Un cierto grado de ansiedad parece extenderse en la sociedad del país. No tiene proporciones de epidemia, ciertamente. Y se hace más notoria en ciertos sectores. En el ámbito político y los medios particularmente.
El diccionario define a la ansiedad como un “estado de agitación, inquietud o zozobra.”
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En el futbol, los comentaristas han observado que en un partido, cuando no resulta espectacular, el público comienza a hacer la ola, como una muestra de aburrimiento o ansiedad. Como un reclamo masivo de acciones que conmuevan.
Algo de esto estamos viendo en la escena nacional. En Morena se advierte una actividad inusitada, como de ya tocar el umbral del poder pasado mañana. En los medios van más allá, juzgan o prejuzgan actos de los ganadores de la elección y pronostican tropiezos, fracasos rotundos o desencanto de la gente. Cuando aún ni siquiera se sientan en la silla los que ganaron.
En ciertas capas de la sociedad, quisieran ver ya acciones espectaculares de López Obrador y equipo. Pasando por alto tiempos y rituales, casi reclaman que el cambio prometido llegue ya, sin más dilación. Y hasta se ven y escuchan reproches de que ya falló el líder, traicionó a la causa, faltó a su palabra.
Esta forma de apreciar las cosas o proceder es explicable, pero no justificable. Siempre la búsqueda del justo medio resulta ser una receta infalible.
Morena trae la inercia del triunfo, lo cual es natural. Lo contrario sería sumirse en el silencio. Cocinar la transición tras bambalinas, con sigilo o con dosis homeopáticas chocaría con la dinámica que ha caracterizado a López Obrador y equipo. Y lo más grave, despertaría sospechas en esos millones que le dieron su voto.
Después de la victoria ha mantenido una actividad febril, dominando la escena y la agenda. En otros sexenios la transición ha sido gradual, se dirá. Y creo que sería inexacta la comparación. Esta elección es totalmente atípica. Los actores que llegan son antípodas de los que están.
En los otros casos vistos, el terciopelo de la transición se explica porque sólo cambiaron nombres; los métodos y grupos en el poder prácticamente fueron los mismos. Con matices menores. Y una prueba de ello es el rechazo contundente, rotundo, a “más de lo mismo”.
Pero hay otro factor más: el sexenio que concluye se agotó hace buen rato. Fue como un sexenio que duró 3 años.
El eclipsamiento normal del presidente que se va hoy es casi de penumbra total. Aparte de llegar al final con una muy pobre aprobación, a estas alturas nada tiene que ofrecer. Lo que en otros tiempos ha sido discreción o prudencia del que abandona, hoy es arrinconamiento provocado por las circunstancias.
Lo hemos dicho: no hay vacíos de poder, estos de inmediato se llenan.
AMLO y equipo lo han llenado absolutamente. Aquí es donde aparece la aludida ansia por el poder. Me parece que se ha rebasado un poco el dominio de la escena y que nada mal le haría al equipo que llega una reducción en la velocidad de los movimientos.
Para sorpresa de casi todos, Morena sigue la recomendación de aquel estratega estadunidense de “la campaña permanente”. Y sí, parece que será el signo del próximo sexenio y lo tienen perfectamente claro.
Pero una desaceleración inteligente sería muy saludable. Un signo de prudencia ante los que aún están, y espacios de oxigenación para no sobresaturar el escenario. No olvidar que el dominio absoluto llega a crear hartazgo.
Y aquí se incluye el empleo de la autocrítica y la rectificación. Ni todo lo que emane de los triunfadores es acertado y perfecto, ni todo lo que le critican está cimentado en razones irrebatibles. Cabe aquí, entonces, admitir el debate, cotejar argumentos y mostrar una actitud de apertura como ensayo hábil de lo que serán seis años de mando.
En el ámbito poblano lo sobresaliente es el impasse derivado de la elección. La solución está en manos de la autoridad federal en material electoral y esto también da lugar a yerros no ausentes de ansiedad en el flanco panista morenovallista.
La pretensión de avanzar en la transición estatal bien puede llevar al chasco. A los ganadores les falta aún cruzar una importante aduana federal, porque la ley así lo dispone. Y al gobierno estatal, en este aspecto, dar muestras de tacto y legalidad. La cordura siempre es una buena aliada frente a la ansiedad y las presiones, así sean estas de la propia casa.