“A medida que vamos adaptando nuestro trabajo a esta nueva realidad, nosotros reconocemos además que gran parte del logro en esta situación y de la mitigación de los impactos negativos en los estudiantes dependerá de la forma en que apoyemos a los padres de familia. Los padres son los primeros profesores de los niños y son además ahora más que nunca, los más críticos aliados de las escuelas”.
Brenda Cassellius. Boston Public Schools adapt to distance learning. En Boston Globe.
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https://www.bostonglobe.com/2020/04/18/opinion/boston-public-schools-adapt-distance-learning/
(Traducción directa propia)
La situación de contingencia por la pandemia de COVID-19 con el cierre de las escuelas pone nuevamente sobre el escenario la necesidad de replantear el pacto de colaboración entre los padres de familia y los maestros, entre la familia y la escuela.
Hace tiempo que la relación se empezó a romper y ese pacto basado en la confianza absoluta en la que los padres llevaban a sus hijos a la escuela y asumían que los maestros realizaban una labor muy valiosa por lo que había que apoyar absolutamente todo lo que el docente hiciera en el aula y reforzarlo desde casa, se convirtió en una relación de competencia y recelo o bien de subordinación de los profesores.
Por una parte, la demanda creciente del mercado laboral y la necesidad de trabajar de papás y mamás empezó a dejar tiempos muy escasos para la participación en la educación de los hijos –la conversación sobre el aprendizaje y la experiencia escolar, el acompañamiento y revisión de tareas, la revisión de las calificaciones en casa, etc.- y produjo en muchos casos que la familia se desentendiera totalmente del proceso de educación formal de los hijos y lo dejara totalmente en manos de la escuela.
Desde otro ángulo, la paulatina pérdida de estatus del profesorado y la necesidad sentida de compensar esta poca participación en la vida escolar de los hijos convirtió la escasa interacción entre padres y maestros en espacio de reclamo –en una supuesta defensa de lo que los hijos planteaban como injusticias o abusos del profesor- y de desconfianza mutua.
A estos factores se añadió la progresiva mercadización de la educación producto del auge de la sociedad de mercado globalizado que hizo que como afirma Bruner -quien ha estudiado este fenómeno en latinoamérica- la educación se convirtiera en una mercancía más, en un servicio que se vende y que tiene que concebirse, operarse y evaluarse en términos de proceso-producto-calidad-satisfacción del cliente.
De esta visión deriva, sobre todo en las escuelas privadas pero también en las públicas, la idea de que la familia está comprando un servicio al inscribir a sus hijos en la escuela y al estarlo pagando –con sus colegiaturas o sus impuestos- el docente es una especie de empleado que tiene que rendirle cuentas y está subordinado a sus exigencias.
El periodista y conferencista catalán Carles Capdevilla, especializado en temas educativos, decía con razón “…Para mí, un padre o una madre que critica a su maestro es como el aficionado que silba a su propio portero”. Pero la realidad es que la relación entre padres y maestros en gran parte del mundo se convirtió en un continuo abucheo al portero de nuestro propio equipo.
Sin embargo la situación de contingencia que ha obligado a cerrar las escuelas y a que los estudiantes sigan su proceso de aprendizaje desde casa –al parecer así será el resto del presente ciclo escolar o al menos la mayor parte del tiempo que resta en el calendario-, lo que ha cambiado radicalmente las condiciones de esta relación.
La necesidad de tener a los hijos en casa todo el día y participar acompañando y ayudando en las clases virtuales, el estudio en línea o las actividades de aprendizaje escolar a distancia está haciendo que los papás se involucren nuevamente en el trabajo educativo cotidiano de sus hijos y ojalá logre también –he leído y escuchado comentarios que así lo indican- que se vuelva a valorar el trabajo profesional de los docentes y la relevancia social de su actividad.
Por otra parte, los profesores también tienen hoy la necesidad de reconocer la importancia de la colaboración de los padres de familia para lograr los objetivos de aprendizaje y salvar el ciclo escolar y como dice el artículo de Brenda Caselluis, superintendente de las escuelas públicas de Boston en Estados Unidos del que tomo el epígrafe para hoy, el éxito de esta tarea dependerá de la forma en que los profesores apoyen a los padres de familia que son los primeros maestros de los niños y los aliados más críticos de las escuelas.
La autora plantea en el artículo cuatro útiles consejos que ella ha aprendido como madre soltera por diez años y que podrían ayudar a los padres y maestros a colaborar en esta situación de contingencia.
En primer lugar, darse un poco de holgura y de margen para equivocarse. Estos son tiempos sin precedentes y no podemos esperar hacerlo todo a la perfección. Recordando la regla de las mascarillas de oxígeno de los aviones que deben colocarse primero los adultos para después ayudar a los niños, primero tendremos que cuidarnos a nosotros para poder cuidar a nuestros hijos y ser pacientes con nosotros mismos y con ellos.
El segundo consejo es hacer el máximo esfuerzo en establecer una rutina de trabajo, convivencia, recreación y descanso para los niños y los adultos. Crear un horario diario que tenga un inicio y un fin de actividades hará que cumplan con sus tareas escolares y que tengan además la consistencia que necesitan para formarse una disciplina personal.
El tercer tip es mantener el contacto con el profesor o profesora de tus hijos. Es muy importante este contacto para poder entender la mejor manera de apoyar desde casa los objetivos de aprendizaje y formación que están establecidos por la escuela y tienen que trabajarse ahora desde casa.
Finalmente dice esta maestra, no olvidarnos de disfrutar el proceso. Durante todos sus años de experiencia como maestra frente a grupo, directora escolar y funcionaria educativa, ella ha podido comprobar que los niños son increíblemente resilientes y plenos de recursos para su desarrollo, por lo que ellos pueden enseñarnos a vivir el momento, mantener la curiosidad y encontrar y celebrar los momentos del proceso de aprendizaje que nos proporcionan alegría y gusto.
“Trabajar juntos –padres de familia, educadores y estudiantes- puede no sólo mitigar la disrupción ocasionada por la pandemia…” en todos los actores de la educación sino que puede además ser una fuente de aprendizaje.
Coincido con Casellius en que nos encontramos ante una gran oportunidad de crear nuevas formas de resolver equitativamente las necesidades de formación de nuestros estudiantes y creo que esto tiene en la renovación del pacto de colaboración entre las familias y las escuelas –los profesores centralmente- uno de sus medios más efectivos y necesarios. Ojalá podamos reconstruir este pacto.