Evangelio según San Marcos, 2, 27.
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El viernes pasado tuve el gusto de fungir como moderador de la conferencia magistral que impartió la Dra. Cecilia Fierro Evans -prestigiada académica de la Universidad Iberoamericana León y Premio internacional Brock por sus contribuciones a la educación en México- dentro de las actividades del 1er. Congreso de investigación educativa y el 11º Coloquio interdisciplinario de posgrados de la UPAEP.
El título de la conferencia fue: Escuelas y docentes en contextos de violencia y exclusión. Contribuciones a la construcción del tejido social y abordó en tres partes el amplio y complejo problema de la violencia escolar desde una mirada pedagógica que se sustenta en el enfoque de convivencia escolar en el que la Dra. Fierro ha realizado importantes contribuciones desde su amplia trayectoria como investigadora educativa.
En la primera parte la conferencia planteó un contexto muy completo acerca del problema de la violencia, ubicándolo como un asunto que va mucho más allá del comportamiento de las personas individuales porque responde siempre a causas estructurales y llega también a permear la cultura.
Una segunda sección presentó una síntesis del estado del conocimiento en el área temática de Convivencia, disciplina y violencia en las escuelas, en el que se destacaron las principales líneas que han sido abordadas por los investigadores educativos que trabajan en esta área dentro del Consejo Mexicano de Investigación Educativa.
Finalmente, la tercera sección de la conferencia aportó tres grandes principios o rasgos que caracterizan las escuelas que hacen la diferencia en el trabajo de construcción de ambientes y estructuras de convivencia escolar pacífica, democrática, constructiva, humanizante.
Dejaré para otras oportunidades el abordaje de algunos de los muy ricos elementos de estas tres partes de la conferencia. Me concretaré en este espacio a tratar un elemento que fue desarrollado en la parte del estado del conocimiento de lo que se ha investigado en el campo, que me parece especialmente preocupante e hizo eco entre los docentes, directores escolares y supervisores que estuvieron entre el público que asistió a la conferencia.
Se trata del tema de la judicialización de los procesos escolares que ha venido desarrollándose como respuesta –inadecuada y poco efectiva pero desgraciadamente dominante- al problema del crecimiento de la violencia escolar en sus distintas manifestaciones (bullying, acoso, cyberbullying, violencia física, violencia de género, violencia contra los alumnos con discapacidad, etc.)
Según los planteamientos de la Dra. Fierro a partir de investigaciones que han analizado la normatividad y los manuales de convivencia que han desarrollado las escuelas y la autoridad como respuesta al problema de la violencia, se ha evidenciado claramente esta tendencia a tratar desde un enfoque punitivo y legalista las dinámicas y los casos de violencia escolar.
Los manuales y reglamentos tienden a enfocar el problema desde una visión de disciplinamiento y de criminalización de los alumnos que incurren en comportamientos de acoso o violencia en la escuela, pues están redactados con un lenguaje propio de abogados que resulta ininteligible para los estudiantes e incluso, según manifestó una supervisora, para los docentes, directores y supervisores.
En el marco de este lenguaje, los alumnos que incurren en estos comportamientos son llamados acusados y se plantea la participación de testigos, defensores y otros términos propios de los juzgados y no de las instituciones educativas.
El manual de convivencia escolar que emana de la autoridad educativa plantea, en lugar de acciones pedagógicas, la obligación de los maestros de levantar actas donde acusan a sus alumnos cuando incurren en comportamientos violentos, lo cual va llevando, en palabras de la investigadora, a dinamitar la confianza entre los actores educativos.
¿Cómo puede mantenerse la relación de confianza entre un maestro y unos alumnos cuando el maestro ha acusado a quienes violan ciertas reglas de conducta? ¿Qué consecuencias tiene para la relación pedagógica esta ruptura de la cercanía y la confianza entre quienes aprenden y quienes facilitan el aprendizaje?
En este marco que distorsiona el carácter formativo de la escuela y convierte la relación pedagógica en una especie de contrato legal con múltiples restricciones, el docente vive permanentemente en la paradoja entre su vocación educadora que implica cercanía, confianza y dicho radicalmente, amor por sus estudiantes y las obligaciones y riesgos legales que enmarcan su trabajo cotidiano.
Los profesores tienen miedo de acercarse a sus estudiantes porque están expuestos a ser malinterpretados y están en riesgo permanente de ser demandados ante la autoridad por los padres de familia, según relato una profesora en el diálogo posterior a la conferencia. De manera que el trato cordial, las manifestaciones de afecto, todas las expresiones humanas de confianza que son indispensables en una relación pedagógica se van eliminando por este miedo que invade cada día más los espacios escolares.
De este modo, en lugar de que la ley esté al servicio de la educación, estamos viviendo en el mundo al revés en el que la educación se pone al servicio de la ley. Porque en lugar de establecer estrategias reales para la promoción de una convivencia escolar constructiva y democrática que sirva al proceso de formación de los niños y adolescentes, dejando establecidas las normas legales para los casos realmente graves que son un porcentaje muy pequeño según reporta la investigación, se crean reglamentos y manuales que se dicen de convivencia pero son en realidad de castigo.
Los manuales y guías de convivencia escolar deberían mirarse como oportunidades de poner las condiciones para ajustar las formas de relación entre los actores de la educación para facilitar la formación humana y ciudadana que queremos y necesitamos. En lugar de esto, se erigen como reglamentos que plantean formas de ajusticiar a los educandos que se salen de los estrechos límites de una disciplina que muchas veces es ya anacrónica.
La escuela hecha para el sábado, en lugar de que el sábado esté hecho para la escuela.