Dicen que la descomposición de la política empieza con la corrupción del lenguaje. La palabra liberalismo ha sido vaciada de contenido por el gobierno actual.
El liberalismo político (no confundir con el económico) tiene entre sus principios básicos la protección de las personas frente al poder político. Para ello la división de poderes y el énfasis en el respeto a la ley. El presidente se dice liberal, pero nadie como él ha tratado de concentrar el poder en su persona y de pasar por encima de la ley.
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Su medida más reciente es aprobar, mediante su grupo parlamentario en el Senado, una reforma en la Suprema Corte abiertamente inconstitucional. El presidente declaró alguna vez, cuando era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, que ninguna ley puede estar por encima del pueblo. Ha sido congruente con esa afirmación. La ley, la Constitución, no parece preocuparle, y trata de pasar encima de ella cuando lo cree conveniente.
Al presidente no le importa el contenido de la palabra liberal. Le ha dado el suyo propio: liberales son los que están con él. Los que no, son conservadores. La distinción parte de una versión de la historia patria para niños: los buenos liberales derrotaron a los perversos conservadores en el siglo XIX.
Una división maniquea que no se sostiene. Ni para el siglo XIX ni para el actual. En el país hay mucho más que dos posiciones políticas. Y dentro del mismo grupo o corriente política suele haber diferencias importantes.
Pero para el grupo que hoy tiene el poder nada de eso es relevante. Lo relevante es mantenerse donde están.
Por supuesto que las personas no viven con un libro de historia de las ideas políticas bajo el brazo. Les tiene sin cuidado el rigor conceptual de los políticos. De ahí la distinción entre el círculo verde, la gran mayoría ciudadana, y el círculo rojo, la pequeña minoría que analiza política y opina sobre ella.
Pero, más allá de exigencias teóricas y metodológicas, el uso del lenguaje es importante. Vaciar las palabras de su significado tiene consecuencias. Más cuando no solo se les vacía, sino se les corrompe, dándoles significados distintos.
Que alguien que se dice liberal muestro poco respeto por las leyes y busque diluir la división de poderes (la tradicional, entre ejecutivo, legislativo y judicial, y la más reciente, con los organismos constitucionales autónomos) es una contradicción que tendrá consecuencias. Expresa cuestiones mucho más de fondo que el rigor conceptual. Y las consecuencias no serán solo para el círculo rojo.