Opinión

Universidad para el Bienestar de Cuetzalan

Lunes, Noviembre 15, 2021
Leer más sobre Miguel Ángel Rodríguez
El reencantamiento del mundo que ocurre en esta Universidad es una fuente de vitalidad y erotismo
Universidad para el Bienestar de Cuetzalan

La semana pasada tuve la oportunidad de charlar con los estudiantes bilingües y trilingües de la Universidad para el Bienestar, en Cuetzalan, entre la neblina tremorosa de la Sierra Morena.

A partir de una breve reflexión sobre las danzas de la fiesta de San Miguel Tzinacapan, sobre la actualidad del mito, de los rituales y símbolos de relación, totalidad y salvación, para construir esferas más cálidas y hospitalarias de vida.

Yo estaba ahí en calidad de invitado y hablaría de la fiesta como un escenario en el que se representan danzas en las que el mal muere a manos del bien, aunque a veces cueste trabajo diferenciar quién es quién.

De las formas rituales como transporte para transitar de la profana vida cotidiana a la construcción de una casa para el Ser. El pueblo emancipado de la prisa, de la acelerada vida laboral. Lo que experimentan los sanmigueleños es la intensidad extática de un tiempo soberano.

Un lapso para el éxtasis.

Muy bien, me sabía el discurso. Hasta había intentado hacer florilegios con la descripción de las danzas, la música y las grandes y deliciosas comilonas.

Súbitamente, ya una vez en el salón con el profesor Aldegundo González, quien coordina el destino de la Universidad del Bienestar, sentado en primera fila y por varios años danzante de Los Migueles, las neuronas se me hicieron hilachos y la lengua se convirtió en estropajo pastoso.

Luego la mirada recorrió los rostros de los alumnos y alumnas mayoritariamente nahuas y totonacos y un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies. Sentí en ese momento, como un pesado fardo, toda la soberbia de la academia. ¿Qué acto de mayor audacia e insensatez que el de tratar de interpretar conceptualmente; es decir, ex-post, las emociones, pasiones y sentimientos intuitivos, preteóricos, grabados en los genes del público ahí congregado... ?

Así que empecé por reconocer lo absurdo y hasta cómico de mi charla.

Me concentré en la fuerza vinculante, comunitaria, que propician los rituales del 29 de septiembre, inexorablemente relacionados con el Talocan, nuestra madre-padre tierra: ometeotl.

En la existencia de redes invisibles de comunicación que nutren y contribuyen a comprender la energía colectiva que se expresa en las faenas y en la mano vuelta, en los rituales del nacimiento, matrimonio y muerte del pueblo nahua.

La charla terminó, para mi fortuna, sin muchos chiflidos en contra y con una crítica severa a mi idea de que el amor es un sentimiento sacro, trascendente, que está agonizando con el mundo de las no-cosas de la vida digital, ahora en la avateresca expresión de la plataforma Metaverso.

En el salón de clases el único aplauso me lo dio, por compromiso, mi generoso anfitrión. Y para qué quería yo los aplausos, pensé para autoconsolarme, ni que fuera un artista como Pablo Freire o como mi querido Gabriel Salom o como mi admirada Coral Morales.

Me di de santos de que no pasara a mayores.

Con mucha paciencia, el profesor Aldegundo todavía invitó a los estudiantes a participar, "con toda libertad", con críticas y comentarios en torno a mi expreso despropósito.

Pasaron como dos minutos en silencio, que sentí en mi cerebro como dos siglos de angustia, hasta que de una esquina una mano menuda, femenina, pidió la palabra. Era Xanay, florece en la lengua totonaca, quien visiblemente emocionada narró su experiencia de tres años como danzante de Los negritos, en Zapotitlán de Méndez, una comunidad totonaca próxima a San Miguel Tzinacapan.

Dueña de un español limpio y fresco levantó la voz, sin aumentar los ruidos, para transmitirnos, mejor dicho, para transportarnos a un universo poético de gozos y energías extraordinarias que se encuentran en el Tun-tun-tun-tun-tun; Tun-tun-tun-tun-tun de la danza de Los negritos.

Nos contó que don Benjamín Vázquez le enseñó a bailar, luego que desde pequeña tratara de hacerlo sin poder hacerlo por la edad. Continuó hilando con voz pausada el ritual de la víbora, su veneración en el altar y el maíz, el agua y la sal compartidos para resistir las tres extenuantes jornadas de bailes y brincoteos casi ininterrumpidos.

Así floreció el lenguaje poético de Xanay:

"Tú no comprendes precisamente como es que tu cuerpo logra resistir todo eso, porque cuando vas a ensayar vestida normal, pero cuando te pones el traje, la camisa, los mantos todavía encima, el sombrero en la cabeza, botines y pues el pantalón que lleva colgadas monedas y que pesan, tú no sabes cómo es que resistes todo eso, porque en los ensayos te cansabas y piensas que no resistes, pero no sé, ahí yo siento que es como algo muy bonito, porque toda tu devoción, todo lo que quieres hacer por la danza, todo lo que quieres enseñar y decir. Esta es la danza a la que pertenezco, te ayuda a resistir toda esa parte y ni siquiera es como una explicación. Y hasta han existido casos inexplicables por la falta de respeto a la danza y se ve reflejado en nuestra Maringuilla, quien se pone mal o se desmaya... ¿Cómo se desmaya si es de paja...?

Y entonces son rituales muy bonitos, porque aprendes a respetar, aprendes a interactuar con los demás, aprendes a respetar al caporal, a seguir lo que te está enseñando, porque se supone que en la danza de Los negritos todos somos hermanos. Aprendes a respetar a cada uno de los integrantes, a preocuparte por ellos, para viajar juntos, para cuidar al Xocoyote (el danzante más pequeño de siete años).

Entonces toda esa parte que no sabes por qué lo haces, pero que disfrutas al mismo tiempo, que sientes todo el amor en ese momento, como si lo encapsularas y sintieras el poder dentro de ti.

O sea, dar las vueltas, los brincos los zapateados y resistir todo y al final decir, doy gracias por resistir todo lo que tuve que resistir. Entonces el amor lo relaciono con la danza, pero también lo relaciono con el amor a los animales, el amor que tienes hacia ellos.

Tal vez puedes pensar incluso en tener miles de seguidores en el face para ser famosa y después lo puedas monetizar y cosas así. Pero es un tema en el que realmente nadie se conoce, porque no estás interactuando con ellos, no hay una relación estrecha con ellos.

Entonces yo también soy muy creyente de que las palabras tienen vida, porque yo no tengo ya a mi mamá, tiene un año que falleció, pero, aunque no esté en cuerpo, yo sé que ella me escucha cuando me siento mal, ella me cuida, ella me protege. Entonces eso también es amor...

Yo nada más quiero decir que la charla a mi realmente me sirve mucho poder expresar todo eso, porque cuando le expresas es cuando te das cuenta de las cosas que tienes. Entonces puedo decir que todos los días tenemos amor de alguna manera, aunque sean días tristes o de enojo, todos tenemos amor y eso es lo que nos fortalece.

Hasta que lo dije creo que me di cuenta de que tengo todo eso, o sea, tal vez lo pensaba, pero era como una idea fugaz, y ahorita que lo platiqué y lo centré más y hablamos del tema, pues creo que todos tenemos amor todos los días.

Entonces pues gracias por eso, porque creo que lo necesitaba saber para poder seguir con mi mundo."

Las palabras cargadas de encanto me hicieron recordar la intuición sensible de Hölderlin, a ese camino del saber que no pasa por el Juicio, porque se concentra en el Ser. Me remitieron a una forma de comprensión de la realidad bajo una disposición anímica muy intensa en sentimientos, una poética mirada interior.

La intuición sensible aspira a la unidad originaria en clave ontológica, bien podría decirse, es la fusión del ente con algo más alto y más profundo denominado Ser, al que sólo se llega por la intuición sensible de la poesía. La intuición sensible comprende del modo más íntimo la unidad del sujeto con el objeto. Escribe Hölderlin en Juicio y Ser: “Donde se dé la unión por antonomasia (…) allí y en ninguna otra parte se puede hablar de un ser por antonomasia, como es el caso de la intuición intelectual. -Cfr. Rüdiger Safranski, Hölderlin o el fuego divino de la poesía, Tusquets, 2021, p.117.” Se puede decir que la filosofía de Hölderlin es la mitología que se hace racional al pueblo y adopta, para la comunicación, la forma del diálogo.

Xanay, la estudiante de 17 años, había salvado, con la exquisita lectura poética de mi charla, la desastrada y desastrosa exposición de mi tema sobre la imagen mítica y la imagen técnico científica del mundo. Más aún, no sé de qué manera, en un pase de manos, convirtió mi aburrida charla en un acontecimiento encantado que me valió la repetición en la plaza para el miércoles 17. Una cita a la que acudiré con el corazón en las manos.

Como siempre, me doy cuenta que siempre seré un lento y atolondrado aprendiz de las fascinantes culturas, de las encantadas cosmovisiones de la Sierra Morena.

Me queda el convencimiento de que el reencantamiento del mundo que ocurre en la Universidad para el Bienestar de Cuetzalan, Puebla, es una fuente de vitalidad y erotismo contra las fuerzas de muerte y pornografía de la razón cínica global: yo celebro.

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