La 4T y la insólita relación con la religión en México.

Viernes, Septiembre 4, 2020 - 15:49

Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.

Uno de los mitos persistentes de la modernidad fue que a medida que la ciencia avanzara y el ser humano empleara cada vez más la razón con la ilustración como guía, la religión iría desapareciendo de la esfera pública, hasta disiparse por completo. Esta creencia encontraba sustento en la teoría de Ciencias Políticas que afirma que desde la paz de Westfalia de 1648, el Estado-nación se fortaleció y la religión se debilitó.

 En los cuatro lustros que van del siglo XXI podemos constatar que la secularización de la sociedad es una realidad en Canadá y Europa Occidental, donde se puede hablar de sociedades Post-Cristianas, pero no es la realidad en el resto del mundo.

Cabe cuestionar sí una sociedad sin religión será realidad en algún momento, pero la respuesta parece ser negativa. 

Esto nos obliga a plantear que el estudio de la religión es algo que debe hacerse desde la academia y el gobierno para entender los movimientos políticos contemporáneos.

El planteamiento anterior viene al caso por el estado de nuestro continente norteamericano: en Estados Unidos y en México vemos a los jefes del Ejecutivo coqueteando con el voto religioso para retener el poder y al mismo tiempo vemos a las Iglesias ejerciendo su músculo en la persecución de ciertas agendas políticas. 

Podemos constatar que la presencia de la religión ha ido creciendo en la esfera pública norteamericana desde comienzo del siglo XXI. En México durante la toma de protesta presidencial en diciembre del 2000, Vicente Fox públicamente dedicó sus oraciones a la Virgen de Guadalupe y sostuvo entre sus manos un crucifijo de madera, acciones que indignaron a los miembros del PRI en el congreso por atentar contra la “laicidad de la banda presidencial” al sostener el crucifijo (Aznáres). 

Nueve meses después, el 11 de septiembre del 2001, en Estados Unidos ocurrió el ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono por parte de Musulmanes radicales que estaban movidos por sus creencias religiosas particulares. 

La religión, que parecía un anacronismo… algo que desaparecería en unas décadas, se ha vuelto más usual, público y cotidiano en la vida cultural de varios países.   

Los investigadores Bernardo Barranco y Roberto Blancarte co-escribieron el libro AMLO y la religión: El Estado laico bajo amenaza. Las observaciones de ambos investigadores ameritan tomarse en cuenta, porque la parece tener un lugar central en la política de la 4T. 

La hipótesis del libro queda clara desde el primer párrafo “Andrés Manuel López Obrador es un actor central del regreso de la religión a la vida pública de México” (Blancarte 4).

No pensemos que AMLO tiene una religión específica ya que nunca se ha declarado practicante de alguna de las denominaciones cristianas que existen en México: se identifica tanto con católicos como con cristianos evangélicos. No tiene empacho en participar en movimientos chamánicos o en enunciar alguna frase del New Age. La religión para Andrés Manuel no es una cuestión de dogma, es un instrumento práctico para identificarse con la mayoría de la población.

Blancarte y Barranco escriben que esto es común con la última camada de políticos populistas en el mundo que afirman que el poder que detentan les es dado por el pueblo. En su mayoría el pueblo es religioso y la devoción popular es usada como un instrumento de control para que el pueblo se identifique con ellos (Blancarte 11). Esto los diferencia de los políticos conservadores del pasado, que entendían a la religión como parte del orden natural del sistema cultural de su época (Blancarte 11).

De acuerdo a Barranco y Blancarte para el Presidente existe una visión maniquea del bien y el mal que puede reducirse a que “lo malo” ocurrió y se aprendió en la época neo-liberal, pero “lo bueno” está ocurriendo ahora bajo su presidencia (Blancarte 4). Lo bueno de acuerdo a esta visión se encuentra en el pasado los modelos de comportamiento a seguir en el presente. 

Lo malo incluye temas como el divorcio, culpa del sistema neo-liberal, mientras que lo bueno es algo similar a lo que él se imagina es la vida en el campo, donde predomina provincialismo y la intolerancia (Arredondo Sibaja).

No es gratuita su intención, de acuerdo a Barranco y Blancarte: AMLO percibe que la sociedad mexicana está en descomposición y cree que puede arreglarlo, trabajando con los grupos religiosos sugiriendo una cartilla moral que el Ejecutivo asume guiará a los mexicanos a comportarse de la manera que él cree es correcta y movido por una ética cristiana (Anaya). 

La creencia de AMLO en el ser humano bajo ese esquema es un tanto simplista: toma la idea de Rousseau de que el ser humano es bueno por naturaleza, y que con sólo conocer el camino correcto, escogerá el camino del bien. 

Afirmo que es simplista, porque incluso la religión cristiana tiene una teología más compleja sobre el ser humano y la atracción que siente por la impiedad desde que se cometió el pecado original. 

Tenemos un jefe de estado que mezcla la religión con la política de una manera que Barranco y Blancarte consideran peligrosa: peligra la laicidad del Estado. 

¿Por qué peligraría? El problema no es la categoría “religiones”, lo que es alarmante en este esquema es una afirmación que hace el cristianismo y sus seguidores: asevera ser la única religión verdadera (Juan 17:17, Tito 1:2, Romanos 1:21, Romanos 2:14).

La creencia descansa en la noción de que Cristo no es un maestro iluminado, sino el mismo Dios que concedió una serie de leyes que no pueden ser cuestionadas, ya que emanan de la propia divinidad. 

Eso genera un problema no sólo para el Estado, sino para los distintos grupos cristianos que existen en México. Para un cristiano evangélico los católicos están equivocados y corren el riesgo de perder su alma, mientras que los católicos afirmarían lo mismo, todo basado en una creencia compartida de que su interpretación particular del mensaje divino es la correcta. 

En ese esquema no puede haber diálogo, lo que es la base de un sistema democrático. En un esquema cristiano se da la imposición de una serie de reglas que no pueden ser cuestionadas por la fuente de la que provienen. 

México luchó la Guerra de Reforma, sufrió la intervención francesa y la Guerra de los Cristeros para afirmar que el Estado es laico, y el riesgo con la intervención de la religión en la esfera pública es que esto ya no sea así y perdamos parte de nuestras libertades y derechos porque contradicen lo que está escrito en la Biblia. 

Twitter: @Fofi5

Trabajos citados

¿AMLO qué religión profesa y qué pasa con el Estado laico? Dir. Martha Anaya. Int. Bernardo Barranco. 2020. https://www.youtube.com/watch?v=e21JuqyWEc4&t=634s.

Arredondo Sibaja, Carlos. «AMLO le declara la guerra… ¡al divorcio! Es otro de los “frutos podridos” del período neoliberal, afirma.» Vanguardia 29 de Enero de 2019. https://vanguardia.com.mx/articulo/amlo-le-declara-la-guerra-al-divorcio-es-otro-frutos-podridos-periodo-neoliberal.

Aznáres, Juan Jesús. «La oposición critica a Fox por llevar un crucifijo al jurar el cargo.» El País 6 de Diciembre de 2000. https://elpais.com/diario/2000/12/07/internacional/976143619_850215.html.

Blancarte, Barranco. Bernardo y Roberto. AMLO y la religión: El Estado laico bajo amenaza. Ciudad de México: Grijalbo, 2000.

Española, Real Academia. Religión. 2001. https://www.rae.es/drae2001/religi%C3%B3n. 4 de Septiembre de 2020.

Garzón Vallejo, Iván. «Rousseau: ¿Religión política o instrumentalización política de la religión?» 2010. Revista de Derecho, (33). http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-86972010000100009&lng=en&tlng=es. 4 de Septiembre de 2020.


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