Me parece que el resultado del recuento de los votos de la contienda por la gubernatura es parte de un proceso. El conflicto sigue. Jurídicamente no está concluido y políticamente menos.
Ahora, como muy bien lo hace mi amigo Rodolfo Ruíz, lo que procede es levantar la vista.
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Ver lo que se puede anticipar para Puebla si las cosas quedaran como están. O, cómo quedarían si se da como válida la elección.
Morena casi seguramente le haría la vida imposible a la gobernadora Martha Érika Alonso de Moreno Valle. Un anticipo ya lo estamos viendo. El control del congreso por los diputados morenistas es un contrapeso fenomenal. No cuesta ningún trabajo anticipar que le impondrá un marcaje puntual, cada día y todo el tiempo. A ella y a todo su equipo.
Si en las filas de Morena vienen a cobrar viejas cuentas aún frescas del morenovallismo, en el lado contrario se advierte un ánimo idéntico al de Moreno Valle en su etapa de esplendor. Es un decir esto último..
No se trata de agitar el petate del muerto como lo hizo en la semana un grupo de empresarios con el rancio vicio del pago por servicio. ¡ Y vaya que cobran bien! No. Pero la realidad imaginable es la coexistencia de al menos tres bloques de poder y un gobierno acosado, por decirlo de un modo suavecito.
La institucionalidad sencillamente no procederá. Es tal el peso de los agravios del gobierno que heredaría la señora Martha Érika, que es previsible la confrontación, el bloqueo, el férreo control presupuestal y los desbordamientos con grado de escándalo.
Una parte y otra mantienen viva una cordial hostilidad.
En las filas panistas, dirigidas y activadas tras bambalinas por el exgobernador, persiste un afán avasallador, aplastante. Pareciera ignorarse que el escenario actual ha cambiado radicalmente. Sí, es incuestionable el poder económico para la operación. Ese se mantiene y no tiene límites. Pero el suelo que se pisa ya cambió.
Por el lado del congreso no están mancos. Ni mucho menos mudos. Y desde luego tampoco solos.
La llegada de Alejandro Armenta a la poderosísima Comisión de Hacienda de la Cámara de Senadores es un golpe brutal en el reacomodo de fuerzas federal y estatal.
Un importante sector de los medios locales y nacionales, desde ahora y con la reforma que viene, van alineándose a la nueva realidad.
Y esa realidad no es para nada favorable al morenovallismo.
Sostener y empujar con una especie de ariete a la señora Martha Érika a “gobernar” con un escenario así, es poco menos que insensato.
Visto así el panorama, para Puebla el augurio es negativo.
Las fuerzas reales de la entidad, los grupos de poder, las instituciones públicas y las empresas más importantes tienen perfectamente claro en qué libro quieren leer.
No resulta difícil imaginar que si un escenario así prevaleciera durante meses, con estallidos de todo orden, con desencuentros, carencia de coordinación, choque de poderes, rehenes por ambos lados, daría lugar a un clima de ingobernabilidad que unificaría a todos contra esto.
Y ello, apuntaría a un ajuste mayúsculo. Desde el centro y con la articulación de todos los resortes para ofrecer una solución de fondo.
Esa atmósfera, parecida o peor, ya la hemos vivido en Puebla. Y nadie quiere que se repita.
Esto y no otra cosa es lo que está en la mesa.
Sin la menor duda estos escenarios son estudiados donde está el poder y donde se toman las decisiones en el país. Y se habrán de buscar los caminos más cortos para anticiparse a una crisis que implique otros costos.
El tejido fino con los hilos de la política no puede estar ausente.
Esto es un interesante reto para el ejercicio de la alta política, con inteligencia, prudencia, y la cabeza fría.
Pero el mejor punto de vista, es el de usted.