El pasado viernes 25 de junio me encontraba como muchas veces en la fila para hacer mi pedido en el Starbucks de la Calzada Zavaleta. Eran como las 12 del día, cuando siento que me empuja una de mis acompañantes y me grita vámonos al baño que están asaltando. Me dirijo hacia el pasillo del baño y el que está destinado a los hombres ya no cabe nadie más y cierran la puerta sin que pudiera yo resguardarme, solo quedaba el de mujeres y ahí sí pude entrar. Ambos baños no miden más de 2 x 2 metros. En este último quedo exactamente a un lado de la taza de baño y pido que cierren la puerta, cuando escuchamos a alguien que se quedó afuera que decía que el delincuente había huido, por lo que empezamos a salir.
La escena era caótica. Al momento del incidente el lugar estaba lleno, no había ni una mesa desocupada como nunca en el último año debido a la pandemia y al estar ya el estado de Puebla en semáforo verde del Covid-19, como que todos los poblanos en la capital estamos un poco relajados y ya empezamos a regresar a los restaurantes. Y señalo que la escena era caótica ya que todavía había clientes todavía en el suelo, una dama en crisis nerviosa, algunos como yo, enojados y descalificando a grito pelado a las autoridades municipales, estatales y federales por sus pésimos resultados en la seguridad de todos.
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Ya un poco más en calma me dirigí a la mesa que ocupábamos y otra de mis acompañantes me narró todo lo que vio a escasos 5 metros del lugar donde ella se encontraba. Lo que ocurrió fue lo siguiente: En una de las mesas de la terraza había un varón de aproximadamente unos 50 años de edad acompañado de una dama de entre 30 y 35 años; ella con vestimenta deportiva color negro, él alto quizás 1.85 y robusto, estaban trabajando los dos con computadoras lo cual no es raro en estos establecimientos. Cuando se les acercó el delincuente, un individuo joven -a decir de mi narradora- armado quizás con una escuadra de alto calibre, ya que el arma me dice no era pequeña, les apuntó y les exigió sus objetos de valo.
En eso cuando la dama iniciaba el vaciar su bolsillo y en un descuido del asaltante, su acompañante lo intercepta y sujeta al malandro de ambos brazos y empiezan a forcejear, en eso lo desarma y el arma de fuego cae al suelo aproximadamente a 4 metros de la riña. Como puede el maleante logra librarse y corre hacia su arma. En ese momento había ya un griterío que seguramente intimidó a la rata y afortunadamente para todos, escapó. Mis respetos para este héroe urbano adicto al trabajo y al buen café ya que gracias a él no fuimos asaltados todos los presentes. Por cierto, después de este hecho ellos continuaron trabajando en su misma mesa.
Este tipo de delitos que la Fiscalía de Puebla denomina “delitos contra el patrimonio” se ha ido incrementando de manera alarmante en el municipio de Puebla. De enero a mayo de este 2021 ya suman 4,597 con base en la información de la propia Fiscalía General del Estado de Puebla en su página web: https://fiscalia.puebla.gob.mx/ con un incremento mensual constante del 20%.
Si tomamos en cuenta que el 94% de estos delitos no se denuncian con base al estudio que realizó el laboratorio de políticas públicas Ethos, porcentaje coincidente con otros estudios. En este año 2021 y solo en la capital de nuestro estado de Puebla han ocurrido 77,617 robos. Solo en 5 meses, esto es una historia de terror.
Concluyo que vivir en Puebla en este 2021 y salir a la calle significa jugarse la vida.