Profesor de la UDLAP
Termina el primer año del gobierno de López Obrador. ¿Ha cambiado el país? ¿Realmente estamos ante un nuevo régimen, ante una Cuarta Transformación? ¿Vamos en el rumbo de un cambio radical?
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Un cambio de régimen es un cambio en las instituciones, en las reglas que estructuran las acciones de los políticos. ¿Ha habido un cambio institucional en el país durante este año? Sí parece haber una tendencia: a subordinar las instituciones al poder ejecutivo, a la figura del presidente.
Todo indica que al nuevo gobierno no le gustan las autonomías. Acabó con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa. Ha subordinado a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Ha enviado señales de querer controlar al Instituto Nacional Electoral.
La pregunta presente en estos cambios es que tanto son un regreso al priismo del siglo pasado, donde el poder político se concentraba en el presidente de la república. López Obrador ha señalado que los males del país iniciaron en 1982. Estos cambios institucionales, esta desaparición o merma de las autonomías, ¿es un intento de regresar a esas épocas?
Paralelamente tenemos un fortalecimiento mediático de la figura del presidente. Estamos frente al presidente más protagónico en la historia del país, y quizá del mundo. En parte recuerda al viejo régimen, por la concentración del poder. Pero en parte lo niega: los presidentes mexicanos hasta 1970 fueron más bien discretos en el uso de la palabra. Echeverría y López Portillo no lo fueron, pero su protagonismo es nada frente al de López Obrador.
El gobierno actual parece apostar a los cambios simbólicos: andar en Jetta, dejar Los Pinos, quitar a los expresidentes sus millonarias pensiones, eliminar al Estado Mayor Presidencial. Cambios aceptados porque apuntan a corregir los excesos de gobiernos anteriores. Pero que no generan bienes públicos, salvo el aumento en la popularidad del presidente.
Los gobiernos se valoran por sus resultados. Y el primer año de este gobierno no ha sido bueno. No ha disminuido el problema de la inseguridad, el más grave que tiene el país. No ha logrado que la economía crezca, y sin ese crecimiento el combate a la pobreza, otro de nuestros grandes problemas, se quedará en retórica.
Por el bien de todos, es de esperar que los logros del segundo año sean mejores. Y que la tendencia de cambio no vaya a hacia un régimen que dejó mucho que desear y que costó mucho esfuerzo superar.