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Opinión



Las universidades “patito” y la inequidad social

Lunes, Febrero 3, 2020 - 09:45
 
 
   

El sistema educativo contribuye a mantener las brechas entre sectores privilegiados y desfavorecidos

“Estamos elaborando, lograr poner un alto a las universidades patito, porque muchísimos jóvenes invierten sus ahorros, esfuerzo, esperanza en un estudio universitario pensando en que están en una buena universidad y ésta no cubre los mínimos estándares. Entonces, una de las cosas que queremos es certificar cuando una persona entra a la universidad está entrando a una institución que le va a dar lo que promete”.

Esteban Moctezuma Barragán. Secretario de Educación Pública.

 

La educación es parte del sistema injusto y desigual que desafortunadamente sigue imperando en nuestro país a pesar de los cambios de rostros, nombres y colores en los gobiernos municipales, estatales y federal.

Las investigaciones muestran que a pesar de que el sistema educativo debería ser un mecanismo de movilidad social, no solamente no está logrando este objetivo sino que contribuye a mantener e incluso a profundizar las brechas entre los sectores privilegiados y los desfavorecidos.

Si ponemos atención en un elemento tan básico como el acceso y la permanencia en el sistema, vemos cómo la situación socioeconómica aunada a la incapacidad de la escuela para brindar una formación significativa para la vida hacen que muchos niños y jóvenes se queden sin tener la oportunidad de ingresar a las instituciones educativas y un número muy importante de ellos vayan abandonando la educación formal durante el trayecto.

Cuando enfocamos la mirada a la educación superior, podemos ver que según datos del 2018 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de cada cien alumnos que inician su educación primaria solamente veintiuno logran terminar la universidad (uno de cada cinco), cuatro estudian una maestría y sólo uno alcanza el grado de doctor.

Esta inequidad en el acceso y permanencia implica un reto monumental para un gobierno que propuso legislar la obligatoriedad de la educación superior en la reforma constitucional en materia educativa de este sexenio, que fue aprobada por el partido en el poder y sus partidos coaligados.

Porque la realidad de la oferta universitaria en las últimas décadas muestra que el sistema de universidades e instituciones de educación superior de financiamiento público no ha logrado tener los espacios suficientes para admitir a todos los estudiantes que logran terminar el bachillerato, por lo que hay un amplio porcentaje de estudiantes que acceden a estudiar el nivel de licenciatura en las universidades privadas. Según algunas fuentes este porcentaje de cobertura de las IES privadas es de casi un tercio del total de la población universitaria.

El espectro de estas instituciones privadas es muy amplio en su tipología, tamaño, orientación filosófica y pedagógica, seriedad y calidad.

En el conjunto de la educación superior privada existen desde universidades e institutos tecnológicos con una amplia historia, trayectoria y prestigio, que ofrecen programas de grado y posgrado de excelente calidad, realizan investigación en las distintas áreas del saber y cuentan con programas consistentes de difusión y extensión de la cultura, hasta pequeñas escuelas que se autodenominan universidades pero que no cumplen con los mínimos estándares de calidad en su oferta educativa y muchas veces son básicamente negocios.

Se trata de las llamadas “universidades patito” o técnicamente denominadas universidades de absorción de demanda según la clasificación que hace Levy en la que caracteriza a este tipo de instituciones como “verdaderas fábricas de títulos” que “actúan en el mercado únicamente con fines de lucro…y…ofrecen carreras de importante demanda a bajos costos…” Según esta caracterización, en estas instituciones “…no existe un control académico de la enseñanza o existe poca preocupación por valorar la preparación y la calificación del campo docente”[1].

Analizando el fenómeno de estas universidades en el país desde la perspectiva de la inequidad social predominante, podemos ver implican una doble injusticia del sistema hacia los sectores menos favorecidos económicamente puesto que las instituciones públicas y las instituciones privadas –de élite y confesionales según la misma clasificación de Levy- reciben en sus aulas en su mayor porcentaje a los jóvenes provenientes de los sectores sociales privilegiados que han recibido una mejor formación en el nivel básico y medio superior y por ello pueden aprobar los exámenes de admisión y en el caso de las privadas, tienen los recursos para pagar las altas colegiaturas.

Sin embargo, los jóvenes que provienen de los sectores socioeconómicos más pobres muchas veces no logran acceder a las universidades públicas porque recibieron una formación más deficiente en las etapas anteriores y no logran aprobar los requisitos académicos de ingreso y se quedan también fuera de las universidades privadas de calidad porque no cuentan con los recursos para pagarlas y las becas que estas instituciones ofrecen son limitadas en número y porcentaje.

De manera que los jóvenes que han sido excluidos de una formación básica y media superior de calidad vuelven a ser excluidos en el nivel superior y si quieren tener un título universitario tienen que hacer grandes sacrificios para pagar una universidad de absorción de demanda que tiene colegiaturas mucho más baratas pero también ofrece una formación muy deficiente, lo que los coloca también en el umbral de una tercera exclusión que es la del acceso a un buen empleo al egresar.

En este contexto, la reciente declaración del Secretario de Educación Pública respecto al establecimiento de controles para las llamadas “universidades patito”, realizada en el marco del proyecto de la nueva Ley de Educación Superior que se dice quedará pronto elaborada y aprobada, resulta esperanzadora.

Porque resulta de estricta justicia que la autoridad educativa revise y sancione a las universidades para que cumplan con los estándares mínimos de calidad necesarios en el nivel superior y para que le den a los jóvenes que ingresan lo que les prometen.

Este reto no es menor, según lo dijo el mismo secretario Moctezuma, porque actualmente hay una matrícula cercana a los cuatro millones de estudiantes en programas escolarizados y de más de seiscientos cuarenta mil en programas no escolarizados en universidades que caen en esta tipología, “sin considerar el posgrado”.

[1] Tomado de: La calidad de las instituciones de educación superior privadas en Zacatecas, de Beatriz Herrera Guzmán. En:  http://www.eumed.net/tesis-doctorales/2013/bhg/levy-tres-olas-crecimiento-privado.html


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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