Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La elección estadounidense y la educación moral

Por primera vez en la historia de E.U. un candidato presidencial alega fraude

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Sábado, Noviembre 7, 2020

“La moralina…es la simplificación y la rigidización éticas que conducen al maniqueísmo y que ignoran la comprensión, magnanimidad y perdón. Podemos reconocer dos tipos de moralina: la moralina de la indignación y la moralina de la reducción. Una alimenta a la otra”.

Edgar Morin, Método VI. Ética, p. 55.

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https://www.llardelllibre.cat/es/libro/metodo-6-el-etica_422410

Escribo este artículo el viernes 6 de noviembre cuando a pesar de que las tendencias indican un probable triunfo de Joe Biden, aún no hay un resultado definido del proceso electoral para la presidencia de los Estados Unidos de América. Independientemente del resultado y de quien ocupe el Despacho Oval de la Casa Blanca a partir del 20 de enero próximo, estas elecciones han sido inéditas en muchos sentidos y han puesto a temblar los cimientos de la hasta ahora considerada ejemplar democracia estadounidense.

Por primera vez en la historia del país hasta hoy más poderoso del planeta, un candidato presidencial ha alegado una maquinación de fraude en su contra. Una de las bases de la tradición institucional democráctica de los Estados Unidos ha sido siempre el espíritu democrático y de aceptación de la derrota de todos los que participan en el juego electoral.

Este espíritu se demostró por ejemplo en la elección crítica, polémica y bastante dudosa del martes 7 de noviembre del año 2000 en la que el entonces Vicepresidente demócrata Al Gore aceptó su derrota por 271 votos electorales contra 266 a pesar de que hubo un voto electoral que no fue contado y que el candidato perdedor obtuvo más votos populares en Florida pero perdió los votos electorales en ese estado, lo que inclinó la balanza a favor de frente a George W. Bush.

Sin embargo el afán de aferrarse a la presidencia que ha mostrado Donald Trump lo ha llevado desde las campañas a hablar de un posible fraude y desde el día de la elección, el pasado martes 3, a descalificar el proceso con tuits y discursos que afirman esta manipulación del conteo de votos en su contra sin aportar ninguna evidencia que lo demuestre.

Esta actitud llevó a varios medios de comunicación a cortar uno de los discursos del presidente explicando que lo hacían porque Trump estaba afirmando cosas falsas, lo que ha despertado el debate entre el derecho de las audiencias a ser informadas con veracidad y el derecho a la libertad de expresión como un rasgo inalienable de toda democracia.

Hoy quiero ocuparme de otro aspecto que me ha llamado poderosamente la atención y toca de manera directa el campo de la formación en valores, educación moral o educación ética, al que he dedicado muchos años. Se trata de la narrativa construida por Trump y sus seguidores –no muy lejana de la que ha ido cultivando nuestro presidente con los suyos- de una especie de misión encargada por Dios a su líder para luchar contra una gran conspiración internacional que busca implantar el mal en la tierra.

Se trata de la llamada teoría Qanon. Según una nota del NY Times firmada por Kevin Roose, esta teoría comenzó siendo marginal en las redes sociales pero en los últimos meses y sobre todo a raíz de la campaña presidencial de Trump ha adquirido mucha fuerza y se ha vuelto viral. 

Según el autor de esta nota, la teoría ha difundido información falsa acerca de a pandemia de la COVID-19, de las protestas del movimiento Black lives matter y por supuesto de las elecciones en Estados Unidos, además de tratar de vincularse a movimientos anti-vacunas y campañas contra el tráfico de menores para ganar adeptos.

El nombre QAnon agrupa toda una serie de teorías mitológicas de la conspiración que afirman que el mundo está gobernado por un pequeño grupo de “pedófilos adoradores de Satán que están conspirando en contra de Trump y al mismo tiempo operan una red global de tráfico sexual de menores…”

Los seguidores de esta teoría conspiratoria dice la misma nota del NYT creen que en este grupo maléfico participan Hillary Clinton, Barak Obama, algunas figuras de Holliwood y hasta el Papa Francisco y el Dalai Lama.

Según los seguidores de QAnon, Trump fue reclutado para llegar a la presidencia de los Estados Unidos y combatir a esta mafia que domina el mundo y acabar con el control que tienen sobre la política, la economía y los medios de comunicación.

Para quienes creen en esta teoría, la elección es entonces una lucha entre este grupo de malvados que dominan al mundo y un líder –Donald Trump- que representa al bien y que está destinado a luchar contra ellos. Se trata entonces de una batalla entre el bien y el mal.

Hasta hace poco tiempo yo veía muy lejana esta teoría y bastante difusos y abstractos a sus seguidores. Sin embargo a raíz de los debates que se han suscitado desde el día de la votación hasta hoy, he visto con mucha sorpresa comentarios y posts afines a esta teoría en las redes sociales, de personas amigas de mis amigos o incluso de algunas que he aceptado como amigos y que conozco desde hace muchos años como personas razonables y con formación universitaria.

En alguno de estos comentarios leí que un amigo de Fb planteaba la elección presidencial como “una lucha entre la luz y las tinieblas”, cosa que me dejó verdaderamente estupefacto.

Constatar la magnitud y alcance de esta teoría de la conspiración me ha hecho confirmar la urgente necesidad de una formación ética sólida y compleja que desarrolle en los futuros ciudadanos el criterio para analizar los procesos humanos y sociales desde una óptica crítica y sustentada en evidencias y argumentos razonables para no dejarse llevar por las visiones del mundo en blanco y negro que si bien pueden brindar una sensación de seguridad en la gente –sentir que se está del lado correcto de la historia, del lado bueno de la humanidad- nublan su juicio y rigidizan sus actitudes y su toma de decisiones.

Como afirma Morin en el epígrafe de hoy, la moralina es la simplificación y la rigidización éticas que llevan a las personas al maniqueísmo –la vida dividida entre lo cien por ciento bueno y lo cien por ciento malo- que los cierra a la comprensión y a la compasión, a la magnanimidad y el perdón.

Existen, según el pensador francés dos tipos de moralina: la de la indignación y la de la reducción que se alimentan mutuamente. Lo que estamos viendo en esta elección estadounidense y en la polarización que ha generado es precisamente la dinámica de la moralina de la indignación contra todos los diferentes que se alimenta y alimenta a su vez a la moralina de la reducción que lleva a pensar que la ética es simple y consiste en seguir lo que les indican sus mitos conspirativos, reduciendo a la humanidad en dos bandos: los buenos y los malos.

La fuerza de movimientos como el que he sintetizado aquí se debe a que la educación moral en las familias y escuelas –e incluso en las universidades- sigue siendo predominantemente moralina simplificadora y rígida que plantea la enseñanza de valores y la oposición a antivalores pero no presenta la complejidad de la vida ética y de la búsqueda del bien humano individual, social y cultural que está muy lejos de ser en blanco y negro y nos enfrenta siempre a conflictos y dilemas.

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