Violentar actos de gobierno no resulta nada saludable en Puebla.
Lo estamos viendo. Es una senda peligrosa. Sabemos cómo empieza, ignoramos en qué va a terminar.
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Investir como magistrado del Tribunal Superior de Justicia a un tal señor Benito Cruz, es uno más de los actos en cadena inspirados por el más imprudente sentido patrimonialista del poder.
Es como la gota que derrama el vaso.
En el presente espacio de indefinición del resultado electoral, se han dado múltiples acciones similares. Y no paran. Se da por hecho el triunfo de la señora Martha Érika, no obstante que el caso está en manos del Tribunal Electoral Federal.
Desde el gobierno estatal se siguen tomando decisiones carentes de toda prudencia.
No hay la menor cautela. Se pisotea la sensatez.
El Congreso del Estado, a unos días de concluir sus funciones, se sigue usando como lo que fue en todo el tiempo de esta legislatura: un instrumento burdo de garrote y amenaza.
Los culpables no son los diputados, de suyo lacayos dóciles como escasas veces se ha visto en el poder legislativo. No. Ellos son cipayos puestos de rodillas a los pies del amo. El color partidario no los hace diferentes, la recua es del mismo pelaje.
En política no hay espontaneidad. Todo obedece a una dirección, a un mandato o estrategia.
Y en el caso poblano se advierte un perverso e inagotable apetito de poder sin reparar en lo mínimo en las formas.
Como espada de Damocles, el mismo Congreso blande la guillotina para ir tras ex alcaldes o simpatizantes morenistas para revisar cuentas o investigar actos punibles.
No es la aplicación de la ley ni actos de justicia. Es venganza o amenaza.
Esa película se ha visto múltiples veces. Se le aplicó a Eduardo Rivera cuando osó contravenir el mandato transexenal.
Después, en la acción más indigna que se recuerde de un ex presidente poblano, el propio panista reptó gustoso para obtener una candidatura como parte de un escenario que lo requería a él como pieza útil.
Un vulgar plato de lentejas que engulló golosamente.
Fue pieza desechable, naturalmente.
Mordió el polvo estrepitosamente porque lo metieron en la misma bolsa de la corrupción, la trampa y el oportunismo.
Corrijamos, no lo metieron. En realidad nunca había salido de ahí.
Como lo establece una de las leyes de la física, “toda acción, genera una reacción de igual intensidad pero en sentido contrario”; estamos viendo la primera parte de algo que se barrunta igualmente escandaloso y pocas veces visto.
La segunda parte de la obra correrá a cargo de Morena.
En unos días más habrá una nueva legislatura dominada por Morena. Los morenistas tienen demasiados agravios que revisar en calidad de víctimas. Y muchos más que provocadoramente les crean a última hora en los días que corren.
Y, para su fortuna, el ambiente político del país les es favorable totalmente.
Tendrán la sartén por el mango en muchas materias, el respaldo de diputados y senadores federales, de un buen número de alcaldes de las principales ciudades del estado y, por si faltara, el visto bueno a distancia del propio Presidente electo.
Visto desde una perspectiva como la que podría ofrecer un dron, las partes en conflicto están confeccionando un escenario peligrosamente minado. Explosivo si el resultado de la controversia electoral lleva a decidir que la señora Martha Érika será la próxima gobernadora.
Le están sembrando el terreno con bombas de alta potencia.
En las cuentas por cobrar de Morena figura, destacadamente también, el acomodar la ley para que la asunción de la eventual gobernadora sea, no ante el Congreso del Estado sino ante el Tribunal Superior de Justicia. Reforma legal, ciertamente, pero parte de las adecuaciones caprichosas del poder ilimitado.
Más gasolina al fogón.
Aquí ooootra vez, los diputados jugaron un obsecuente papel de alfombra.
De esos tapetes en una de cuyas esquinas se esconde la basura o el excremento del gato cuando a la puerta tocan las visitas.
Sin pecar de agoreros de rayos y centellas, estamos por ver episodios rudos, escandalosos, no extraños. Explicables si se revisa la historia del sexenio ido y los meses extras que como herencia maldita lleva sobre sus espaldas el gobernador Gali.
¿O usted qué opina?