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OPINIÓN

Lenguaje inclusivo: más que una “e”

Más allá de usar bien o mal el idioma, se trata de respetar la dignidad de cualquier persona humana

José Abraham Rojas

De formación jurista, siempre con interés en los temas constitucionales, se ha especializado en temáticas de derechos humanos, con enfoque en los estudios de igualdad sustantiva, no discriminación y libertad de expresión.

Jueves, Septiembre 2, 2021

Mucho se ha opinado en días recientes sobre la pertinencia o no, y lo adecuado o no de utilizar el lenguaje incluyente o inclusivo, que para decirlo de manera muy resumida, consiste en usar pronombres que en lugar de una “a” u “o” se escriban con “e” -elle, elles, nosotres-  o palabras con las cuales referirnos a una persona que no se construyan sobre una lógica sexo genérica binaria de masculino-femenino, por ejemplo, persona no binarie.

Como primer punto, más que encontrarnos frente a una manera de usar o no el idioma, considero que estamos ante la circunstancia de reconocer o no a las identidades de otras personas y, en particular, de las personas que se asumen como parte de la diferencia; es decir, de aquéllas que libre y autónomamente han desarrollado o decidido desarrollar sus personalidades y proyectos de vida de un modo distinto y/o divergente de vivir, y, por ende, de existir con respecto a lo que cultural, política, económica, social e históricamente se nos ha enseñado como lo normal.

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Lo anterior puedo decirlo de otra manera: más que tratarse -que desde luego importa pues las narrativas construyen realidades- de usar bien o mal el idioma -lo que sea eso signifique-, se trata de respetar y reconocer -que no tolerar, no estamos haciendo ninguna graciosa concesión- la dignidad de cualquier persona humana, independientemente de las formas y modelos que ella decida adoptar para llevar a cabo su proyecto de vida; y, por supuesto, entre esas formas y modelos, encontramos la construcción de identidades sexo genéricas que pueden responder y acoplarse, en mayor o menor medida, o que pueden transgredir y ser divergentes con relación a los modelos tradicionales.

Como segundo punto, mucha de la gente que se opone a usar de esta forma el idioma, argumenta que un verdadero lenguaje incluyente -como si en una población mundial cercana a 8 mil millones de personas hubiera verdades absolutas en la que cualquier ser humano pudiera encajar-, sería más bien uno que considerara la accesibilidad para personas con discapacidad auditiva, visual, psicosocial, etcétera. Dos cuestiones para mí son claras: primera, una cosa no excluye a la otra; y segunda, no por no hacer o no hacer lo suficiente una cosa, se tiene que dejar de hacer la otra.

Adicional a ello, percibo que quienes utilizan y defienden o que quienes defendemos que otras personas utilicen el idioma rompiendo la barrera de la construcción binaria sexo genérica, hemos puesto el dedo sobre el renglón, probablemente con mayor frecuencia e insistencia, en la incorporación e integración en los distintos ámbitos y espacios comunitarios y sociales de una comunicación accesible para las personas con alguna discapacidad; por ejemplo, Braille para quienes tienen una discapacidad visual o lenguaje de señas, en el caso de quienes tengan discapacidad auditiva.

Me parece que nadie con un criterio razonable puede negar la deficiencia, inexistencia o atrasos que persisten en nuestro país con relación a la adopción de medidas de nivelación, que son aquéllas “que buscan hacer efectivo el acceso de todas las personas a la igualdad real de oportunidades”, a través de la eliminación de “las barreras físicas, comunicacionales, normativas o de otro tipo, que obstaculizan el ejercicio de derechos y libertades prioritariamente […] a los grupos en situación de discriminación o vulnerabilidad” (artículo 15 Ter de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación). Asimismo, me parece que nadie con un criterio razonable puede dejar de promover y, de ser posible, garantizar que dichas medidas sean adoptadas tanto por parte del sector público como del privado o el social.

Aunque a estas alturas pudiera parecer trillado un tuit que se volvió viral de la Real Academia Española, ilustra muy bien lo que busca el lenguaje incluyente o no binario: que tratemos a las personas como cada una deseemos ser tratada.

Nuevamente menciono: antes de defender el uso correcto o incorrecto del idioma -lo que eso quiera decir-, se trata de reconocer y respetar la dignidad, la libertad y la autonomía que dan soporte a la identidad y a la personalidad de cualquier persona humana y a sus proyectos de vida.

¿Acaso es más importante querer defender la preservación de algo que por su naturaleza es cambiante como el idioma, al ser un elemento social, histórico, cultural, etcétera, y que en consecuencia va a tener transformaciones, que defender, promover o estar a favor de la vida libre de violencias y discriminaciones de las personas?

¿Es más importante defender lo que se nos ha enseñado que es el uso correcto del idioma que defender el que las personas podamos vivir sin miedos, con la mayor libertad posible y siendo respetadas en lo correspondiente a nuestras identidades y a nuestra dignidad?

Twitter: @JAbrahamRojas

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