La sombra de los dioses: arte plumario

Miércoles, Octubre 28, 2020 - 08:59

Las plumas eran sagradas para los indígenas, por ello fue un elemento evangelizador

Soy poblana, Licenciada en Arquitectura y Maestra en Investigación del Patrimonio Cultural, miembro de Número de la Academia Nacional de Arquitectura, Capítulo Puebla. Restauradora de patrimonio cultural y docente

Hemos estado escuchando y leyendo recientemente sobre el penacho de Moctezuma, este objeto maravilloso que se encuentra en Viena y que en ocasiones hemos soñado con que regrese a nuestro país. No entraré en el debate de si debe o no regresar, lo que sé como conservadora de bienes muebles es que, actualmente ese penacho se encuentra recién restaurado por profesionales, en un ambiente resguardado, con iluminación, humedad relativa y temperatura controladas, lo que nos garantiza poder estudiarlo y analizarlo por muchos años más.

El penacho fue realizado por manos indígenas que eran expertas en la manufactura de objetos realizados con plumas, los artesanos que hacían diferentes tipos de arte plumario eran conocidos como amantecas (provenientes del calpulli de Amantla). Existían dos técnicas de arte plumario, la primera era colocando plumas sobre un armazón y ensartándolas y anudándolas con hilo o algún otro material como pequeños aros de metal, esta técnica era utilizada para realizar los penachos, escudos, ventiladores y mosqueadores o ventiladores; la otra técnica consistía en ir pegando plumas con un engrudo o cola hecha de resina de orquídeas y de vara blanca, sobre papel de algodón, de amate, mantas y tapices. Esta última técnica es la que se conservó durante el periodo colonial y que incluso los frailes impulsaron, debido a la belleza de los objetos que se producían, la admiración que causaban en la Corte española y la facilidad para utilizarla con fines de producción de arte evangelizador, ya que el pueblo indígena relacionaba las plumas con lo sagrado.  Se utilizaban para decorar objetos litúrgicos, muebles, ropaje, incluso el cabildo de Tlaxcala en una ocasión tuvo que emitir una orden que prohibía arrancar las plumas de quetzal de las andas procesionales para bailar con ellas. Algunos detalles de los amantecas, sus costumbres y forma de vida se encuentran narrados en el libro noveno de la Historia General de las Cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún, entre ellas las sus festividades principales, entre las que está la del mes de panquetzaliztli (18 o 19 de diciembre) , dedicada a Huitzilopochtli (dios de la guerra), deidad principal del pueblo mexica, quien de acuerdo a la mitología, nació de una bola de plumas que su madre Coatlicue (la de la falda de serpientes)  guardó en su abdomen.

La historiadora Elisa Vargaslugo menciona que en la época prehispánica hacían referencia a las plumas como la “sombra de los dioses”, éstas las obtenían de diversas aves que cazaban o criaban, para la manufactura de mantas, chimallis, rodelas, tapices, etcétera, que elaboraban para sus reyes, sacerdotes y miembros de la alta jerarquía social. Las plumas eran para los indios sumamente valiosas, preciosas como el oro, servían también para hacer ofrendas, comerciar y pagar tributos. Era en verdad un arte exquisito, altamente estimado, que parecía pintura de luminosos colores, Las plumas se obtenían de guajolotes y patos domésticos, así como de exóticas aves silvestres de preciosos plumajes, y de acuerdo con su belleza se empleaban en objetos comunes o de uso extraordinario.

En la Escuela de Artes y Oficios fundada en el convento franciscano de San José de los Naturales por Fray Pedro de Gante a mediados del siglo XVI se enseñaba la técnica del arte plumario. De esta escuela salieron los modelos para que los indios elaboraran con plumaria varias mitras que se obsequiaron a distintos Papas y obispos de Europa. Son siete mitras hechas en el s XVI, obras posteriores al año 1554. Una de éstas se encuentra en el Museo de Milán y fue un regalo al Papa Pío IV (1559-1566), quien posteriormente se la regaló a su sobrino quien llegó a ser San Carlos Borromeo. Se dice que este personaje usaba esta mitra en ceremonias de Semana Santa.  Hay otra mitra también del siglo XVI que se encuentra en El Escorial y un lienzo realizado para el Papa Pablo II, en el que basado en un grabado flamenco se representa la misa de San Gregorio y que se encuentra en el Museo de los Jacobinos en Francia.

Existen también algunos ejemplos de arte plumario, sobre lienzo o sobre lámina, en varios museos y sacristías de nuestro país en los cuales podemos admirar la maestría de la técnica, el detalle en la imagen y la belleza de los colores y destellos que los amantecas logran con las plumas.

“Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos. De la misma forma, cada período de la cultura produce un arte propio que no puede repetirse.”

Wassily Kandisnky

 

 

 

 


Encuesta