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OPINIÓN

El COVID-19 y el pensamiento mitológico

El miedo colectivo se ha ido propagando con mayor velocidad.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Domingo, Marzo 15, 2020

“Sería un grave error pues, creer (y sin duda sería esto una creencia mítica) que el mito ha sido expulsado por la racionalidad moderna…”

Edgar Morin, Método III: El conocimiento del conocimiento, p. 183.

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “La COVID-19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente…” Esta definición y mucha información valiosa sobre la nueva enfermedad que ha llegado a ser declarada como la primera pandemia mundial del siglo veintiuno por la misma organización, puede consultarse en la siguiente liga: https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses

Como es bien sabido, el nuevo virus –existen muchos tipos distintos de coronavirus y este es el que sea descubierto más recientemente- y la enfermedad que produce no eran conocidos hasta que estalló un brote de infección en Wuhan, China en diciembre del año pasado.

Muchos analistas han señalado que las autoridades de ese país no tomaron las medidas necesarias para controlar este brote a tiempo hasta que el contagio se había extendido por varias ciudades y enfermado a miles de personas, por lo que hubo que cerrar prácticamente poblaciones enteras para poder combatir su difusión.

Sin embargo en un mundo globalizado donde hay un enorme tránsito cotidiano de personas entre los distintos países, no pudo evitarse que el virus se fuera exportando a otras regiones del planeta siendo Europa el segundo continente más afectado hasta llegar a situaciones de estado de emergencia que tienen paralizada toda Italia y han obligado a tomar fuertes medidas restrictivas para prevención en otros países como Alemania y durante este fin de semana también España.

En nuestro continente el virus también ha ido extendiéndose y los gobiernos han ido reaccionando con distintos niveles de rapidez y exigencia para la ciudadanía. En presidente Trump ha declarado en días pasados el estado de emergencia en los Estados Unidos y cancelado todos los vuelos de Europa hacia ese país.

El gobierno mexicano ha establecido un mecanismo de información y seguimiento a través del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el Hugo López-Gatell Ramírez, quien es doctor en Epidemiología. La reacción y la estrategia de nuestras autoridades federales no ha estado exenta de polémica, pero la información oficial es que hasta ahora se han confirmado 41 casos y se tienen 155 casos sospechosos.

Hasta el día de hoy, 14 de marzo que es cuando escribo este artículo, la estrategia sigue en la fase 1 en la que prácticamente se mantienen las actividades normales pero se han empezado ya a tomar medidas respecto a la cancelación de actividades que congreguen a grandes cantidades de personas –como los conciertos masivos o los partidos de liga del fútbol- y se acaba de emitir un comunicado oficial de la Secretaría de Educación Pública federal que anuncia que se adelantan y extienden las vacaciones de Semana Santa para todas las escuelas del país que durarán del 20 de marzo al 20 de abril, período en el que se considera, según cálculos con proyecciones matemáticas realizados por científicos de la UNAM, habrá el mayor incremento de posibilidades de contagio del virus.

A pesar de los llamados a la calma y a mantenerse informados en fuentes oficiales, el miedo colectivo se ha ido propagando con mayor velocidad incluso que el virus y ha empezado a manifestarse en una amplia gama de expresiones y comportamientos que responden más al mito que a una reacción racional frente a esta amenaza a la salud pública.

Como afirma el pensador francés Edgar Morin, “la magia interviene en cualquier parte que haya deseo, temor, posibilidad, riesgo, alea…” (p. 178 del libro citado en el epígrafe). Subrayo de esta cita las palabras, temor, riesgo y alea que son las que están generando estas reacciones irracionales frente al fenómeno del llamado popularmente, coronavirus.

Como afirma este autor, sería una reacción mítica pensar que el mito ha sido expulsado de la racionalidad moderna o que el pensamiento mitológico corresponde únicamente a las antiguas comunidades humanas que vivieron en un pasado caduco ya superado.

El pensamiento humano está compuesto estructuralmente de mythos y logos y ambos tipos de pensamiento son inherentes al funcionamiento de la mente y el lenguaje humanos.

Frente al alea o azar que por definición es impredecible e incontrolable, el pensamiento mitológico tiende a elaborar historias fantasiosas que buscan explicar lo inexplicable. El surgimiento de un nuevo virus y una nueva enfermedad es parte de lo aleatorio o azaroso de la vida, del mundo biológico del que somos parte. Pero los humanos nos negamos a aceptar que existan elementos no predecibles o controlables y frente al COVID-19 uno puede escuchar en conversaciones y leer en las redes sociales toda clase de elaboradas historias que parten de una teoría de la conspiración y plantean que el virus fue creado y difundido intencionadamente por una especie de grupo secreto y perverso que persigue fines de control económico o político.

Contra el miedo y el peligro el pensamiento mitológico busca dar seguridad y confianza, construir algún asidero del cual sostenerse. Para algunos esta respuesta de seguridad ha estado en las compras de pánico que rayan en lo absurdo como es el caso de la demanda exagerada de papel higiénico para una enfermedad que afecta las vías respiratorias.

¿Cuál es el papel de la educación en la formación de personas capaces de enfrentar las incertidumbres y los riesgos del mundo?

En primer lugar se trata de aceptar que la mente humana funciona en estas dos vías del pensamiento racional y mitológico que tienen la misma fuente y son generadoras de distintos tipos de explicación de la realidad, evitando caer en la creencia mítica que ve al mito como algo superado.

En segundo término, la educación debe formar a los futuros ciudadanos con la capacidad de distinguir ambos tipos de pensamiento y  de diferenciar su estructura y sus fines para evitar que confundan los productos del mito con las explicaciones científicas y racionales y se dejen llevar por expresiones fantasiosas en lugar de actuar de manera objetiva y equilibrada.

Finalmente, considero importante también que la educación desarrolle la capacidad de expresar el pensamiento mitológico a través de la imaginación, la narrativa y las manifestaciones literarias y artísticas que pueden hacer más llevaderas las situaciones aleatorias que producen miedo o preocupación generalizada.

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