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Opinión



El reto de desburocratizar el trabajo docente

Lunes, Enero 20, 2020 - 08:32
 
 
   

Va mucho más allá de la reducción de la carga administrativa.

El Acuerdo 19/03/2019 impulsará la simplificación en la boleta de evaluación expresando sólo números, salvo en Educación Preescolar. El secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, ha señalado que habrá una amplia reducción de carga administrativa que tiene que ver con la simplificación de la evaluación a alumnos en Educación Básica, el regreso de la evaluación numérica y la no evaluación de los clubes, ya que habrá un trabajo directo con los padres de familia, sin tener que entregar un reporte para la SEP.

El investigador educativo estadounidense Andy Hargreaves en su libro Profesorado, cultura y posmodernidad a analizó desde finales del siglo pasado un fenómeno propio de la modernización de las organizaciones en el contexto del capitalismo que en el caso de los docentes se manifestó en lo que él llama la “intensificación del trabajo de los profesores”-

La intensificación consiste según este estudio, en un proceso por el cual se va colonizando y controlando la actividad profesional de los educadores desde la lógica de una administración científica de las escuelas y universidades, lo que produce una progresiva burocratización de las actividades de los maestros que va paulatinamente disminuyendo el espacio de acción pedagógica que debería ser el centro de la vida escolar.

Este proceso se fue produciendo en todo el mundo, de manera que se  ha ido multiplicando el número y la intensidad de las exigencias administrativas que tienen que cumplir los profesores en la vida cotidiana: formatos de planeación de curso y de clase, reportes de avances programáticos, instrumentos y rúbricas de evaluación de los estudiantes, procesos de autoevaluación docente, llenado de actas o boletas de calificaciones, etc.

De manera que los profesores en los tiempos modernos viven presionados por cumplir con todos estos requisitos burocráticos y no tienen ya el tiempo suficiente para pensar, instrumentar, acompañar, reflexionar y transformar su propia práctica educativa para lograr una formación integral más significativa en sus estudiantes.

El marco en el que se va produciendo la intensificación del trabajo docente tiene como uno de sus elementos centrales la pérdida de confianza en las personas, en los profesionales de la educación y la sustitución de este elemento fundamental por la confianza en los procesos y los resultados observables y medibles.

Esta tendencia ha ido convirtiendo a las instituciones educativas en lo que Edgar Morin llama Organizaciones de baja complejidad, es decir, organizaciones altamente centralizadas, con estructuras piramidales en las que todo se decide de manera vertical, con un excesivo énfasis en el control y la medición de resultados y consecuentemente con muy poca participación de los profesores y una nula apertura a la creatividad de la comunidad educativa que conforma la institución. Desafortunadamente esta tendencia persiste en un enorme porcentaje de las instituciones educativas del mundo y de nuestro país.

Es por ello que resultan esperanzadoras las declaraciones del Secretario de Educación Pública Federal, Esteban Moctezuma Barragán en el sentido de que en su gestión se va a reducir de manera significativa la carga administrativa para los profesores.

Esta reducción tiene que ver sobre todo, según lo expresado por el secretario, con la simplificación de la evaluación a los alumnos y con la instrumentación del SIGED (Sistema de Información y Gestión Educativa) que unificará la información de todos los procesos administrativos de los estudiantes a nivel nacional.

En principio estas son buenas noticias porque es de suponerse que si esta reducción de las exigencias burocráticas para los profesores se logra concretar en la realidad, los educadores tendrán más tiempo para dedicarse a su labor formativa con los estudiantes y si como se ha pregonado, la reforma educativa se centra en brindar formación a los docentes, habrá mucho mejores condiciones para lograr una formación de calidad y equidad para los futuros ciudadanos de este país.

Sin embargo esta no será una tarea fácil de lograr. Para lograr lo que Hargreaves llama la Reestructuración de la educación, se tienen que conjugar muchos elementos que van desde la superación de la colegialidad artificial obligatoria para construir una auténtica colaboración entre educadores hasta el cambio de la cultura educativa vigente que pasa necesariamente también por el cambio de las estructuras del sistema educativo.

Este proceso de cambio tiene que recuperar la confianza en las personas, en los profesionales de la educación y construir una colaboración real que no sea, como señala el mismo autor en colaboración con Michael Fullan, una colaboración cómo da y complaciente, conformista, artificial o meramente cooptativa sino creativa, libre, flexible y basada en una visión compartida y en la convicción de que el proceso de cambio no acaba nunca sino que se trata de un camino de búsqueda compartida para la mejora continua.

En el caso mexicano este desafío de la reestructuración va mucho más allá de la reducción de la carga administrativa y la implantación de sistemas ágiles de información porque requiere de un trabajo eficaz para desmontar una estructura altamente burocratizada de la SEP en todos sus niveles que más bien parece haberse reforzado con la reforma educativa centralizadora de este sexenio y tiene también que pasar por la construcción de una nueva y totalmente distinta cultura educativa que tiene que darse en el cambio de las mentes de los profesores, directores, asesores técnico pedagógicos, supervisores y demás autoridades educativas al mismo tiempo que se produce en las instituciones que conforman nuestro sistema educativo nacional.

Ojalá se avance en esa dirección.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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