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OPINIÓN

Hoy puede ser un gran día: regreso a clases

Que esta experiencia permita poner en común aprendizajes significativos para una nueva escuela

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Agosto 30, 2021

Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así. Aprovecharlo o que pase de largo depende, en parte, de ti. Dale el día libre a la experiencia para comenzar, y recíbelo como si fuera fiesta de guardar. No consientas que se esfume, asómate y consume la vida a granel. Hoy puede ser un gran día: duro con él.

Joan Manuel Serrat. Hoy puede ser un gran día.

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Pues finalmente llovió, tronó y relampagueó -en algunas zonas costeras del Golfo de México y también del Pacífico con mucha fuerza por los huracanes- y como lo advirtió el presidente, de cualquier manera, las escuelas se reabrieron el día de hoy para el retorno voluntario de los estudiantes cuyos padres decidan priorizar el aprendizaje sobre el riesgo de contagio y “voluntariamente a fuerza” para los docentes del sistema educativo nacional.

Regresamos, como he dicho en artículos previos, en una situación de tensión objetiva que se produce por las fuerzas opuestas que implican por una parte la necesidad de recuperar los espacios presenciales de aprendizaje y socialización que en nuestro país llevan suspendidos mucho más tiempo que en la mayor parte del mundo y por la otra, el riesgo de contagios por la situación crítica que se vive aquí y ahora con la llamada “tercera ola” y la “variante Delta” del virus Sars-CoV-2.

Volvemos a la escuela como también lo he dicho ya, en un contexto simultáneo de tensión subjetiva marcado por la oposición entre la urgente necesidad de reencontrarnos con los demás y sentir que hay un mundo más allá de las paredes de nuestras casas, de volver a mirarnos a los ojos y abrazarnos aunque sea con “sana distancia” y la existencia del llamado ‘Síndrome de la Cabaña’, que es un fenómeno psicológico originado por el miedo a salir nuevamente del confinamiento y se manifiesta en síntomas físicos como ansiedad, sudoración en exceso, respiración agitada, etc.

Regresamos además a un sistema educativo que se ha vuelto aún más desigual que al inicio de la pandemia y el confinamiento porque a pesar de que se requieren y se mencionan en los discursos políticos, muchas medidas de prevención y cuidado de carácter sanitario, la realidad es que, según información aportada por el periodista educativo Erick Juárez Pineda, director de @educacionfutura, un gran porcentaje de escuelas no cuentan con los servicios básicos indispensables para estos cuidados y muchas otras, además han sido vandalizadas en estos meses.

A manera de ejemplo, el periodista menciona en un tuit: “TAN SOLO en el Valle de #Toluca, #EdoMex, 639 escuelas no tienen agua, 617 no tienen aulas dignas, 134 ni siquiera tienen baños, 1218 no tienen drenaje, 1657 requieren reparación de baños, 698 necesitan rehabilitación de muros y/o techos, 1593 requieren vidrios y 2330 sin luz”. (@elErickJuarez, 23 de agosto de 2021, 10:03 p.m.)

Este regreso en medio de las tensiones objetiva y subjetiva descritas y de las carencias evidentes de infraestructura, es además muy incierto porque por más que los profesores de todos los niveles y escuelas del país hayan estado en estos días previos preparando la escuela y preparándose para este inicio de ciclo que será totalmente atípico e inédito en el país, no pueden prever todas las situaciones problemáticas que seguramente se van a ir presentando a lo largo de los días y los meses de este ciclo escolar, dependiendo en gran medida de lo que ocurra afuera de la escuela y de lo que las familias hagan o no para cuidar que sus hijos realmente sigan todas las indicaciones de cuidado que deben tener en su convivencia cotidiana.

¿A qué escuela vamos a regresar hoy? Podemos preguntarnos todos los docentes, directores, orientadores y supervisores o jefes de sector. No hay respuesta para esta pregunta, al menos no existen respuestas claras y contundentes como las que está acostumbrado el sistema educativo a tener y a enseñar tradicionalmente.

A pesar de las tensiones, de las carencias y la incertidumbre, creo -o quiero creer- que como dice la canción de Serrat citada como epígrafe en este espacio: “hoy puede ser un gran día”, pero “aprovecharlo o que pase de largo” dependerá en buena parte de la forma en que lo aborden las comunidades educativas de cada escuela y cómo podría decir el paradigma de la complejidad, otra parte la decidirán las formas en que las autoridades y la sociedad colaboren o no para que este regreso sea el inicio de una nueva era educativa y por supuesto, una parte más, la decidirá el azar.

Su experiencia, como tantas veces sucede, le hizo desconocer la verdad.

Anatole France.

Un posible escenario que puede impedir que hoy sea un gran día para marcar el inicio de la transformación educativa tan urgente en nuestro país sería que los docentes, los alumnos, los directivos y los padres de familia de las escuelas se dejen llevar por su experiencia, en el sentido negativo que describe Anatole France en esta frase y esto los lleve a desconocer la verdad. La verdad que nos dice que la escuela post-confinamiento no puede ser igual a la que hubo antes, que los profesores y los estudiantes no pueden relacionarse y actuar de la misma forma que acostumbraban, que los directores escolares y los padres de familia no pueden, no deberían hacer como que no pasó nada y pretender que se restablezca la vieja y decadente escuela centrada en la enseñanza monótona de contenidos que no sirven para vivir, ni siquiera para sobrevivir en las nuevas condiciones que este planeta esta viviendo y de las que el nuevo coronavirus es sólo un síntoma.

Ojalá todos los educadores y educandos hayan aprendido de la experiencia y tomen como punto de partida la explicitación y puesta en común de estos aprendizajes verdaderamente significativos para construir desde ahí la nueva escuela que requiere el cambio de época y el país en crisis generalizada que hoy vivimos.

¿Ocurrirrá esto en la realidad escolar -y universitaria- a partir de hoy? ¿Haremos todos que sea un gran día, un día memorable para construir el futuro que queremos? Imposible saberlo a priori, porque como dice el gran escritor y filósofo existencialista Albert Camus: “No puedes adquirir experiencia haciendo experimentos. No puedes crear la experiencia. Debes experimentarla”

Los docentes no pueden adquirir nuevas experiencias haciendo experimentos, no pueden inventar o crear artificialmente la experiencia, tienen que vivirla en carne propia, asumirla, sentirla, saborearla, palparla, entenderla, reflexionarla críticamente, valorarla para cambiar su forma de decidir y de actuar en sus prácticas educativas cotidianas.         

De manera que tendremos que esperar a que la experiencia suceda para poder, como dice Camus, experimentarla y aprender de ella, dejándonos renovar por ella y a partir de esta auto-renovación aportar elementos para la renovación de cada escuela como espacio privilegiado donde ocurre -al menos a veces- la magia del aprendizaje que ilumina la mirada de los niños y adolescentes dándoles motivos para crecer y construir proyectos de vida profundos y con sentido, constructores de nueva sociedad.

Este inicio de clases ocurre en un contexto de ausencia casi total de liderazgo por parte de la responsable de la SEP a nivel nacional y de carencia de lineamientos concretos y completos que guíen la reapertura de las escuelas en todo el territorio nacional. Como dice el título de un artículo reciente del Dr. Manuel Gil Antón publicado en Educación Futura: “Regreso a las clases sí, pero no así”.

Sin embargo esta aparente desventaja o carencia que introduce cierto caos al orden rígido con el que ha funcionado siempre nuestro sistema educativo de bajísima complejidad: vertical, piramidal, centrado en el control, sancionador de la autonomía de las escuelas y de los docentes, puede ser una oportunidad de iniciar esta transformación y renovar desde abajo y con la natural heterogeneidad dependiente de las condiciones de cada escuela y región del país y el estilo de cada profesor, profesora, director o directora, este sistema anquilosado para construir uno nuevo, de alta complejidad: más horizontal, participativo, abierto a la autonomía y la creatividad.

De manera que “hoy puede ser un gran día” para la educación nacional si ponemos cada uno, cada una, nuestra parte.

Démosle “el día libre a la experiencia, para comenzar” y recibámoslo “como si fuera fiesta de guardar”. No consintamos “…que se esfume” por apegarnos a nuestra experiencia del pasado en ánimo de restauración, asomémonos y consumamos “…la vida a granel” aprovechando cada minuto del reencuentro con los estudiantes. “Hoy puede ser un gran día. Duro con él”.

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