El número de mujeres que optan por que sus hijos nazcan por cesárea se ha incrementado de manera constante de tal forma que ha pasado de 16 millones de nacimientos (12% del total) en el 2000 hasta 29.7 millones (21%) en el 2015, una cifra absurda y que tiene a la región de Latinoamérica y el Caribe como una de las zonas con mayor cantidad de cesáreas. En los Estados Unidos de América ahora nacen 33% de los niños por esta vía, en vez de parto por vía vaginal. Si bien la cesárea es una opción cuando hay riesgo para la madre, el hijo o ambos, es claro por la cifras referidas que existe un abuso de esta opción quirúrgica.
De hecho, las mujeres sometidas a cesárea tienen un mayor riesgo de sangrado, depresión posparto, infecciones y largos periodos de recuperación en el corto plazo, pero también en un segundo embarazo tienen mayor riesgo de presentar enfermedades del útero (matriz), de la placenta o bebés que naces antes de tiempo. Para los recién nacidos son también mayores las complicaciones ya que al pasar por el canal vaginal los pulmones se exprimen y expelen el líquido amniótico de los pulmones, por lo que estos bebés respirarán mejor. Adicionalmente, reciben una dosis de bacterias desde la vagina que formará su flora intestinal y respiratoria y la cual estimulará su sistema inmune y lo ayudarán a adaptarse mejor al medio ambiente familiar. Esto es, aunque el parto vaginal es más largo e implica un esfuerzo para la embarazada y su familia, así como para el personal de salud, es claro que ofrece ventajas para la madre y el bebé.
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En Estados Unidos de América se ha planteado la reducción en un 10% el número de cesáreas para el 2020. ¿Cómo estamos en México en este aspecto? No son claros los resultados, pero seguramente usted conoce un bebé que nació por cesárea. Debemos promover el parto por vía vaginal.