El tango, la música ciudadana, es una narración puntual del desarrollo y consolidación de un país a través de su capital, Buenos Aires; nos cuenta los días de crisis políticas, las horas negras de los golpes, la vida de los barrios y de los pobres; las crisis económicas, morales, políticas, particularmente de la primera mitad del siglo XX.
Por lo tanto no es raro que encontremos muchísimos temas dedicados no sólo a los hechos históricos o políticos del momento, sino a los propios protagonistas, siendo los compositores del tango personajes con claras posturas políticas, especialmente socialistas, progresistas, radicales.
Reconocer a los héroes propios de la historia local no sólo es un homenaje, es ante todo, una postura.
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Porque el tango es también una forma de memoria y la memoria, al final del día es lo que tenemos para aprender (y desaprender) de nuestros errores y brillos.
Eran los días brillantes del tango en el sur del mundo, cuando en el norte se libraba la más cruenta batalla contra el fascismo y el nazismo. Eran días oscuros para el mundo y la vida, pero aún en esa oscuridad de la Francia de Vichy hubo un hombre. Hubo un hombre nacido en nuestro estado, en Chiautla, que dijo no.
Gilberto Bosques Saldívar ayudó a muchísimas víctimas del fascismo a huir de una inminente muerte aprovechando su posición diplomática en Francia. Cayó preso con su familia, fue prisionero de guerra, pues México participó en la Segunda Guerra Mundial. Sobrevivió hasta los 102 años. Saliendo de este periplo no cejó y defendió jurídicamente a los republicanos españoles. Una vida de prodigios.
En Austria hay una plaza con su nombre. Éste está escrito en letras de oro en los muros del Congreso del Estado. Hay un premio de derechos humanos muy importante que también se llama como él.
Pero en Puebla, la capital del estado que lo vio nacer, sigue siendo un héroe sin calle (y sin tango).
Es interesante detenerse a observar los nombres de las principales calles de nuestra capital, además del general Zaragoza y los hermanos Serdán, el resto de las principales vías tienen nombres de exgobernadores o funcionarios de la historia de la revolución institucionalizada del siglo XX.
Pero a este auténtico héroe nacional de las postrimerías de la Revolución no le hemos dotado de una vía principal.
Sólo hay una vía principal que tiene el nombre de alguien que poco tiene que ver con la historia de este estado: el Circuito Juan Pablo II, cuyo nombre se puso al antiguo Circuito Interior (ay, esa imitación poblana de la nomenclatura chilanga tan chocante) durante la primera administración panista de la ciudad. Ponerle el nombre de un líder religioso, ahora se sabe, protector de depredadores sexuales de niños y perseguidor de los buenos curas teólogos de la liberación, cuyo carisma ocultó los horrores de su administración, fue un acto político. Una postura.
Pero sigue siendo una suerte de rara excepción. Incómoda, sin duda.
Ahora que otros vientos soplan por la ciudad y es un buen momento para desempolvar la historia liberal de Puebla, tan digna, tan hermosa, tan desoída, propongo que el nuevo ayuntamiento encabezado por Claudia Rivera Vivanco, una mujer que ha ponderado la inclusión y la igualdad como banderas, reconozca la obra antifascista y a favor de los derechos humanos, a favor de la diversidad humana, a favor de la vida y la inteligencia, dándole a una vía principal de la ciudad el nombre de Gilberto Bosques Zaldívar. Lo merece él, lo merece Puebla. Sería también una postura, un acto político. Darle sentido a nuestra historia en el mundo, ponderar ese enorme oficio de la diplomacia mexicana de la primera mitad del siglo pasado: estar del lado de la justicia y la inteligencia. Apostar por la dignidad. Y sí, por el antifascismo, contra los fundamentalismos.
El tango
Hoy no hay tango, pero hay compromiso. Si el Cabildo nuevo hace eco de esta propuesta, el tango lo escribo yo y busco quién le ponga música. Para que don Gilberto tenga un tema que un día bailemos en la milonga, como Don Hipólito, Don Lisandro, El Demócrata Progresista, El Radical, El Distinguido Ciudadano y tantos otros.