Los trepadores electorales y sus padrinos

Lunes, Febrero 22, 2021 - 19:03

Oportunistas y simuladores, carperos y fracasados desfilan por el botín

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Los procederes políticos  en Puebla y en el país no marchan bien. Hay exceso de partidos políticos, su funcionamiento cuesta caro y los resultados son, en términos generales, no malos sino horrendos.

Hace buen tiempo se descubrió que los partidos son un estupendo  trampolín para el enriquecimiento. Reciben cuantiosos recursos para sus actividades, son opacos en los manejos y casi no rinden cuentas.

De sus filas emergen políticos de toda laya, pero abundan los negociantes y marrulleros que han aceitado el mecanismo para medrar  en el poder, contra el poder o jugando a conquistar el poder.

Los liderzuelos desarrollan su labor con un histrionismo carpero. Son huérfanos de ideología y también de ideas. Se aparecen en épocas preelectorales y luego se esfuman. Siguen el mismo proceder  que las aves carroñeras cuando ven carne descompuesta  en los caminos.

En las cúpulas acaparan los puestos principales los demagogos de más lengua. Organizan en su torno una camarilla de aduladores y pequeñas huestes de sujetos que han hecho de “eso que llaman política” su modus operandi.

Los de este círculo son serviles en grado máximo, individuos sin oficio ni beneficio, trepadores profesionales en pos de puestos, chambitas o “aviadores”.

Los gerifaltes se cuidan de acomodar en la estructura a elementos versados en la técnica electoral. Los incrustan y resultan ser los únicos que “trabajan”.

 Es decir, estos  buscan acomodar a los ganapanes en tareas que sí tiene que ver con el proceso electoral, pero sólo como música de acompañamiento. En realidad no buscan el poder, y el afán de servicio está a  años luz de sus motivaciones.

Son expertos en fungir como comparsas de los dos o tres partidos que sí tienen cierto grado de competitividad en cada proceso electoral.

Ellos reciben instrucción sobre qué hacer, donde presionar, en que lugar inflar mítines o adulterar documentos, dónde deben presentarse y en qué momento y lugar dejar un vacío deliberado para que lo ocupen los que dirigen la operación. Esto es así sobre todo el día de las elecciones.

La simulación en todas sus formas y tiempos es su tarea superlativa.

Manipulan a los medios, regalan enseres o baratijas para justificar los gastos y se quedan con otro tanto como botín de guerra.

Una pequeña estructura administrativa tiene la misión de ordenar las cuentas para que cuadren en los informes ante los órganos electorales. Esta tarea es clave para el manejo del dinero, de aquí se derivan componendas, comisiones, y negocios de toda cuantía.

Las autoridades electorales han desarrollado últimamente mecanismos de control cada vez más sofisticados. Pero aun así, los bandoleros han logrado evadir supervisiones, exigencias, requerimientos, normas y protocolos y consiguen arrancar trozos del presupuestos destinado a las elecciones.

Hoy estamos viendo una modalidad que existía, pero que  ahora alcanza un grado de impostura y farsa que parece romper todos los records.

 Nos referimos a la payasada (literalmente) que están armando todos los partidos: proponer a individuos ajenos al servicio público y sólo conocidos o medianamente famosos por su desafortunado paso por el espectáculo o el deporte.

Cada partido ha alineado a cómicos, luchadores, deportistas fracasados o jubilados, cantantes y demás fauna de la farándula para ganar votos. 

Y allá vienen las catervas de teatreros de mala muerte a buscar chambas o entorpecer el camino a sus rivales en la contienda.

No tienen la menor idea del servicio a la sociedad, no conocen de leyes, ignoran las responsabilidades de los puestos para los que son postulados, es una cáfila de rufianes ávidos de botín por el camino fácil y en el menor tiempo posible.

Se dan casos de tipos que no conocen la o por lo redondo y con dificultad escriben su nombre, los entrevistan y dicen burradas monumentales y sus discursos son para terminar a jitomatazos.

Y ahí están, pululan registrándose, haciendo visiones y actos de exhibicionismo en los medios. Una auténtica pandemia electorera que infecta a todos los partidos políticos.

Ojalá la sociedad, con su voto, los ponga en el sitio de donde nunca (ni ellos ni sus padrinos y patrocinadores) debieron haber salido: el bote de la basura.

xgt49@yahoo.com.mx 


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