“La comunidad desarrolla el egoísmo de grupo respecto a los otros grupos o seres. Así, por todas partes, las solidaridades contribuyen a la hostilidad y al antagonismo”.
Edgar Morin. Método II: La vida de la vida, p. 41.
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Si todo salió bien –y espero sinceramente que todo haya salido muy bien- el día de hoy nuestro México va a experimentar lo que significa organizar un día de actividades domésticas, escolares, universitarias, laborales, empresariales, comerciales, mediáticas, etc. sin la participación de las mujeres.
Seguramente esto nos hará conscientes del enorme caos que implica prescindir de la gigantesca contribución del género femenino en nuestra vida cotidiana y de las desastrosas consecuencias que tendría para la economía, la política, la cultura, la educación y las actividades prácticas el hecho de no contar con las mujeres.
Por lo que se veía venir en las semanas previas, esta convocatoria va a marcar un momento histórico para nuestra sociedad que será recordado en los años y en las décadas venideras como un punto de inflexión en la lucha por erradicar la violencia de género que cobra en promedio la vida de diez mujeres –en muchos casos adolescentes o niñas- cada día.
En efecto, aunque haya personas que digan que un día sin mujeres no va a arreglar nada en un país en el que la corrupción y la impunidad hacen que menos del cinco por ciento de los crímenes se aclaren y tengan como resultado la impartición de justicia, este paro nacional es un acto simbólico que enviará un poderoso mensaje a las generaciones presentes y futuras que no podrán ver de la misma manera la situación de acoso, abuso y violencia que sufren las mujeres de este país, ni podrán seguir normalizando los feminicidios como si fuesen simplemente parte de las estadísticas del crimen cotidiano.
La convocatoria tiene este objetivo central que es un grito silencioso, una presencia en la ausencia en contra de la violencia que está matando a miles de mujeres diariamente. En el momento en que escribo estas líneas veo en los noticiarios que justamente hoy, en el Día Internacional de la Mujer ocurrieron tres feminicidios más en nuestro país.
La manifestación en contra de la violencia y la muerte de las mujeres por el hecho de ser mujeres surgió de la convocatoria de un grupo específico de mujeres activistas del estado de Veracruz llamado Las brujas del mar y fue convirtiéndose rápidamente en tendencia en las redes sociales y en los medios de comunicación hasta alcanzar una dimensión muy importante en todo el país.
Se trata de una iniciativa que busca despertar la solidaridad social y especialmente la sororidad –la hermandad y apoyo de las mujeres- para unirse y decir ¡Basta ya! ¡Alto a las agresiones y a los feminicidios en el país!
Este objetivo se logró en gran medida pero como afirma Morin en la cita que sirve de epígrafe al artículo de hoy, la comunidad desarrolla un egoísmo grupal respecto a otros grupos distintos y por ello las solidaridades –y las sororidades- contribuyen a la hostilidad y al antagonismo entre diversos sectores.
La primera reacción de hostilidad y antagonismo surgió naturalmente de los hombres, que habiendo sido formados en una cultura patriarcal y machista manifestaron en un número importante de casos un rechazo a este paro nacional con el argumento de que los hombres también son asesinados –omitiendo que no lo son por el hecho de ser hombres como es el caso de las mujeres- y planteando que esta iniciativa era una especie de guerra contra los varones.
Pero entre las mismas mujeres hubo también grupos que manifestaron hostilidad y rechazo. Como los extremos se tocan, hubo manifestaciones promoviendo el boicot a esta iniciativa del lado de los sectores “puros” de ambos extremos del espectro ideológico.
De manera que entre los grupos de extrema derecha se difundió la versión de que apoyar este paro era unirse y “hacerle el caldo gordo” a los grupos abortistas y feministas radicales mientras que entre las y los radicales de izquierda se planteó que los grupos que no han destacado por su apoyo a la causa feminista –los llamados “conservadores”- no tenían derecho a unirse a esta expresión de reclamo social si antes no suscribían toda la agenda de demandas históricas del feminismo.
Hubo además otra reacción que vino del presidente López Obrador y sus seguidores del sector duro de sus bases que consideraron que este movimiento fue creado artificialmente para intentar desestabilizar al gobierno federal y poner en riesgo la llamada “cuarta transformación” del país.
Todos estos egoísmos grupales impidieron a mucha gente –a muchas mujeres que podrían haber participado- entender que la unión frente a un objetivo de carácter urgente como es el de parar la violencia contra las mujeres no implica ni exige coincidir en todo lo demás, ni pensar de la misma forma respecto a todos los temas sociales y mucho menos tener la misma visión y conceptualización acerca de la lucha por la equidad de género.
Pero a pesar de estas fuentes de hostilidad y antagonismo con el paro nacional de hoy, el éxito de esta convocatoria es una lección de educación para la democracia muy significativa para las nuevas generaciones de mexicanos. Como afirma el mismo Morin –en la p. 219 del libro ya citado-, “la democracia constituye la unión de la unión y la desunión…” y hoy las mujeres, una importante mayoría de las mujeres de este país están demostrando un auténtico espíritu democrático al entender que la lucha contra la violencia en contra de las mujeres es una causa de emergencia que puede y debe unir a todas –y a todos- independientemente de que en otros temas se pueda seguir debatiendo y manifestando desunión.
De modo que hoy nos toca a todos los hombres escuchar el mensaje y tratar de aprender para esforzarnos en reconstruir nuestra manera de entender las relaciones de género y la convivencia que de esta comprensión sesgada se deriva. Hoy nos toca abrir nuestras mentes y nuestros corazones para intentar comprender el profundo dolor y la justa indignación que expresa este movimiento para intentar regenerar nuestra cultura machista y convertirla en una cultura de equidad y colaboración.
Si todo salió bien –y ojalá que haya salido extraordinariamente bien-, México no será el mismo después de hoy.