A algunos pensamientos desnudos les he arrancado, en apresurado mal humor,
sus hojas de parra
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Heinrich Heine
Me pregunto de qué lado estaría Octavio Paz en esta disputa intelectual por la nación. Claudio X. González, Enrique Krauze y Aguilar Camín nos convocan, junto a 430 empresarios, académicos e intelectuales, a votar contra Morena y sus partidos satélites "para rectificar el rumbo" de la nación.
Quiero decir, no creo, dudo mucho, que Octavio Paz tomara partido del lado de Andrés Manuel López Obrador y de Morena, pero tampoco creo que hubiese suscrito el Manifiesto por la república, la democracia y la libertad (30/05/2021), pues, desde mi perspectiva, el contenido de la propuesta exhibe el carácter conformista de un sector considerable de la academia y clase intelectual de México, la resignación mansa que nos advierte que el mundo como debiera existir no existe, que así es la vida y que no hay salida del Laberinto de la soledad.
Octavio Paz, como Diógenes y Nietzsche, cultivaba la Gaya Ciencia, el pensar jovial, y era enemigo jurado de toda conformación, de toda mansedumbre, su signo era la crítica y la rebeldía.
Los 430 grandes pensadores de México, la grey completa pastoreada por Claudio X. González, en cambio, nos invitan no solo a "..construir una alternativa viable frente al retroceso populista y autoritario, sino también para detener el deterioro político, económico e institucional del país”.
No hay duda, se trata de un manifiesto espectacularmente catastrofílico. Más aún si su publicación coincide con un día como hoy, 31 de mayo, en el que la OCDE pronostica un crecimiento económico de México superior al cinco por ciento del PIB para este 2021 y lo mismo para el 2022 y, de paso, un crecimiento de tres por ciento para los siguientes años, todo gracias a las exportaciones del sector manufacturero.
¿Cuál es la alternativa tan alternativa…?, ¿qué criatura del pensamiento universal parió el cerebro multitudinario, masivo, de tan distinguida congregación letrada…?
El oráculo habló para mostrarnos el camino de retorno al pasado, las más agudas inteligencias del país, después de un sesudo intercambio de papers, nos ofrecen generosamente su aportación al bien común, el Manifiesto por la república, la democracia y la libertad. Con tono paternal y admonitorio, de quienes sí conocen científicamente el sentido de la historia, sentencian al pueblo de México a regresar, con su voto, la rueda de la historia, porque después podría resultar demasiado tarde. Creo que será un documento memorable por el horizonte de sentido que abre para el futuro político de la nación, pues imagina el retorno del PRI-AN, el regreso al corruptísimo sistema político mexicano amenazado, en sus raíces, por el Mesías tropical.
Claro que será un giro coyuntural, dicen, y declaran “…públicamente su empeño. En propiciar un diálogo de franca distensión/que les permita hallar un marco previo/ que garantice unas premisas mínimas/que faciliten crear los resortes/que impulsen un punto de partida sólido y capaz/ de Este a Oeste y de Sur a Norte/donde establecer las bases de un tratado de amistad/que contribuya a poner los cimientos/ de una plataforma donde edificar./Un hermoso futuro de amor y paz.”
Un discurso noble y edificante, idealista, que, sin embargo, al depositar el ejercicio del poder en los mismos partidos políticos, en los mismos truhanes que hundieron al país en la miseria, en una clase política y empresarial parasitaria y con una voluntad patológica de poder orientando sus vidas, es un mensaje que se desvanece en el aire, más aún, por los rasgos desvitalizadores y conformistas, por la anemia ideológica, por el pregón de que el mundo es así y sólo a los orates se les ocurre cambiarlo, el Manifiesto por la república, la democracia y la libertad, es la expresión cristalina del triunfo de la razón cínica.
Los 430 suponen, ingenuamente, que la clase política de México, luego de “un “baño de pureza moral”, dejarán el poder político en las manos inermes de la sociedad civil, para después, ahora sí, abrir las puertas a la democracia formal y a la transparencia gubernamental.
Los ideólogos del PRI-AN nos ofrecen vino viejo en odres viejos.
¿Qué reacción tendría el poeta Octavio Paz, me pregunto, frente a este Manifiesto de tintes empírico-realistas, descafeinados y cínicos...? Quiero decir, es un documento sin ideas y, claro, muy limpio, quiere ser "neutral", sin gota de ideología -como piensan que debe ser la ciencia social.
Pero la neutralidad de la ciencia, como la de Claudio, Enrique y Héctor, es falsa, pues más allá de los destacados méritos intelectuales de los historiadores, han devenido, también, boyantes empresarios patrimoneoliberales que, como la historia del capital nacional, lograron su respectiva acumulación originaria de capital de las ubres del Estado. Quiero decir, los tres tienen intereses económicos y políticos muy arraigados en las redes del Antiguo Régimen, mismos que se vieron vulnerados con la reacción democrática del pueblo de México en la urnas en el 2018, ese es uno de los trasfondos del manifiesto.
Octavio Paz criticó severamente, desde una perspectiva liberal, que mantiene clara la división entre lo público y lo privado, la organización con recursos del Estado de El Coloquio de Invierno (1992), una reunión internacional de intelectuales financiada por la UNAM y el Conaculta. Le pareció un abuso patrimonial de los organizadores, entre los que figuraba Héctor Aguilar Camín.
Como poeta antes que como pensador, como romántico antes que como liberal, Paz era un celoso defensor de la soberanía del pensamiento, estaba poseído por el impulso de la crítica, pero particularmente centraba sus ataques en el creciente dominio de la razón cínica sobre los intelectuales de México, sobre la genuflexión voluntaria a los poderes del Estado y al gran capital.
La brújula de Octavio Paz estaba imantada a la libertad incondicional para el ejercicio de la crítica de los fundamentos. Y fundó en el país una suerte de escuela del pensamiento crítico. Lamentablemente, fue testigo del envilecimiento estatal de inteligencias prodigiosas, el caso de Emilio Uranga es ejemplar, de cómo algunos intelectuales se degradaron hasta la ignominia bajo el hechizo del poder político, pues Emilio pudo haber sido "el gran crítico de nuestras letras" y terminó su vida de manera triste y oprobiosa: escribiendo pasquines y libelos contra los críticos del gobierno homicida de Gustavo Díaz Ordaz.
La osadía juvenil de Uranga, educado en las mejores universidades de Alemania y Francia, devino, al final, como escribió Paz, en una "…degradación mental que no es menos total que su abyección moral."
En este escenario de cinismo galopante me pregunto:
¿Estamos asistiendo con la alianza de Claudio X, Enrique Krauze y Aguilar Camín, con su Manifiesto por la república, la democracia y la libertad a votar contra Morena, a una suerte de pastoreo cínico de la inteliguentsia mexicana...?. ¿es acaso el triunfo absoluto de la razón cínica sobre nuestra patrimoneoliberal clase empresarial e intelectual...?