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OPINIÓN

Aún tenemos la vida: vacunación de docentes

Digno de celebrar la vacunación pero confiemos en tener las condiciones para un retorno seguro

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 24, 2021

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

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Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas…

…Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández, Para la libertad. El hombre acecha, (1938-39)
http://elmundoenverso.blogspot.com/2008/03/para-la-libertad-miguel-hernndez.html

 

Para la libertad cientos de miles de profesores y profesoras, sangran, luchan y perviven cada día de cada ciclo escolar en condiciones normales. Para la libertad estos profesionales de la esperanza han multiplicado sus esfuerzos y han sangrado, luchado y sobrevivido a casi ciclo escolar y medio de trabajo con las escuelas cerradas, los educandos en sus casas y muy pocos recursos didácticos y tecnológicos en la mayoría de los casos, tratando de lograr el diseño y la instrumentación de estrategias y secuencias que generaran experiencias de aprendizaje significativo y lograran que no se perdiera del todo este tiempo preciado de disposición y necesidad de desarrollo que son la infancia, la adolescencia y la juventud.

Han sido y siguen siendo tiempos muy difíciles para quienes se dedican a la tarea de formar a las nuevas generaciones en este país herido por la pobreza, la desigualdad, la violencia, la injusticia, la total impunidad, la falta de respeto a las leyes, una palabra: la imposibilidad de construir un futuro personal, comunitario y colectivo más acorde con la dignidad de todos los seres humanos que conviven en esta tierra paradójicamente rica en recursos pero con casi la mitad de la población en algún grado de pobreza.

En este año los docentes han puesto sus ojos y sus manos, su inteligencia, su creatividad y su energía física y emocional para lograr que los estudiantes siguieran aprendiendo, creciendo, conviviendo con sus pares aunque sea a través de pantallas o escritos, como un árbol carnal, generoso y cautivo han dado esto a los demás, se han dado a los demás en condiciones inéditas y con un nivel de desgaste físico y emocional que tal vez nunca habían vivido y ojalá nunca vuelvan a tener que vivir.

Para la libertad de sus alumnos, cada uno y cada una de estos profesionales de la esperanza han sentido más que nunca, más cerca que nunca, los corazones de sus estudiantes latiendo al ritmo del miedo, de la incertidumbre, de la confusión, del caos, del cansancio, del tedio, de la repetición sin sentido de horas, días, semanas y meses que han parecido todos iguales en medio del aislamiento y la imposibilidad de convivir, mirar cara a cara, abrazar a los otros significativos con los que antes era tan sencilla, tan natural la convivencia que no se apreciaba y valoraba lo suficiente.

Para la libertad algunos han entrado en los hospitales porque se han contagiado del virus. Muchos de ellos entraron y no lograron ya salir y no pudieron siquiera ser despedidos por todos los que los quisieron dadas las condiciones de la pandemia. Para la libertad muchos otros han entrado en los algodones y en las azucenas de momentos significativos y humanamente bellos que no tienen precio y se quedarán grabados en esos corazones harán fluir espumas de nueva vida y esperanza renovada por las venas.

En aras de lograr educar esa libertad de sus niños, de sus adolescentes, de sus jóvenes educandos, muchos profesores y profesoras han tenido que desprenderse a golpes de pandemia de sus pies, de sus brazos, de su casa, de su privacidad, de todo aquello que constituía su vida “normal” en el mundo de antes del coronavirus.

Por buscar a través de la formación integral de generaciones de personas y ciudadanos libres, muchos profesores siguen dando su vida y su cansancio y persisten en el esfuerzo a pesar de las propias pérdidas, del miedo propio, de sufrimiento y el desgaste que experimentan en carne propia después de tantos meses de una vida orientada meramente a sobrevivir, nosotros, los humanos que somos los seres que sobreviven para vivir, que tienen la vocación de vivir para vivir. Por buscar esa libertad han, hemos, seguido viviendo para sobrevivir, pensando en un futuro, en una luz al final del túnel obscuro, en una posibilidad de salvación de esta condena de más de un año perdido.

Porque esa libertad a la que aspiramos, esa libertad en la que creemos, la libertad por la que hemos seguido trabajando y creyendo que vale la pena lo que hacemos, hará que donde unas cuencas vacías amanezcan broten piedras de futura mirada, hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada por el dolor y la muerte.

Y entonces retoñarán aladas de savia sin otoño las reliquias de nuestros cuerpos perdidos en cada herida, en cada golpe anímico y físico de este virus desconocido, nuevo, evidencia de que somos vulnerables, finitos, imperfectos, frágiles y pequeños en el marco de la vida, en el contexto inconmensurable del universo.

¿A qué viene este arrebato lírico inspirado en el fragmento de este poema del gran Miguel Hernández musicalizado hace ya unas décadas por Joan Manuel Serrat?

Si todo transcurre conforme a lo previsto, esta semana se realizará en Puebla -uno de los últimos estados en hacerlo, por cierto- la vacunación de los profesores y profesoras de todos los niveles educativos y de los empleados del sistema educativo. Este es un paso necesario y digno de celebrarse aunque muy probablemente no sea suficiente para tener las condiciones de seguridad que nos lleven a reabrir las escuelas y universidades y nos hagan recuperar la magia y el misterio del encuentro personal, único e irrepetible entre educandos y educadores que produce el milagro de la siembra de condiciones de probabilidad para la emergencia de humanización individual y colectiva.

En el momento en que escribo estas líneas ya está abierta la plataforma para el registro de todos los maestros y maestras que marca el inicio de este proceso. Se han reportado fallas debidas a la saturación del sistema y a errores u omisiones por parte de los encargados de la SEP estatal en la parte de elaboración de la base de datos -sobre todo en educación media superior-, pero  si todo transcurre conforme a lo que el gobierno estatal ha anunciado, el próximo miércoles estarán ya recibiendo la vacuna miles de profesores de nuestra entidad, lo cual es un signo de esperanza en medio de tantas malas noticias y de tantos problemas y conflictos sociales en los que estamos inmersos todos.

Confiemos en que así será y que todos los profesionales de la esperanza podremos celebrar las posibilidades de vida y decir que somos como el árbol talado que retoña, que aún tenemos la vida para comunicar mucha vida a nuestros estudiantes, para volver a mirarles a los ojos, para percibir nuevamente la iluminación en sus rostros cuando entienden algo nuevo y se maravillan del mundo que se aprehende en la escuela, del mundo que es la escuela.

 

 

 

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