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OPINIÓN

Preguntar lo que se sabe…

He de confesar que fui uno de los muchos actores de la educación en Puebla

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 3, 2018

En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder... Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?

Antonio Machado

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El pasado viernes 31 de agosto se realizó en la Arena de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla la sesión del Foro de Consulta Estatal Participativa en Puebla, que es parte de la consulta nacional que está realizando el gobierno electo a través del futuro Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán.

He de confesar que fui uno de los muchos actores de la educación en Puebla que se enteró de último momento de la realización de este foro y que a pesar de pertenecer a la comunidad de investigadores educativos nacionales no fui convocado para participar en este foro de consulta.

Tal vez porque según percibo, el foro fue planteado de una manera restringida a través de las instituciones públicas de educación –la BUAP, la SEP estatal, las escuelas normales, etc.- y se excluyó por completo al sector privado que participa en el sistema educativo nacional y porque probablemente, al igual que el gobierno saliente no se considera importante consultar a los investigadores educativos respecto a las políticas públicas que regirán la educación el siguiente sexenio, la escasa información que poseo sobre este foro me ha llegado a través de la prensa y de las redes sociales.

Como decía el legendario ideólogo del PRI, Don Jesús Reyes Heroles, en política la forma es fondo y desde mi punto de vista, esta consulta nacional tiene mucho de lo que menciona Machado en el epígrafe del artículo de hoy, es decir, de pérdida de tiempo en un proceso donde se pregunta lo que ya se sabe solamente para legitimar lo que de antemano se tiene ya decidido.

Porque leyendo lo que reportan los medios y poniendo en blanco y negro de una manera sintética lo que he escrito –y han escrito muchos durante los últimos años- respecto a lo que necesita nuestro sistema educativo, parece no haber nada nuevo bajo el sol y dudo mucho que de esta otra consulta más, que se suma a las innumerables consultas que se han realizado a lo largo de los últimos sexenios, surjan elementos que no conozcamos ya desde hace tiempo.

Como afirman muchos de los analistas y opinólogos, nuestro país se encuentra sobre-diagnosticado y lo que falta para mejorar como sociedad no son análisis de los problemas ni propuestas de solución sino acciones concretas, sistemáticas y evaluables que pongan en práctica todas las ideas que se han ido generando a lo largo de los años. Tal como decía en mi artículo de la semana anterior, lo que hace falta no son iniciativas sino “acabativas”.

Porque lo que se sabe de nuestro sistema educativo es que:

-La prioridad debe estar en la educación obligatoria y no en la educación superior, como ha enfatizado el presidente electo y su equipo de trabajo durante el tiempo eterno de pre-campaña, intercampaña, campaña y post-campaña electoral.

-La prioridad debe centrarse no solamente en ofrecer educación a todos los niños y adolescentes del país, sino en que esta educación sea de igual calidad para todos.

-Para lograrlo debe –aunque no sea popular- reforzarse y consolidarse el Servicio Profesional Docente y construirse una cultura de evaluación docente que sirva para la mejora continua y que esté ligada a una sólida, consistente y participativa política de formación y actualización del profesorado de educación básica y media superior en todo el país.

En este rubro puede ser que para bajar la presión política, se eliminen las consecuencias de la evaluación docente para la permanencia de los profesores frente a grupo y se apueste por el relevo generacional y el cambio de cultura docente. Para lograrlo, es necesario mantener y consolidar el otorgamiento de plazas y la promoción de los docentes mediante concurso de oposición y evaluación que por supuesto debe irse mejorando en sus instrumentos y procedimientos y aplicándose de manera transparente y rigurosa para eliminar los privilegios, influencias y criterios políticos que aún prevalecen por encima de los resultados y de las listas de prelación.

-Para contar con docentes cada vez más profesionales y comprometidos con e mejoramiento de la educación nacional resulta también urgente reformar a profundidad a las instituciones de formación inicial del profesorado en todo el país.

-Resulta indispensable apoyar la labor de los profesores con las condiciones materiales para realizar su trabajo adecuadamente. Por ello es prioritario también continuar con el programa de mejoramiento de la infraestructura y equipamiento de las escuelas del país, empezando por las que se encuentran en las comunidades más desfavorecidas.

-No es posible pensar en un sistema educativo vertical, piramidal y centrado en el control en pleno siglo veintiuno. Por ello también se sabe que el otorgamiento de autonomía a cada escuela para tomar decisiones sobre su organización, instalaciones, equipamiento y gestión administrativa y curricular es una condición sine qua non para poder aspirar al mejoramiento de la calidad educativa y a la construcción de un proceso formativo a la altura de nuestros tiempos.

-Una parte fundamental en el desarrollo de un sistema educativo de alta complejidad –horizontal, participativo, democrático- tiene que ver con la auténtica democratización de la organización gremial de los actores educativos. No podrá haber avance en la calidad educativa si no se democratizan y crecen en autonomía los sindicatos de maestros.

-No podemos aspirar a un país auténticamente democrático, justo, pacífico e incluyente sin una formación integral de las nuevas generaciones, de manera que el modelo educativo nacional debe incluir tanto el aprendizaje de conocimientos de matemáticas, lenguas y ciencias como el desarrollo de competencias éticas y ciudadanas, la formación artística, la educación física, el desarrollo de habilidades socioemocionales y la construcción de modelos de convivencia escolar centrados en el diálogo y la resolución pacífica de conflictos.

Estos son algunos de los elementos que se sabe que necesita nuestro sistema educativo nacional para lograr la transformación real que está exigiendo nuestra sociedad desigual, violenta, excluyente y autoritaria.

Ojalá que el gobierno electo que está invirtiendo tiempo en preguntar lo que se sabe, pueda articular una propuesta educativa pertinente y consistente que anteponga la formación de las nuevas generaciones de mexicanos por encima de los intereses y compromisos políticos que han mantenido rezagado a nuestro sistema educativo por tantas décadas.

¿Cómo lograrlo? Espero que esta no sea una pregunta sin respuesta.

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