La proteína espiga, la que produce la imagen del virus como una corona, es la que le da la capacidad de entrar a las células del epitelio respiratorio, esto es a nivel de la nariz, la garganta o inclusive a nivel pulmonar en los alvéolos, los pequeños sacos que nos permiten respirar. Al infectar se inflaman y aumentan la secreción de moco, lo que genera tos y secreciones nasales.
El coronavirus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19 ha mutado con el tiempo en la proteína espiga y genera variantes que no son relevantes; esto es, no son capaces de enfermarnos más, por lo que no significan un riesgo. Sin embargo, algunas variantes que son más efectivas para infectarnos y por lo tanto producen cuadros más severos, especialmente en la población que no ha sido vacunada. Por otra parte, las que ya han sido vacunadas tienen defensas, denominados anticuerpos y células T, que evitan padecer una enfermedad severa. Sin embargo, al no estar vacunados como ahora los jóvenes entonces son ahora la población vulnerable, esto es, la más susceptible a ser infectada por el coronavirus y enfermar de COVID-19.
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Es urgente que podamos ya vacunar a toda la población de cinco años y más para que podamos alcanzar la inmunidad grupal, también denominada de rebaño, la cual requiere que al menos el 70% de la población se vacune. Mientras no alcancemos esa cifra y exista un número grande de personas que pueden infectarse, debemos mantener las medidas básicas de prevención de la enfermedad, como son el lavado de manos frecuente, la sana distancia de al menos 1.5 metros entre las personas, evitar cualquier lugar con aglomeraciones y de manera muy importante el uso del cubrebocas.
Ya hemos visto cómo países con inmunidad grupal como Israel, Reino Unido, y algunos estados de los Estados Unidos de América han regresado al requerimiento de cubrebocas, aún en espacios abiertos, y esto se ha debido al repunte de los casos de COVID-19. Estas experiencias nos deben hacer reflexionar acerca de cómo evitamos altas tasas de enfermos y sobre todo de muertos. Así que no debemos bajar la guardia y seguir cuidándonos y aquellos grupos de edad que ya pueden acudir a vacunarse lo hagan a la brevedad posible. ¡Ah! y no olvidar usar el cubrebocas cada vez que salgamos de casa, al trabajo, etc.