"El humor tiene la capacidad de devolverte la certeza de que la vida vale la pena. Y uno se salva, a veces, por el chiste, por el mágico sonido de la risa, que puede no ser tu risa; por la escondida capacidad de tomarte el pelo, de verte desde afuera y reírte de vos mismo. Creo que eso es lo que me ha salvado a mí, y que tiene su expresión perfecta en el consejo que una vez me dio un amigo brasileño, que me dijo que no me tomara en serio nada que no me hiciera reír"[1].
Eduardo Galeano.
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Con un día de diferencia respecto al cumpleaños de su personaje icónico, la pequeña pero grandiosa Mafalda, murió este 30 de septiembre el historietista gráfico argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, mejor conocido en todo el mundo como Quino a los 88 años de edad.
Como muchos niños de las generaciones de las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, crecí leyendo las tiras cómicas de esta niña filósofa siempre rebelde contra las injusticias de este mundo y descubrí después la obra completa de Quino al que por muchos años –incluyendo ya mi vida adulta- seguí en sus libros y en los cartones que publicaba quincenalmente en la revista de El País Semanal.
Es por esto que no puedo dejar pasar este momento sin rendir un sencillo pero muy merecido homenaje a este gran artista del humor inteligente y profundo que fue y sigue siendo parte de la cultura de muchos ciudadanos de latinoamérica, España y muchos otros países porque su humor trasciende las fronteras.
Siendo este espacio un ejercicio de opinión y análisis sobre temas educativos creo que la mejor forma de hacer este tributo es hablando del papel que juega el humor en la educación.
El tema puede sonar extraño en un contexto escolar en el que la risa no solamente no se promueve ni se utiliza como herramienta para el aprendizaje significativo sino que resulta más bien estigmatizada y penalizada dentro de la solemnidad y seriedad que se asumen como elementos esenciales del proceso educativo.
Porque paradójicamente la escuela es un espacio donde se ríe mucho y al mismo tiempo es ese “Templo del saber” en el que reír se considera una falta de respeto y una muestra de desinterés o mala conducta.
En las tiras cómicas de Mafalda y sus amigos el espacio escolar ocupa un lugar importante y Quino es capaz de hacernos reir con situaciones que le ocurren a sus personajes en el ámbito del aula con sus profesoras o por la tarde cuando en la casa tienen que realizar sus tareas. Pero la risa se produce como resultado de la irreverencia de los personajes frente a la solemnidad de los profesores, del cuestionamiento a las cosas irrelevantes que se les enseñan envueltas en una apariencia de seriedad, del vuelo de la imaginación que los hace escapar de ese ambiente rígido que los aprisiona.
"El sentido del humor hace descubrir muchas cosas en el mundo que sin él no se descubrirían. La risa no sólo es una cuestión divertida sino un modo de conocer la realidad" dice Antonio Cayo Moya. En efecto, el humor tiene el poder de hacernos conocer aspectos de la realidad que de otra forma pasarían desapercibidos porque nos hace descubrir ángulos distintos y poco observados del mundo y de la vida humana.
El mundo se conoce a través del trabajo serio y sistemático de las ciencias pero también mediante el sentido del humor que desacraliza y revela aspectos inverosímiles o absurdos que el pensamiento lógico no alcanza a percibir. El humor es además un motor de creatividad, un disparador del pensamiento divergente que busca mirar las mismas cosas con miradas diferentes y encontrar nuevos modos de hacer las cosas.
Pero además de aportar elementos al proceso de conocimiento, el humor también contribuye a la educación en valores. “No hay ética sin humor” dice Javier Sádaba con mucha razón. Porque el desarrollo de la capacidad de distinguir lo que es bueno o conviene a una vida humana de lo que es destructivo o generador de males individuales o sociales encuentra en la risa que se produce a través de situaciones o casos humorísticos de la convivencia cotidiana, una herramienta muy potente para mirarnos como seres imperfectos, capaces de soñar con lo sublime y también de urdir lo ridículo o lo que daña.
Como dice Galeano en el epígrade de hoy, el humor tiene la capacidad de volvernos a caer en la cuenta de que la vida vale la pena a pesar de todos los problemas y de todas las injusticias. La risa propia y la risa de los demás tiene un efecto terapéutico, la posibilidad de reirnos de nosotros mismos nos hace relativizar los problemas y las situaciones que podemos ver de manera muy dramática o negativa en condiciones normales. El humor salva, nos salva de nosotros mismos, de nuestros pensamientos negativos, de nuestras frustraciones cuando cometemos errores y de nuestra tendencia a la vanidad cuando conseguimos algunos logros en la vida.
"El humor es el antídoto ante cualquier fanatismo. El hombre deja de ser un animal miserable cuando se ríe de sí mismo. Quién no sabe reírse de sí mismo suele ser un soberbio. Por eso es fundamental el papel de los humoristas: para desenmascarar y desacralizar."
Emilio Temprano. La Vanguardia, 8-12-1999
Finalmente el humor es un antídoto contra el fanatismo que nos hace seguir ciegamente dogmas, creencias, costumbres, líderes y grupos. El ser humano se alza sobre su animalidad cuando es capaz de reírse de sí mismo y de sus propios grupos de referencia, de las ideas y creencias que se le pretenden imponer para guiar su conducta.
La persona sin sentido del humor tiende a la soberbia porque es incapaz de reirse de sí misma, de darse cuenta de sus limitaciones y errores, de desenmascarar sus conceptos cerrados y de abrirse a la búsqueda de nuevas realidades y de mejores formas de vivir. De ahí el gran papel de los humoristas como sujetos que desacralizan y desenmascaran lo que se impone socialmente como intocable.
En una época de resurgimiento de los fanatismos religiosos, políticos e ideológicos, resulta fundamental revalorar el humor y estudiar su uso didáctico para promover esa libertad de pensamiento y de sentimiento que se construye a partir de la risa. Mafalda y todos los cartones de Quino, los cartones, textos, audios y videos humorísticos de muchos artistas que promueven la risa inteligente son material didáctico muy valioso para romper estos fanatismos.
Más allá de estos materiales, el sentido del humor de los profesores y de los estudiantes pueden potenciar el proceso educativo y lograr que los niños y jóvenes vean la escuela como un espacio donde se puede aprender disfrutando.
En una entrevista publicada por La Vanguardia en 1995, el escritor Amoz Oz decía: "Nunca he visto a un fanático con sentido del humor, ni a nadie con sentido del humor que sea un fanático". Promovamos el humor en la educación para combatir todo tipo de fanatismo.
[1] Todas las citas de este artículo fueron tomadas de: http://www.amnistiacatalunya.org/edu/humor/edu/es/citas.html