Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, brazo mío,
palabra clara, corazón resuelto,
Jaime Sabines. Algo sobre la muerte del mayor Sabines.
Más artículos del autor
https://www.poemas-del-alma.com/jaime-sabines-algo-sobre-la-muerte-del-mayor-sabines.htm
Protector de mi miedo, brazo mío, palabra clara, corazón resuelto. El poema de Jaime Sabines en torno a la muerte de su padre, el ya mítico “mayor Sabines” describe de manera bellísima el papel fundamental que juega el padre en la vida y el desarrollo de los hijos.
Porque como decía Freud: “No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”. El padre representa esta imagen de solidez y seguridad que se torna en el protector de nuestros miedos durante la infancia y esta imagen se prolonga en un símbolo de arraigo, certeza, firmeza y seguridad a la que se recurre durante la adolescencia y la juventud y aún en la edad adulta.
Ser padre es convertirse en protector de los miedos de los hijos, aunque esto no implica que un padre no tenga sus propios miedos.
De manera que el protector de los miedos no es el que carece de miedo sino el que es capaz de comunicar a los niños la manera de asumir esos miedos y vivir constructivamente con ellos o a pesar de ellos.
Palabra clara. Eso es también el padre para un niño. Palabra clara que enseña a nombrar el mundo y a ir descubriendo la propia palabra, desarrollando la voz personal para decir con claridad y asertividad lo que se siente o se piensa.
Por ello el padre no es tampoco el que dice “la última palabra”, la verdad inamovible o el rumbo incuestionable para la vida sino el que comparte de forma transparente su propia palabra y la deja germinar en la mente y en el corazón de los hijos para que a partir de esta semilla, vayan trabajando día a día, año a año para cultivar su propia palabra, la voz original con la que imprimirán su propia huella en la realidad.
Ser padre es también ser corazón resuelto, pasión por la vida, emoción inteligente, razonable y responsable que se convierte en presencia significativa que pone algo de luz en el camino muchas veces obscuro de la existencia. Corazón resuelto que se sabe limitado pero no se arredra ante las dificultades ni se rinde ante los obstáculos y los momentos de dolor y frustración que inevitablemente se presentan en la historia de cualquier persona y de cualquier familia.
En una tradición que nos presenta la imagen paterna como la de la razón fría y sin concesiones al sentimiento frente a la imagen materna de la sensibilidad pura y la abnegación sufrida, es importante pensar esta imagen poética del padre como corazón resuelto, como sentimiento decidido y comprometido con la causa de la edificación de una familia que es comunidad básica que prepara para la convivencia, núcleo fundamental que es la raíz del ser social que todos somos en potencia pero tenemos que aprender en un espacio concreto.
Por todo eso, decía bien el pensador francés Jean Jaques Rousseau cuando decía que “un buen padre vale por cien maestros”, porque un buen padre –y también un mal padre- deja una huella indeleble en los hijos que puede ser semilla de humanización o de desmoralización y resentimiento social.
En efecto, un buen padre vale por cien maestros siempre y cuando se asuma como padre y no como amigo y cómplice o como coach existencial.
Porque ante la figura autoritaria del padre que predomina en la tradición occidental machista, se han desarrollado hoy imágenes que buscan contradecir el rol del padre que es jefe de familia autoritario, lejano y aún despótico, pero caen en el extremo opuesto que deja a los hijos en la indefensión por la falta de una presencia sólida que indique los límites y las pautas de comportamiento que pueden encauzar la propia búsqueda existencial y contribuir a la educación de una libertad responsable, sana y efectiva.
Un padre vale por cien maestros siempre que no ceda ante la presión de la corrección política actual y se quiera convertir en un amigo más de sus hijos, complaciéndoles en todo y volviéndose su cómplice en todos sus deseos y caprichos. Porque como decía Carles Capdevilla en su muy buen podcast Educa como puedas , un padre no puede buscar facilitarle a los hijos el cumplimiento de todos sus sueños sino por el contrario, debe orientarlos para que vayan entendiendo que en la vida humana real, resulta imposible hacer realidad todo lo que se sueña y es necesario elegir uno o dos sueños fundamentales y trabajar muy fuertemente por avanzar hacia su realización, sabiendo que no todo puede cumplirse y que aún con el mayor esfuerzo, es imposible lograr exactamente todo lo que se desea.
Un padre vale por cien maestros siempre y cuando no quiera convertirse siguiendo la moda impuesta por las películas de Hollywood, en una especie de coach que tiene como función motivar a sus hijos y decirles siempre que son “los mejores”, “unos campeones”, “los triunfadores” en un mundo que se ha vuelto una arena para la competencia. Un padre tiene la obligación ética de ubicar a sus hijos en la realidad con todas sus posibilidades y con todas sus limitaciones, obstáculos e injusticias, para impulsarlos a trabajar de manera humilde, aterrizada y colaborativa para ir construyendo gradualmente un proyecto de vida humanamente viable y positivo dentro de las limitaciones y restricciones internas y externas.
Este domingo celebramos en México y en otros países el Día del padre. Esta fecha tiene ciertamente menos relevancia mediática, social y comercial que la dedicada a celebrar a las madres.
Pero precisamente por ello es muy importante pensar en el valor de la aportación de los padres de familia para el desarrollo sano y constructivo de las nuevas generaciones. El padre es un educador fundamental que vale por cien maestros. Ojalá nuestra sociedad vaya entendiendo adecuadamente su papel y valorando su aportación, más allá de las miradas parciales o distorsionadas que dominan el panorama actual.
Este podcast puede encontrarse en la siguiente liga: http://www.podiumpodcast.com/educa-como-puedas/