A PHP Error was encountered

Severity: Warning

Message: strip_tags() expects parameter 1 to be string, array given

Filename: views/seo_nota_opinion.php

Line Number: 45

Backtrace:

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/application/views/seo_nota_opinion.php
Line: 45
Function: strip_tags

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/application/controllers/Welcome.php
Line: 1246
Function: view

File: /mnt/volume_nyc3_01/html/api/index.php
Line: 315
Function: require_once

¡Es la educación, estúpido! | Juan Martín López Calva

Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¡Es la educación, estúpido!

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Domingo, Junio 14, 2020

“La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”.

Nelson Mandela.

Más artículos del autor

https://muhimu.es/inspiracional/nelson-mandela-educacion-derechos-humanos/

 

“La economía, estúpido”. En el año 1992, durante la campaña electoral de Bill Clinton hacia la presidencia de los Estados Unidos, James Carville, uno de sus estrategas acuñó esta frase como una de las tres grandes ideas-fuerza que los colaboradores del entonces candidato demócrata debían manejar como ejes del mensaje hacia los electores.

Al irse popularizando, la frase se convirtió en: “Es la economía, estúpido” y como dice la Wikipedia, su estructura ha sido utilizada para destacar muy distintos aspectos que se consideran esenciales en una propuesta de transformación política.

Siguiendo esta tendencia de uso de la frase, me atrevo en el artículo de esta semana a parafrasearla poniendo a la educación como el aspecto esencial para lograr la verdadera transformación de este país que se plantea hoy más como eslogan de una campaña electoral interminable en la que se ha convertido el ejercicio del gobierno federal que como una estrategia real y auténtica acción política y social.

Porque estoy convencido de que como afirmaba Nelson Mandela, la educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo y creo sinceramente que si bien la educación no es el único instrumento de la humanidad para lograr su realización y salvarse del caos que parece cada vez más inminente e inevitable, sin ella será imposible cualquier intento de cambio.

Veamos algunos ámbitos de la crisis humana que hoy vive el mundo y padece nuestro país que demuestran la veracidad de esta convicción:

El reciente asesinato de George Floyd, ciudadano afroamericano que fue víctima de la brutalidad policíaca en Minneapolis ha desatado una enorme ola de protestas en los Estados Unidos que llevaron a decretar el toque de queda en varias ciudades, incluyendo Whashington, la capital del país.

Este caso hizo renacer en nuestro país el reclamo en las redes sociales por el racismo que existe en México hacia las personas de rasgos indígenas o de piel morena. Un racismo que durante mucho tiempo ha permanecido oculto o silenciado por una cultura nacional que acostumbra mirar la paja en el ojo ajeno –condenando la segregación racial en otros países- y no ver la viga en el propio –fingiendo que no existe el racismo entre los mexicanos-.

Para combatir este racismo y la exclusión y discriminación social por motivos de raza, sexo, religión o clase social resulta indispensable construir un andamiaje legal que garantice la igualdad de derechos para todos, políticas públicas e instituciones que promuevan la inclusión y sancionen cualquier tipo de maltrato entre personas

 

y construir un verdadero estado de derecho en el que estas leyes y políticas públicas se apliquen de manera eficaz y equitativa.

Sin embargo, siendo condiciones necesarias, todas las cuestiones anteriores no son suficientes para construir una sociedad verdaderamente incluyente y equitativa se requiere formar a los niños y jóvenes en una visión de ciudadanía democrática basada en la igualdad de los derechos de todos y el respeto a la diversidad.

Como dice el mismo Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar…” y esta es una muestra de que el verdadero meollo de la cuestión está en la educación.

En esta semana estamos viviendo en México el enésimo “pico de la curva” de contagios y fallecimientos derivados de la enfermedad producida por el coronavirus llamado popularmente COVID-19.

Aunque es evidente el mensaje contradictorio que están enviando desde el gobierno federal respecto a las medidas que hay que tomar para que esta crisis pueda revertirse –los casos aumentan y se da por terminada la “jornada nacional de sana distancia”, López Gatell indica quedarse en casa y López Obrador invita a todos a salir-resulta también muy claro que la responsabilidad de que la crisis continúe y no se vea el final de la contingencia no es principalmente de las autoridades sino de muchos millones de personas que no han hecho caso de las indicaciones para quedarse en casa y para observar medidas de prevención cuando tienen necesidad de salir.

Las autoridades podrían imponer restricciones severas y sanciones muy duras para quienes no sigan los protocolos de prevención pero la situación seguiría sin mejorar mientras no haya una conciencia clara en la ciudadanía de la gravedad de esta enfemedad y de la responsabilidad que tenemos todos de cuidarnos y cuidar de los demás. Se trata nuevamente de un caso en el que la solución está en la formación de ciudadanos solidarios y corresponsables de la situación de salud de toda la sociedad. Se trata de un desafío fundamentalmente educativo.

Un tercer ejemplo ilustrativo entre muchos otros está en la enorme y creciente polarización social y política que vivimos hoy en nuestro país. Conforme se va viendo más cerca en el horizonte el escenario de las elecciones intermedias del 2021, tanto el gobierno como la oposición intensifican los discursos simplificadores, maniqueístas e interesados que plantean la división entre buenos y malos, liberales y conservadores, “comunistas” y demócratas, activando a sus seguidores reales y bots para atizar el fuego de la separación y la confrontación.

Mientras el país se encuentra sumergido en la crisis de salud más severa en un siglo y en una crisis económica que durará mucho tiempo y generará varios millones de pobres más en un país donde cerca de la mitad de la población antes de la pandemia ya estaba en situación de pobreza de algún tipo, los políticos y sus seguidores se centran en la batalla por los votos y las clientelas. La salida a esta degeneración de la política tampoco está solamente en leyes, sanciones o prohibiciones sino en la formación de los ciudadanos que necesita una democracia.

Estos son tres ámbitos de la crisis social entre muchos otros que hacen evidente la necesidad de una verdadera apuesta por la educación para la transformación del país. Una apuesta que sigue pendiente en este país en el que el sistema educativo ha sido instrumentalizado como un medio para el acceso y la conservación del poder y no como el motor del cambio que necesitamos.

Hoy más que nunca: “¡Es la educación, estúpido!

Vistas: 1266
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs