@fgabrielgt
Más artículos del autor
A finales del año 2018 la Suprema Corte de Justicia despenalizó el uso lúdico de la marihuana, desde ese entonces mucho ha cambiado, tanto incluso, que ese año parece completamente ajeno. Quizás fuera más fácil, no se hablaba de pandemias, se temía el futuro pero no más de lo que éste siempre se teme. Digamos que 2018 era más simple.
Poco más de dos años después, envueltos en una realidad completamente distinta, la cámara de diputados aprueba un proyecto de ley para legalizar el uso lúdico de la marihuana. La misma brecha que separa al año 2018 del 2021 es la que hay entre despenalizar y legalizar, sutil y a la vez, enorme. Yo no sé si antes fuera más simple, pero sí sé que simple no significa mejor. La legalización de la marihuana es un gran paso. México está por convertirse en el mayor mercado de cannabis del mundo y quizás, si no nos distraemos, también su mayor productor y exportador. La cifra detrás de esto es inmensa, California con un tercio de la población mexicana, ha recaudado alrededor de dos mil millones de dólares en impuestos desde la legalización en ese mismo 2018. La industria entorno a esta hierba es más grande que su polémica, la sobrepasa. Razón suficiente unirnos a países como Uruguay y Canadá en la legalización, y todo indica que Estados Unidos en su totalidad también se sumará al bloque, abriendo el diálogo para el comercio entre los integrantes del T-MEC sobre la planta y sus derivados.
Canadá y Estados Unidos llevarían ventaja en este diálogo, llevan años haciendo investigación científica y desarrollando tecnología relacionada a la hierba, contra el tiempo no se puede competir, claro está, pero existe una ventana, la ambiental.
De acuerdo con un estudio hecho por la Colorado State University in Fort Collins, la producción de un kilo de marihuana conlleva una emisión equivalente de 2 a 5 toneladas de dióxido de carbono, convirtiendo a la industria del cannabis en una de las más contaminantes, incluso supera a la minera en ese estado. La razón de ello está en el método de cultivo, dado que las condiciones ambientales no son óptimas la siembra se lleva a cabo en almacenes de atmósfera controlada.
En otras palabras, se necesita mucha energía, que se traduce como contaminación, para obtener los rendimientos deseados. Existen dos posibles soluciones para disminuir el impacto ambiental de la marihuana. En primer lugar, enfocándose en la obtención y manejo de la energía, buscando fuentes renovables y haciendo más eficiente su consumo; en segundo lugar, mudando los cultivos al exterior a condiciones más favorables, aquí es donde podría entrar México.
La pregunta que surge naturalmente es, ¿por qué Estados Unidos delegaría la producción de marihuana a México? Y una posible respuesta sería porque en teoría, Estados Unidos debe alcanzar la neutralidad climática en 2050 incluyendo sus importaciones. Es decir, ni Estados Unidos ni Canadá tienen la tecnología hasta el momento ni las condiciones climáticas para la producción de cannabis ecológico y a la vez rentable, pero México sí.
2050 tal vez sea lejano e incierto, mucho puede pasar en el camino y sin duda mucho pasará, pero si de algo podemos estar seguros es que el impacto ambiental jugará un papel fundamental en la toma de decisiones. El gasto energético y sus consecuentes emisiones serán y deberán ser la mayor limitante y guía para nuestro actuar a nivel personal, local y global. El análisis que se llevó a cabo en Colorado es un ejemplo claro de esto, no se puede luchar contra el planeta porque es luchar contra nosotros mismos. La marihuana no crece en ciertas condiciones y nuestra tecnología no alcanza para generarlas sin empeorar esas mismas condiciones, no debemos luchar, debemos adaptarnos.
El ejemplo es la marihuana pero esto aplica a todo el sector agrícola, pesquero y en general a cualquier producto que dependa de las condiciones climáticas y/o geográficas. Querer vencer estas condiciones a través del consumo de energía, es decir, sistemas de calefacción, luz artificial, etc., es tapar un problema hoy para enfrentar uno más grande mañana, en otras palabras, estupidez.
La Tierra es un sistema cerrado con nosotros dentro de él, si no llegamos a entender esto y no comenzamos a aplicarlo desde hoy en nuestro funcionamiento económico, político y social, después no habrá tiempo para arrepentirse porque ya vamos tarde.