Celebrando a lo grande.

Miércoles, Septiembre 16, 2020 - 11:31

Palacio de Bellas Artes

Soy poblana, Licenciada en Arquitectura y Maestra en Investigación del Patrimonio Cultural, miembro de Número de la Academia Nacional de Arquitectura, Capítulo Puebla. Restauradora de patrimonio cultural y docente

Para festejar el Centenario de la Independencia de México, hace 110 años, el presidente Porfirio Díaz decidió hacer festejos suntuosos y grandes obras para todo el país, en 1907 formó una comisión para los festejos, integrada por 5 Secretarías de Estado, promovió la creación de grupos locales con gobernadores, jefes políticos y personas influyentes. En total se reunieron más de 1500 comisiones que trabajaron con fondos federales, estatales, municipales y colectas. Estas tenían la función de proponer, gestionar, supervisar y realizar gran número de obras arquitectónicas, urbanas, escultóricas, pictóricas  y la creación de Instituciones.

Se proyectaron más de 1400 obras, pero solamente se llegaron a realizar  862 entre redes de agua potable, drenaje, pavimentos, presas, puentes, alumbrado, avenidas, calles, calzadas, carreteras, casas consistoriales, palacios federales, municipales, judiciales y legislativos, embajadas, edificios para la administración pública y militar, asilos, hospitales, manicomios, mercados, panteones, teatros, lavaderos públicos, cárceles, comisarías, casinos, estaciones meteorológicas y sismológicas, bancas, faros, quioscos, vivienda, placas conmemorativas, relojes, parques, paseos, jardines, plazas, bibliotecas, escuelas, museos y dos portales, entre otras. En Puebla se invirtieron 5 millones de pesos para proporcionar agua potable a la población con los sistemas más avanzados de la época.

La mayoría de estas obras fueron inauguradas años previos al aniversario y durante los días de festejo en septiembre de 1910 con la presencia de embajadores de varios países del mundo. Algunas de las obras más representativas de este Centenario son la Universidad Nacional de México; la Escuela Nacional de Maestros; las obras terminales del desagüe del Valle de México; el Palacio de Comunicaciones; el de Relaciones Exteriores, y el Manicomio General La Castañeda.

Además se le hicieron ampliaciones y remodelaciones al edificio de Lecumberri, al de Gobernación y al Municipal (Ayuntamiento); también se construían el Teatro Nacional (Bellas Artes) y el Palacio Legislativo (que no se concluyó y ahora es el Monumento a la Revolución), la excavación y reconstrucción de Teotihuacán, el Hemiciclo a Juárez y el Ángel de la Independencia.

El proyecto para el Nuevo Teatro Nacional fue encargado al arquitecto italiano Adamo Boari. El Presidente consideró que el Teatro Nacional, conocido como de Santa Anna, Imperial o de Vergara, (recinto en el cual se cantó por primera vez el Himno Nacional Mexicano en 1854) era insuficiente y quería que fuera un espacio comparable con las grandes óperas y teatros europeos, para lo cual, en 1904 se iniciaron los trabajos de demolición de algunas estancias del convento colonial de Santa Isabel que ocupaban el terreno del actual Palacio de Bellas Artes, con una ubicación privilegiada a un costado de la Alameda central y rodeado por las avenidas más importantes.

El 2 de abril de 1905 el presidente Porfirio Díaz colocó la primera piedra de esta majestuosa obra. La estructura del edificio fue mandada a hacer en acero a una de las compañías más reconocidas de Chicago, esa estructura fue armada y recubierta con concreto, posteriormente se colocaron placas de mármol esculpidas por algunos de los mejores artistas del mundo para formar la fachada que admiramos de Bellas Artes. El peso de este edificio es tan grande que desde que inició su construcción tuvo problemas por el tipo de suelo que hay en el centro de la ciudad de México, por lo que los trabajos se fueron retrasando y no pudo concluirse para los festejos del Centenario. La fachada que tiene un estilo ecléctico, mezclando el Neoclásico y el Art Nouveau, contiene una serie de elementos representativos de la cultura nacional como serpientes, cabezas de caballeros águila, animales como el mono, el jaguar y el coyote; también hay esculturas de alegorías como la paz, la fuerza, le juventud, la elocuencia, el trabajo, le ley entre otras y en el tímpano del acceso principal un alto relieve de la Armonía, acompañada de “el beso” y “el dolor”.

En su interior, la sala de teatro tiene una forma de cono con arcos abocinados en el escenario para tener una excelente acústica, fue decorado con un plafón de vitral que se ilumina, con las nueve musas griegas alrededor del dios Apolo, realizado por Geza Maroti, quien también hizo un mosaico en el proscenio que presenta la historia del teatro. Una de las más grandes obras de arte de nuestro país se encuentra también en esta sala y es el telón del escenario, éste es un telón rígido, anti-incendios realizado en hierro, forrado con láminas de zinc y recubierto con un mosaico de vidrio opalescente de colores representando el valle de México, con vegetación característica de la zona y al fondo el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Este telón fue realizado por la casa Tiffany de Nueva York, pesa 22 toneladas y tiene un sistema eléctrico neumático para evitar que al bajar sufra algún golpe y se dañe el mosaico.

Como se mencionó, este teatro no pudo terminarse depara los festejos de 1910, pero además al poco tiempo inició la Revolución Mexicana, lo que hizo que los trabajos fueran cada vez más lentos. En 1916 Adamo Boari abandonó el país, de 1919 a 1929 la obra fue suspendida y fue hasta 1930 cuando se retomó el proyecto, se cambió el uso del edificio para convertirlo en la sede de las artes de nuestro país, se le encomendó al arquitecto Federico Mariscal terminar la obra, utilizando ya en esta época el estilo Art Decó en los interiores continuando con la idea de representaciones nacionalistas como relieves en bronce de magueyes, nopales, mascarones de Tlaloc y Chaac. También se destinaron espacios para colocar obras de los principales muralistas mexicanos como son Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Jorge González Camarena, Roberto Montenegro y Manuel Rodríguez Lozano.

Estas obras para festejar la Independencia fueron una manera de reflejar el orgullo por los logros obtenidos como país independiente, una forma de reconocernos poderosos, con un nacionalismo creciente y con las miras puestas en lo grande; con esta frase se dio inicio a las Comisiones de los festejos de la Independencia:

“El primer centenario debe detonar el mayor avance del país con la realización de obras de positiva utilidad pública y de que no haya pueblo que no inaugure en la solemne fecha, una mejora pública de importancia”: Porfirio Díaz


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