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Crónica de un asalto frustrado | Miguel Ángel de la Rosa

Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Crónica de un asalto frustrado

Miguel Ángel de la Rosa

Político, abogado y contador público certificado. Nacido en Puebla. Como periodista ha sido colaborador en radio, televisión y periódicos locales. Como político ha sido Presidente Estatal del PRD. Funcionario en los poderes ejecutivo y legislativo federal y estatal.

 
 
 
 

Lunes, Agosto 24, 2020

Este último domingo al mediodía, tuve la necesidad de llevar a cabo una actividad estresante para mí que es el salir a comprar la comida. Lo cual me desgrada en razón de tanta gente que no cumple con las medidas de sanidad en esta pandemia, desde los que cuidan los vehículos que el cubrebocas es un adorno y se la pasan accionado su silbato el cual invariablemente va acompañado de burbujas de saliva al exterior, lo que resulta en estos momentos una causa inevitable de alejarse de ellos por seguridad de uno mismo en esta época de pandemia y mis vecinos que se sienten tan valientes al no usar cubrebocas o traerlos o de collar o diadema. Afortunadamente adentro del supermercado hay una estricta vigilancia de que todos porten correctamente el cubrebocas. Al estacionar mi vehículo en el estacionamiento que ya tiene un costo de 5 pesos, alejado de la entrada principal del supermercado que se encuentra en la prolongación Reforma y el boulevard Atlixco en la colonia La Paz.  Debido a la coincidencia de muchos vecinos que también salieron a comprar la despensa, y como el sol caía a plomo avance pegado a una barda para evitar el sol quizás por unos 40 metros. Al ir avanzado me topo de frente con un cuate desalineado, amarillento supongo por algún mal hepático que ya debe padecer por los excesos de alcohol u otras sustancias, cabello rizado, sin cubrebocas y me enfrenta con algo que parecía una navaja o cualquier instrumento punzo cortante. A 10 metros a mi alrededor no había nadie, sin embargo, a 15 metros sí, entre los que cuidan los vehículos antes mencionados, vecinos que ya se dirigían a su vehículo o la parada del transporte colectivo. Al ver sus intenciones retrocedí sin perderlo de vista para cuidar que lo que traía en su mano derecha no fuera introducirlo a mi humanidad. No me dijo nada solo nos veíamos a los ojos, yo atento porque sé que es la manera de adivinar cuáles serán sus próximos movimientos, lo he aprendido en clases que he tomado de defensa personal. El tipo tenía los ojos rojos sangre, señal del alcohol u otras sustancias ingeridas por las que estaba embrutecido. Después de retroceder unos 5 metros sin perderle la mirada inexplicablemente se detuvo y huyó. Casi nadie se dio cuenta del hecho, yo no emití sonido alguno ni él tampoco. Después de estos momentos ingresé al super y me distraje buscando los pasillos donde estaban los productos que pretendía comprar.

Solo después de terminar con ese encargo, empecé a reflexionar lo ocurrido y se me vinieron mil y un pensamientos de lo que pudo haber ocurrido y no ocurrió, desde los más importante de lo menos importante que son los bienes o efectivo que pude haber perdido, hasta lo más importante que es mi integridad física. De preocupación pase a un enojo por las estupideces que dice el que trabaja de Presidente de México, en el sentido de que los delincuentes son gente buena y roban por necesidad. Y que todo es por culpa de los gobiernos neoliberales. Y el fuchi huacala y demás sandeces. O al pleito que se traen el gobernador con la presidenta municipal de la ciudad de Puebla y que da como resultado la inseguridad que se vive en mi querida Angelópolis.

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Al final gracias Dios estoy bien y no perdí nada, soy afortunado, lamentablemente soy uno entre mil que puedo narrar lo que me ocurrió y el resultado que tuve. Los otros 999 casos o perdieron sus bienes, su salud o su vida. Ojalá algún día le ocurra algo similar al presidente de México, al gobernador o a la presidenta municipal, haber si así comprenden lo que padecemos los mexicanos y ya se ponen las pilas. O mejor se vayan por sus pésimos resultados.    

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