Lunes, 18 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Caciques, ladinos, presidentes municipales…

La evolución de esta escala de poder los retrata al óleo

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Mayo 18, 2026

Frecuentemente nos enteramos de los gastos y gustos escandalosos de los presidentes municipales. Si no de todos, sí de muchos. Derroche de millones en fiestas de hijas quinceañeras. Viajes ostentosos por el mundo. Bodas rimbombantes. Festejos costosos con caballos, francachelas, música y baile. Ropa costosísima y coches modernos de colores o modelos francamente charros.

Todo esto con dinero público, sí, de usted y de todos.

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Atrás de este comportamiento no es difícil encontrar las raíces en el poder indígena precortesiano. Si bien la palabra “cacique” nos viene del caribe o las Antillas, y es de origen arahuaco, se aclimató aquí y define a una clase del poder primero indígena y luego mestizo.

Ellos eran la máxima autoridad política, militar y religiosa en su comunidad, encargada de administrar la justicia, organizar la producción y dirigir la defensa de su territorio. Es decir, por definición no era un sinónimo de abuso y perversión como hoy lo tiene el término.

Por conveniencia, los españoles utilizaron esta enorme estructura de liderazgo nativo lo mismo para mantener el pago de tributos que para conservar un férreo control sobre la población dominada.

Esta figura no está separada del ladino, ambas se funden y ahí hallamos los orígenes de este eslabón del poder que existe hoy en México, pero de manera especial en ciertas regiones ayer rurales y hoy urbanas o semiurbanas.

Si bien ladino es una palabra que se aplicó primero a los judíos sefardíes, es decir, al idioma que hablaban derivado del latín, el término llega a América con la conquista y define a quien es astuto, sagaz, que habla y actúa con disimulo. Luego se le aplica un sentido negativo y es casi sinónimo de pillo, taimado y tramposo.

Más acá, así definen los estudiosos de la evolución del término, a quien o quienes se valen de ciertas ventajas en su medio (hablar el español o la castilla, saber leer y escribir, vestir como “los de arriba”, y ser muy hábil para los negocios en su provecho) para identificarse más con el español gobernante y “mandón” que con sus hermanos de origen y clase.

Bien pronto se distancian de este su origen, reniegan de su naturaleza y no solo ello sino que hacen ostentación de tal condición y ventajas para sustituir a sus hermanos,  representarlos  y… explotarlos.

Si se rasca un poco en las estructuras sociales del país, ahí encontramos el porqué de este comportamiento enfermizo -pero consciente- de una gran cantidad de presidentes transmutados de caciques de huarache ayer, y hoy verdaderos cresos que forman parte de la clase política.

Igual que aconteció con el dominio español, los partidos se han valido de ellos, o los han utilizado, para asegurar la conquista del poder o el mantenimiento del orden y control de vastas porciones de la sociedad. Eso aconteció en el México rural. Hoy, en el caso del territorio poblano, con el 75 por ciento urbano y menos del 25 rural (exactamente al revés de antes) el cuadro se repite.

Les viene de lejos esta propensión al lujo sin medida, como una práctica nata del abuso reivindicador del poder de siempre. Esto, explicado en el lenguaje popular se expone como “aunque la mona se vista de seda, mona se queda.”

El boato y pompa que con ostentación desbordante hacen con una infinita variedad de formas, retrata perfectamente a estos personajes que abundan, multiplicados en gran parte del país, en todas las condiciones de la geografía social. Por sus gustos y estilo los conoceréis.

Sujetos a la observación elemental, cualquiera concluye que no tienen un comportamiento cultural que desean, añoran o imitan; carecen de estilo, formas, modos y modales. En algunos casos los hijos de tales personajes simplemente replican el modelo paterno, en otros, cuando toman conciencia de su papel y condición se distancian y definen un camino propio y diferente. Son los pocos.

Las mieles del poder, la recompensa abundante e inmediata pueden más que los principios.

Observe usted y estará de acuerdo.

xgt49@yahoo.com.mx

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