Claudia Rivera Vivanco es economista, tiene 35 años y un mundo de sueños con la presidencia municipal de Puebla sobre su espalda. No es la primera mujer en tal cargo, pero eso resulta secundario.
Ha presentado a su equipo de trabajo en el que predominan los jóvenes. Buen signo, de entrada. Contrasta con el gabinete en ciernes de López Obrador, en el que se privilegia la experiencia y la edad.
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No hay pecado en ello. Son estilos. Acaso en teoría una fórmula con buenos augurios es la que combina juventud y edad. La primera porque tiene el vigor e ímpetu para emprender, innovar y crear. La segunda, sin estar exenta de lo primero, porque tiene mapa en los pies, camino recorrido que puede evitar improvisaciones y tropiezos.
Se han visto y escuchado comentarios diversos sobre el grupo de trabajo de Claudia. De todos los colores y sabores. Me parece que lo prudente sería dejarla trabajar. Observar propósitos y acciones, cotejar las palabras con los hechos e ir midiendo resultados.
Sus colaboradores se caracterizan, en general, por poseer uno o varios grados académicos. Eso está muy bien. La preparación nunca debe desdeñarse, hoy la vida y toda actividad exige herramientas en proporción a los retos.
Sin embargo, eso apenas es la mitad de lo que se va juzgar de un servidor público. Los títulos universitarios son algo así como el pase de acceso a una responsabilidad encomendada.
Mal procede quien los hace valer como si fueran un “ábrete sésamo”, o como sinónimo de sabiduría absoluta. La erudición, en todo caso, no es sabiduría. El aula y la academia dan el conocimiento, el cargo o función a desempeñar los pone a prueba.
Son dos mundos que, en un equipo de gobierno, deben ir estrechamente ligados.
Van a trabajar para la gente, la sociedad es el patrón y jefe. Y están a la vista de todos, como en una caja de cristal.
Importa, sí, el antecedente del gobierno al que sucede esta autoridad. De entrada, al nuevo equipo se le va a comparar con los que salen, aunque el cotejo no guarda simetría.
Luis Bank encabezó un gobierno con amplio apoyo del gobierno estatal, puesto que la estrategia primera y última era retener la capital del estado y ser la cabeza de playa del gobierno de la esposa de Moreno Valle.
Doña Claudia entra en un clima de incertidumbre respecto del gobierno estatal y esa no es una manera rebosante de optimismo para empezar.
Como herencia recibe también un clima ominoso de inseguridad. Los índices de la delincuencia van en ascenso prácticamente en todos los rubros y esto le agrega una presión mayor a su encomienda.
Por esta razón, sería muy provechoso y justo, para ella y los gobernados, poner en claro dónde estamos ahora. Un ejercicio de comunicación que exponga y explique en qué condiciones estamos y respecto de esto qué se propone hacer.
Definir muy bien un problema es ya una manera inteligente y honesta de enfrentarlo.
No resultaría correcto ni equitativo que le carguen los muertos (esto, casi literalmente…) de la Puebla violenta que vivimos cada día.
No deberá verse como una excusa la referencia a cómo arranca. Al contrario, ventilar y oxigenar problemas, vicios, compromisos heredados y hasta corrupción si está debidamente documentada, le daría mayor respetabilidad y confianza ante la ciudadanía.
Por ejemplo las más de 80 plazas de personal de base que dejó Bank para beneficio de recomendados de filiación panista. Este pésimo legado es un abuso. Inadmisible hipotecar gajos del presupuesto, del presupuesto que sale de los bolsillos de todos, con dedicatoria patrimonial para un puñado de privilegiados.
Algo también, no carente de importancia, es repartir el trabajo en el equipo, dejar que sus colaboradores asuman sus responsabilidades y no monopolizar ni las tareas ni los reflectores.
La consecuencia de concentrar la atención es, asimismo, pagar los costos en esa proporción, como lo hemos visto tantas veces en todos los niveles de gobierno.
Peña Nieto y Moreno Valle son dos ejemplos típicos de egocentrismo en imagen y no de equilibrio gubernamental y comunicacional. Ambos terminaron con pésimos resultados a pesar de los millones derrochados en ese rubro.
Además de la urgencia de poner en claro dónde estamos, de dónde parte el barco que lleva como timón a Claudia Rivera, pertinente será una comunicación sencilla, clara, sistemática y honesta. Esto último incluye seguir los pasos del criterio que marcará el nuevo gobierno federal en comunicación social, algo que incluirá de modo ineludible invertir con austeridad, racionalidad, equilibrio y cortar de tajo la discrecionalidad y corrupción. En esto no debe haber titubeo alguno.
Hay muchos temas que hay que poner sobre la mesa cuando arranca un gobierno tan sui géneris en un momento igualmente inédito en la historia del país. Ya nos iremos refiriendo a este asunto más adelante.