¿Todavía hay jueces en la Ciudad de México?

Martes, Septiembre 14, 2021 - 19:26

Puede haber aún en el Poder Judicial un juez que garantice los valores políticos primordiales

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.

El poder judicial ha adquirido en México una presencia que no tenía antes. Desde niños con comorbilidad que logran un amparo para ser vacunados, hasta el secretario de Marina que se queja de que los jueces erosionan su trabajo.

La lista es larga. Feminicidios y homicidios impunes. Decisiones arbitrarias de personas con poder político. Despojos. Actos de corrupción. Procesos electorales, desde registros de candidatos hasta constancia de validez.

Por eso se ha recordado y citado la historia, leyenda o mito, de un rey, presuntamente Federico de Alemania, a quien molestaba la presencia de un molino cerca de su casa de campo. Quiso comprárselo al molinero, pero éste no quiso vendérselo.

Molesto, el rey lo amenazó: puedo quedarme con tu molino y hacer con él lo que me dé la gana, sin pagarte un centavo. El humilde molinero respondió al rey que sería, además de injusto, ilegal, y que todavía había jueces en Berlín encargados de hacer respetar la ley.

Con frecuencia llegan a los jueces casos que afectan intereses poderosos, o poderosísimos. Como el acceso o no a un cargo de elección popular, como una gubernatura o una diputación. Casos que involucran millones de pesos, o cientos de millones. Casos que implican la pérdida de la libertad para una persona.

Que un solo individuo, un juez, decida sobre eso parece excesivo. Como parece excesiva la fábula del molinero y el rey Federico. ¿Puede un juez detener la ambición de un monarca para proteger a un simple campesino?

Claro que no se trata de un juez aislado sino, en la mayoría de los casos de un sistema, de poder judicial.

Recuerdo uno de los primeros tropiezos de Donald Trump como presidente. Decretó la prohibición a que ciudadanos de ciertos países -todos musulmanes-, viajaran a Estados Unidos. Un juez del estado de Washington consideró que ese decreto violaba la ley. La prohibición no pasó. Un juez de uno de los estados más pequeños de ese país impidió la arbitrariedad de uno de los políticos más poderosos del planeta.

Suena a cosa de otro mundo. Pero funciona en más de un país. Es una de las condiciones para tener una buena vida, para defender a los ciudadanos comunes de los actos arbitrarios. Para que las personas tengan uno de los valores políticos primordiales: seguridad.