El 25 de junio, Claudia Andrea Ramos desapareció en la zona metropolitana de Puebla. Sus amigos y sus familiares han hecho toda clase de peticiones a la Fiscalía General del Estado; colocaron anuncios en redes sociales, han hecho plantones y aún no hay indicios de su paradero.
Claudia no salió de fiesta ni iba a ver a un novio. Salió a las tres de la tarde de su domicilio en el municipio conurbado de Cuautlancingo, para entregar unos productos con los que aportaba dinero a la casa. A las pocas horas, su teléfono simplemente dejó de funcionar. Después no entraron las llamadas y tampoco hubo solicitudes de rescate. La autoridad no ha dado respuestas.
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De cara muy linda, Claudia es la mayor de todos los hermanos, quienes quedaron a cargo de su madre, luego de la ausencia paterna. Tiene 25 años y siempre acostumbraba avisar a los lugares por los que solía entregar sus mercancías. Viajaba en transporte público, vestida con jeans y playera como siempre, cuando ya no se supo más de ella.
Pese a que hay indicios de presuntos responsables, la familia asegura que se dejaron pasar las primeras horas que eran tan fundamentales para avanzar en las investigaciones.
Claudia es solo una de las decenas de chicas que se han extraviado en nuestro estado. Muchas son devueltas en ataúdes a sus familiares, víctimas de feminicidios. De la gran mayoría no se vuelve a saber nada.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas durante 2020 desaparecieron 90 mujeres en el estado de Puebla y en lo que va de 2021 van otras 18 mujeres desaparecidas, entre 16 y 65 años.
El gobierno del estado de Puebla tiene toda clase de estadísticas sobre las desapariciones, pero me niego a normalizar que las mujeres se pierdan y no se vuelve a saber nada de ellas ni de los responsables.
Sucede que vivimos en una entidad y en un país donde el índice de impunidad anda por el 95 por ciento. Es decir que se investigan, se persiguen y se castigan solo 5 de cada 100 delitos. Y hay estados donde el índice de impunidad es de 99 por ciento.
Y claro, estando así las cosas, los novios, los exnovios, los esposos, sobre todo, se atreven a agredir y hasta matar a sus mujeres, por razones como una ruptura, embarazo o engaño. Cosas, de verdad que no tenían por qué terminar en desapariciones.
Estamos en un entorno de completa descomposición. Y me pregunto qué tanto hemos abonado como sociedad a esta situación, si educamos a los jóvenes sin tolerancia a la frustración. Les damos todo lo que piden, no les exigimos y los mandamos al mundo sintiendo que sus necesidades están por sobre todos los demás.
Ahora he visto que periódicos publican las zonas más inseguras en Puebla para que las mujeres puedan andar solas. Me niego a normalizar la violencia de esa forma y a construir cercas de seguridad con mis hijas y sobrinas.
La familia de Claudia Andrea ha protestado frente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, cerraron calles y no han logrado que las autoridades agilicen la búsqueda.
A la fecha, la joven lleva dos semanas desaparecida. La familia está viviendo una verdadera pesadilla, buscando una ayuda policiaca que no llega. Sus esperanzas de encontrarla sana y salva comienzan a evaporarse. No se vale.
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