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Opinión



Vuelvo al Sur

Jueves, Enero 10, 2019 - 14:36
 
 
   

Pino Solanas, ese viejo hermoso que ha dedicado su vida al cine y a la política desde la izquierda

El sur es un lugar común en el tango, o, mejor dicho, el sur es el punto cardinal de donde el tango parte y al que vuelve, porque en el sur (inmensa luna, cielo al revés, dice el tango) ocurre y transcurre la música ciudadana y sus personajes aman o son olvidados.

Pino Solanas, ese viejo hermoso que ha dedicado su vida al cine y a la política desde la izquierda, compuso la letra de Vuelvo al Sur, canción trascendente del tango contemporáneo cuya música fue colocada ahí por Ástor Piazzolla, con motivo de la película Sur (1988), del primero.  

¿Y qué no cada tanto deberíamos volver a sur, al gran sur del mundo, al particular sur de la patria o recordar que el sur al final es una nación errante para quienes pensamos que las fronteras no son más que un invento de los hombres grises del norte?

Este diciembre volví a mi personal sur, Chiapas, lugar del que aprendo y voyvengo de vez en vez para cargar algo de esa gasolina que escasea aún más que la Magna.

Para mi generación, que tenía 17 años en 1994, 17 años y todo lo que eso significa (Volver a los 17 cantaba Violeta Parra; lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, dice la canción), el sur fue para nosotros más que una idea, un sentimiento, un abrazo.

Andábamos así, desgarbados, huérfanos de revoluciones, viviendo un fin de siglo incomprensible y con la globalización a cuestas, pasados de moda, escuchando música rabiosa, con los pantalones rotos, apenas entendiendo la internet y bailando slam.

Hace 25 años vino lo que ya todo mundo sabe: el alzamiento de los rebeldes zapatistas, lo inesperado, el tiempo abierto y su después. Y para algunos de nosotros la brújula indicó ya un punto de ida y retorno: el sur. Y así anduvimos entre el asombro, la simpatía, la organización, los encuentros y desencuentros, entendiendo el zapatismo y sus formas nuevas de organizar la vida.

Sin embargo, a últimas fechas, dada la última postura del EZLN frente al tren maya, en las redes sociales ha habido una retahíla de imbecilidades que van de lo inverosímil a lo indignante. Si bien el zapatismo ha cometido errores tácticos y políticos en otras ocasiones, me parece completamente coherente la postura antidesarrollista contra el tren: ellos declararon la guerra contra el Estado Mexicano, no contra un gobierno en específico, no importa pues quién asuma la titularidad del Ejecutivo, las demandas de los indígenas chiapanecos siguen vigentes, los acuerdos de San Andrés y la ley indígena son un pendiente añejo, pero urgente del Estado Mexicano. Si al gobierno de López Obrador le interesa de verdad resolver ese pendiente, en lugar de hacer rituales new age para validar desde una mirada indigenista ofensiva, debería estar revisando esa agenda política y sentándose a dialogar.

Recién, decía, estuve en Chiapas, y pregunté opiniones sobre el tren maya: cuando no conocen el proyecto, las personas hacen un mohín de rechazo, de escepticismo o de plano dicen un no rotundo. Pregunté a todo tipo de personas, en muchos lugares. Igual no significa nada que nadie en mi viaje haya respaldado al menos con la duda el proyecto, igual y significa algo. Lo cierto es que la democracia no es una consulta a quienes desconocemos el contexto de la realidad de quienes viven en la zona. Democracia es escuchar primero a los pueblos afectados y construir los proyectos de la mano y nunca a pesar de.

Otra vez, la sociedad civil debe estar atenta, atenta a las bravatas que se han dejado sentir, a las amenazas veladas de paramilitarismo contrainsurgente, a las amenazas de la buena izquierda partidaria, reformista contra la sospechosa de ser autónoma y autodeterminada.

Se han soslayado los logros del zapatismo desde la ignorancia descalificadora y atrevida, se mira a ese movimiento con sospecha y se le acusa de anacrónico y demodé, sí, tal vez el siglo XXI ya no está para eso. O es precisamente para lo que está: para mirar en la orilla del mundo aquellos movimientos de los que más hay que aprender para sobrevivir al desastre no sólo ambiental, sino social que ya está aquí.

Cada tanto, decía, hay que volver la mirada al sur. Ahí no hay respuestas, hay preguntas, las preguntas correctas, y en estos días en que parece que la incertidumbre no está bien vista, no vienen mal unas cuantas dudas.

25 años después, el zapatismo tiene todo el derecho de interpelarnos. Necesitamos escuchar.

Llevo el Sur,

como un destino del corazón,

soy del Sur,

como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,

inmensa luna, cielo al revés,

busco el Sur,

el tiempo abierto, y su después.

Quiero al Sur,

su buena gente, su dignidad,

siento el Sur,

como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,

Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,

como se vuelve siempre al amor,

vuelvo a vos,

con mi deseo, con mi temor.

El tango: Vuelvo al sur.

Música: Ástor Piazolla

Letra: Fernando “Pino” Solanas

Lo escuchas aquí en la versión de Caetano Veloso: https://youtu.be/UE4FL3fH2HQ

@elinterno1


Semblanza

Brahim Zamora

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