Cómo Cruzar Europa con solo 200 Euros

Martes, Noviembre 17, 2020 - 13:11

Cruzamos y disfrutamos más de 60 ciudades, adónde conocimos gente excepcional

Especialista en Desarrollo Regional y Gestión de Inversión Extranjera y Conferencista. Se desempeñó en el sector público y privado en México como en el extranjero. Dedicado a la vinculación entre México y Polonia

Si bien, este año ha sido el más complejo del que se tenga memoria, en el que dicen que las interacciones humanas habrán de cambiar en adelante ---yo me niego a lo anterior absolutamente--- y el turismo siendo uno de los sectores más golpeados, eventualmente volveremos a la normalidad por la única y sencilla razón, de que los humanos somos seres de encuentro, ningún virus o bacteria serán capaces de romper el eslabón más poderoso que amalgama a una sociedad…el contacto físico.

Cuando eso suceda y no porque los ciudadanos queramos esperar, sino por los controles que el Estado impone a la convivencia, sin duda, volveremos a caminar por el mundo, a descubrir el infinito abanico de paisajes y culturas que convergen en este increíble planeta llamado Tierra.

Hoy, a petición de muchos de mis queridos lectores, hablaré de un tema que en lo personal me apasiona como a la gran mayoría de personas; viajar y más si lo podemos hacer con total intensidad a muy bajo costo.

Particularmente, cruzar Europa desde Cracovia hasta Lisboa y sin dejar pasar por alto los espectaculares Balcanes, de ida y vuelta.

Bien, realmente fue algo fortuito conocer esta forma tan económica de cruzar Europa, ya que la conocí después de varios años ya asentado allí (Para los que no sabe aún, mi residencia permanente es en la bellísima Cracovia).

Cierto día con la primavera apenas comenzando, eran las 7 am y yo estaba ya en la barra desayunador de mi departamento, bebiendo un delicioso café de Cuetzalan que unas semanas antes, unos turistas mexicanos me habían regalado; mientras leía las noticias, mis correos electrónicos y por supuesto, repasaba mi agenda del día.

Repentinamente, cuando ya había leído todos los correos electrónicos, llegó uno más, que en realidad no lo era tanto…era una solicitud de alojamiento a través de la increíble plataforma llamada COUCH SURFING de parte de una dama ucraniana de 30 años. Aliona.

Debo confesar que en primera instancia y quizá más como reflejo, acudí a revisar sus fotografías, no soy un hombre al que le gusten los eufemismos de la correctancia política tan tóxica.

Una vez habiendo pasado ese primer filtro que aprobó de manera sobrada, procedí a leer su solicitud de alojamiento.

---Alberto, espero que te encuentres de maravilla, soy Aliona, una chica ucraniana viajando por Europa, estoy en Lviv pero mi primer destino dentro de la UE será Cracovia y nada me gustaría más, que poder conocerte, pues tus referencias son increíbles y sería muy lindo que me muestres la ciudad si así te fuera posible. A cambio, te ofrezco cocinarte un delicioso Borsch que como mencionas en tu perfil, es uno de tus platillos favoritos, además de que podemos ir a bailar o de fiesta y te aseguro que nos divertiremos mucho. Si no te molesta, me gustaría estar 2 noches y 3 días en Cracovia. Espero con ansias tu respuesta. Aliona…

Respondí:

---Aliona, mi casa es tu casa, será un placer hospedarte y estoy seguro de que pasaremos un extraordinario tiempo juntos y te enamoraras de esta hermosa ciudad (y de mi también) pensé de manera pícara.

El día llegó y finalmente con precisión de reloj suizo, a las 10 am en punto, el portero de mi edificio la anunciaba.

---Aliona bienvenida, ¿te ayudo con tu equipaje?

---Alberto, ¡es un gusto enorme estar aquí! (al tiempo que me daba un fuerte abrazo) y ¡no! Para nada, no pesa.

Aliona era mucho más de lo que había visto en las fotos, no solo por ser una mujer espectacular, sino porque era una mujer despojada de cualquier actitud de vanidad y banalidad, natural, sin una gota de maquillaje, el cabello hecho un sencillo pony tale, y vistiendo una sencilla camiseta, un short, unas botas y cargando a cuestas una mochila de viaje bastante grande.

Una vez dentro de mi departamento, desayunamos juntos y la química se dio de inmediato, la conversación era fluida entre frases en inglés, polaco, ucraniano e incluso un poco de español.

De inmediato le pregunté sobre el itinerario de su viaje.

---Voy hasta Lisboa cruzando por Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, España y de regreso por Barcelona, el sur de Francia y Alemania, Croacia, Eslovenia, Bosnia, Serbia y Montenegro y vuelvo a subir hasta Cracovia y de aquí me regreso a Lviv.

Me encontraba sin palabras, porque, en primer lugar, me pareció inverosímil teniendo en cuenta que me dijo que iba con poco presupuesto, por lo que naturalmente no contuve la pregunta.

---Si viajas limitada de dinero, ¿cómo puedes hacer semejante tour? O ¿acaso tu concepto de viaje limitado es distinto al mío?

---No para nada, lo haré con 200 Euros cómo máximo…

---¿sí? A ver explícame la magia de viajar de esa forma.

No había manera de que mintiera, su seguridad era suficiente para no dudar un solo segundo de su testimonio.

---No me quedo en hoteles, vaya, ni siquiera en hostales, me hospedo por Couch Surfing y en el caso de no encontrar hospedaje, llevo una casa de campaña y me instalo en cualquier parque o bosque, no me da miedo, pero jamás he tenido que hacerlo.

---Para trasladarme a mis destinos, me voy de aventón, hay una app de viajeros que te dan los mejores puntos adónde pedir aventón y todos van compartiendo sus experiencias y tips.

---Y finalmente, no me voy a meter a restaurantes caros ni compro nada que sea prescindible, mis gastos se limitan a agua, fruta, a veces pan y queso para preparar emparedados, pero las personas que me hospedan son muy amables y me comparten alimentos y me llevan a visitar sus ciudades, además los mejores lugares son siempre gratis.

Si bien yo ya había hospedado a bastantes viajeros, nunca nadie me había compartido semejante forma de viajar que en resumen es: Hospedarte con usuarios de Couch Surfing, pararte en las autopistas y pedir aventón, llevar herramientas alternativas en tu maleta, tales como una casa de campaña, además de alimentos no perecederos y lo más importante, enfocarte en la experiencia y no en la vanidad o glamur.

Las dos noches que originalmente me había solicitado, se convirtieron en toda una semana que pasamos excepcionalmente, la llevé a Auschwitz Birkenao, a la fábrica de Oskar Schindler, a las mundialmente famosas minas de sal, al barrio judío y por supuesto, a la plaza más bella del mundo, la plaza antigua de Cracovia.

Esa semana nos convertimos en amigos de por vida, puesto que una vez que dejó mi departamento para cumplir el resto de su viaje, regresó nuevamente a Cracovia al final del mismo y en el que repetimos la dosis de diversión y buenos momentos, que me sirvieron ---faltaba más--- para mejorar mi ucraniano y hasta la fecha, tenemos contacto con mucho cariño.

No sabía que esa lección que había aprendido de ella y su testimonio, yo la haría realidad justo antes de haber regresado a México, y es que un amigo y yo emprendimos prácticamente el mismo viaje, solo que incluimos a los Balcanes desde el inicio y subimos y bajamos por toda Europa hasta llegar a Madrid y de ahí de regreso hasta Varsovia, adónde finalmente abordé mi avión para venir a México, todo esto, antes de la pandemia.

Cruzamos y disfrutamos más de 60 ciudades, adónde conocimos gente excepcional que nos guio, que compartió el pan y la sal, que nos hospedaron sin costo alguno, que organizaron fiestas sencillamente por el gusto de estar con un par de locos mexicanos, nos perdimos entre vinos artesanales en los más exquisitos y desconocidos festivales vinícolas, nos enamoramos como adolescentes de amantes desconocidas y eternas, pero, sobre todo, nos embriagamos de la vida como nunca lo hubiéramos imaginado…

Y…cuando estábamos de vuelta en Varsovia e hicimos un balance de nuestra cartera, entre mi amigo y yo, no habíamos gastado ni 300 Euros por el que fue muy probablemente, el mejor viaje de nuestras vidas, con muy pocas fotos, pero infinitos recuerdos anclados en nuestros corazones, porque fue tan intenso, que hasta sacar el celular para tomar el mejor de los ángulos, era una perdida de muy valioso tiempo…

Con 200 euros, claro que es posible cruzar Europa, con 200 euros es posible tener los mejores recuerdos de nuestras vidas, porque te das cuenta, que lo que hace más caro un viaje no es la calidad de las experiencias, sino el tamaño de nuestros egos…

Nos vemos cuando nos leamos…

 


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