Aquí la gubernatura aún no está definida. Diversos escenarios se barajan respecto de lo que habrá de suceder en los próximos días. Y en todo esto, una cosa es clara: no está dicha la última palabra.
Puebla ha resultado ser el lunar negrísimo dentro de la elección de todo el país. Y esta condición de excepcionalidad, tendrá lógicamente una salida igualmente fuera de lo ordinario.
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El silencio local se llena con hipótesis. La más admitida es que el Instituto Nacional Electoral tiene en sus manos el asunto y a través del Tribunal Federal Electoral habrá de convocar, en breve, a una nueva elección para la gubernatura.
Otra es que quien lo hará es el órgano electoral estatal, a través del tribunal correspondiente, como una manera de tratar de salvar su deslavada credibilidad y la enorme desconfianza que le rodea.
En la versión primera pesa de modo contundente la apreciación que sobre el caso Puebla tiene el presidente electo. López Obrador dejó clara su perspectiva favorable –de él y de MORENA- sobre el candidato Luis Miguel Barbosa como triunfador. Luego matizó, dejando la resolución a los órganos electorales.
Pero quedó de modo inequívoco en el ambiente la salida: anulación de la elección y convocatoria a una nueva. El camino lo trazan las leyes, desde luego. Pero la ley no escrita que proviene de la figura avasalladora del presidente electo tiene antecedentes hondos en la larga era priísta. Y eso no se ha borrado del escenario.
Y en tanto prevalece la anormalidad democrática rodeada de denuncias, violencia, robos de urnas y documentos y hasta homicidios, ello da pie a criterios igualmente extralegales. Lo que vendrá es, seguramente, el realineamiento de los hechos con lo que legalmente procede.
Pero las posiciones han quedado claras. Y se duda que el INE desoiga rotundamente el enfoque morenista, y privilegie a ciegas la voluntad morenovallista.
Dentro de este panorama especulativo, figuran igualmente escenas que el imaginario colectivo recrea. Por ejemplo, que en el encuentro de López Obrador y el gobernador Gali, el presidente electo le haya pedido a este último “contribuir, dentro de sus facultades, a limpiar la elección de Puebla para superar de una vez por todas este bache negativo nacional”. ¿Se negaría Gali a un planteamiento de tal naturaleza?
Otros especulan que fue al revés. Que el propio gobernador poblano, urgido de un acercamiento con el presidente electo, “motu proprio ofreció sus mejores oficios y le garantizó que el caso Puebla quedará resuelto por la vía legal y dejará de ser un problema para la república..”
Con el corolario de ruptura que esto tendría para Gali respecto de su antecesor.
Una teoría más hace figurar al propio exgobernador Moreno Valle en el escenario presidencial, igualmente con un propósito de allanarse el largo camino sexenal que apenas empieza, consciente del dicho popular que dice que “mal empieza la semana quien se muere el lunes”.
En esta construcción imaginativa, ven a Moreno Valle con el ropaje de un espontaneo facilitador de las cosas, con el ofrecimiento de que doña Martha Erika se retira y deja libre el camino a una nueva elección.
Un gesto amistoso y colaboracionista así, impensable en el temple del poblano apenas ayer, se entiende con el ánimo de sobrevivir con salud mínima frente al presidente en ciernes que ha exhibido poder y voluntad férreos.
El desenlace excepcional al que pocos dan cabida, es suponer que el ex gobernante de Puebla estaría en condiciones de retar a duelo a la figura presidencial como en su momento lo hiciera con Mario Marín.
Si, finalmente, el desenlace fuera mantener a toda costa el fallo favorable a la candidata Martha Erika Alonso, el porvenir no luce tampoco nada halagüeño. Parecería repetirse, en versión gubernatura, la condición de presidente espurio que persiguió casi todo el sexenio a Felipe Calderón. Sólo el ejército pudo mantenerlo a buen resguardo los seis años.
Tal cosa no ocurriría en Puebla.
Aquí, el terreno por transitar para la gobernadora electa sería espinoso y escabroso. Con el congreso local en contra y encabezado este nada menos que por José Juan Espinosa, quien sintió en carne propia el escarnio y acoso como pocos el pasado sexenio.
Los diputados federales poblanos, excepto uno, en contra, igual que los senadores poblanos. El Senado mismo igual que la Cámara de Diputados federal serían permanentemente cajas de resonancia adversas al gobierno poblano; los presupuestos que de ahí emanen, del mismo modo serían dosificados y altamente vigilados.
Los ayuntamientos de las más importantes ciudades y cabeceras distritales del estado, en contra.
Y por si algo faltara, el coordinador estatal en Puebla será Rodrigo Abdala, un morenista de cepa y muy cercano de Manuel Bartlett, con todo lo que esto significa.
El camino, como se puede apreciar, no anima mucho a los tiempos por venir.
Es verdad que la imaginación a veces se aproxima más a la fantasía que a la realidad, pero también es cierto que los díceres, versiones y juicios que se escuchan multiplicados por aquí y por allá, tienen una carga de experiencia que se nutre de lo cotidiano y que basta un poco de paciencia y sentido común para armar el rompecabezas.
¿No le parece a usted…?