). Todas las rejas tienen sobre la puerta el escudo, que denota el santo al que está o estaba dedicada la capilla.

La asignación de cada una ha cambiado a través del tiempo, dependiendo de la devoción de los canónigos, por lo cual, muchas de las imágenes han sido cambiadas a otras capillas o lugares de la Catedral. Cada capilla ha sido descrita en muchos documentos, son variadas y cuantiosas las obras de arte que contienen, pero también poseen detalles curiosos pocas veces citados cuando se habla de ellas, por lo cual, para su breve descripción me dirigiré a comentar sobre ello.

Iniciamos con las cuatro capillas ubicadas en la nave de la Epístola.  La primera capilla ubicada inmediata a la puerta que da al atrio principal está dedicada a Nuestra Señora de la Soledad cuya imagen en lienzo fue colocada ahí en el año 1655 por el Chantre de la Catedral Luis de Góngora haciendo a su costa el retablo y el altar (actualmente modificado) dando seis blandones grandes de plata.

La segunda capilla está dedicada a la Sábana Santa (Capilla del Santo Sudario) tocada por la original que se encuentra en Turín Italia, lo que la hace una de las más importantes reliquias que se resguardan en la Catedral. La mencionada pieza, está ubicada atrás del retablo principal que preside la imagen de la Virgen de Ocotlán, advocación Mariana Patrona de la Arquidiócesis Poblana. Hoy día, únicamente se manifiesta el Sudario abriendo el relicario que la contiene el día martes santo.  

La tercera capilla fue dedicada en un inicio al Espíritu Santo, después se colocó la efigie de Cristo Señor de la Columna, elemento hecho de plata y la soga de filigrana. Al lado izquierdo de la imagen se encuentra un lienzo monumental de autoría de Cristóbal de Villalpando, ‘La Transfiguración’, que narra la escena relacionada con el libro del antiguo testamento, lienzo al óleo donde se puede leer en la parte de abajo de lado derecho: “Villalpando inventor” y la fecha de hechura: año de 1683. La pintura   ha sido expuesta en el museo del MET en Nueva York, con toda su magnificencia artística; fue considerada la pieza central de la exposición por ser estimada la obra cumbre de la pintura novohispana.

La cuarta capilla fue dedicada inicialmente al evangelista San Juan, posteriormente a San Nicolás de Bari y actualmente ofrendada a San Juan Nepomuceno, debido posiblemente a la devoción de algunos canónigos en alusión al secreto de confesión. En la parte baja del altar se encuentra el cuerpo relicario de San Floro, que se muestra el 2 de noviembre en la fiesta de difuntos.

En esta ocasión, al terminar de deambular en estas áreas de la catedral y al revisar a través de la lectura el texto, al inicio del mismo no se omite que las fechas “comerciales” inundan el razonamiento y convierten cualquier cosa en “empalagosa situación”; por ello, no puedo más que participar para ustedes que el abrazo y el cobijo referido sobre las capillas, se convierta en palabras de ánimo, de buen humor, de escucha atenta,  de  amor o amistad o ¡ambas!

Un gesto de amabilidad en estos tiempos nunca está de más.

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