El coronavirus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19 es un virus de ácido ribonucleico o ARN que tiene 30,000 unidades, esto es, su genoma es de tan solo treinta mil letras. Esto lo coloca en la clasificación de los virus, es de una escala pequeña y de pocos componentes denominados genes que son las unidades que tienen que reproducir las células infectadas. Dada su estructura génica hace que la variabilidad del virus sea pequeña, y eso es relevante dado que se ha publicado mucho por la prensa acerca de que existen diferentes tipos y variantes del coronavirus. Sin embargo, si se compara con otros virus de ARN como son el de las paperas, el de sarampión, el de la hepatitis C o el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), los cuales tienen tasas de mutación más altas,. De hecho, hemos visto que el SARS-Cov2 ha sido estable a lo largo del tiempo. La baja tasa de mutación de este nuevo coronavirus es una noticia excelente sobre todo porque la porción de la espícula, ha sido muy estable a lo largo de casi un año de que logró ser una enfermedad del pangolín y pasar al humano, en el mercado de mariscos de la ciudad Wuhan en China. Dado que la espícula es la que usa el virus para entrar a las células del aparato respiratorio y ha permanecido estable, y por lo tanto es un componente excelente para el desarrollo de las vacunas, de hecho la mayoría de éstas están empleando la espícula como el elemento que generará inmunidad mediante anticuerpos mediados por los denominados linfocitos B, o bien a través de defensas de células denominadas linfocitos T, ya que provienen de un órgano denominado timo, que está localizado en la parte anterior del cuello.
El que el coronavirus SARS-CoV-2 sea muy estable en su conformación genética da esperanza de que las vacunas sean efectivas. Pero adicionalmente también es favorable para el desarrollo de un antiviral que sea efectivo, como ya se a ha logrado en el tratamiento de la hepatitis C, o los antirretrovirales en el caso del VIH, o el oseltamivir para tratar la influenza. De tal forma que nos hemos enfocado mucho en las vacunas, pero también es potencialmente posible tener un tratamiento mediante fármacos que puedan yugular a la enfermedad COVID-19. Muchos laboratorios trabajan en ello y esperamos en breve tengamos tanto la vacuna, como tratamientos farmacológicos efectivos.