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OPINIÓN

Con tanto muerto encima

No podemos acostumbrarnos a la muerte con indolencia. Divorcio con las campañas electorales.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Junio 4, 2018

 

Para María del Sol Cruz Jarquín y todas las personas asesinadas por la violencia sistémica que vivimos.

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“…qué se siente con tanto muerto encima
cómo pegas el ojo
cómo subes la patica…
Cómo haces
pa cepillarte, peinarte y vestirte
sin acordarte…
de las madres féretro, de las viudas llanto,
de los hijos rotos y la patria sangre…
Cómo haces pa mirarte al espejo
y no morir de humanidad”.

Andrés Galeano. Alvarito. (Ver aquí referencia).

 

El proceso electoral que vivimos –padecemos- en nuestro país y que ojalá termine pronto se ha llenado de un falso calor declarativo y demagógico que nubla la mirada y esconde el calor verdadero de la violencia que ha dejado hasta ahora alrededor de 105 candidatos asesinados además de algunas víctimas que sin participar directamente como competidoras por un puesto de elección, han sido privadas de la vida en el marco de la cruenta disputa por el poder que vive México en este 2018.

La más reciente víctima de la violencia es la joven periodista María del Sol Cruz Jarquín, quien se desempeñaba como jefa de comunicación social de la Secretaría de Asuntos indígenas del gobierno de Oaxaca y  según nota del semanario Proceso, “fue comisionada por el titular de la dependencia, Francisco Javier Montero López, para cubrir, desde hace más de un mes, las actividades proselitistas de su hermano Hageo Montero López, candidato del PRI a la presidencia municipal de Juchitán”.

Durante esta cobertura periodística, la joven Marisol fue asesinada en un ataque dirigido a Pamela Zamari, candidata a segundo concejal por la coalición Todos por México, del PRI, PVEM y Panal quien murió acribillada junto con su primo, según la misma nota.

Mientras los candidatos presidenciales pelean diariamente en los medios de comunicación y en las redes sociales en una competencia plagada de insultos, descalificaciones, noticias falsas o información sesgada y exagerada, apodos absurdos y promesas que de antemano se sabe que son imposibles de cumplir, en el nivel de la calle y la plaza, en la realidad concreta en la que los ciudadanos vivimos todos los días, la muerte sigue marcando el ritmo de la competencia por los votos, sin que ninguno de ellos se atreva a asumir esta terrible realidad y subirla a su discurso para darle la relevancia que tendría que tener en un país donde la muerte no fuera algo normalizado.

El calor ficticio y escenográfico nos está impidiendo a todos poner atención a esta realidad inaceptable en la que la delincuencia organizada se está disputando el control de los municipios y los estados ante la indiferencia o la impotencia de un gobierno que parece haber perdido por completo la capacidad de poner orden y garantizar la seguridad de los candidatos y los políticos y por ende, la de todos los ciudadanos comunes que cada día salimos de nuestras casas con el miedo de perder nuestras escasas propiedades, nuestra tranquilidad e incluso nuestra vida.

Pero reconocer esta tragedia humanitaria en la que vivimos hoy en México no da votos, aceptar que estamos en un escenario en el que la delincuencia y la muerte se han apoderado de todas las estructuras del país no aporta popularidad, asumir con humildad que no se sabe cómo se podría combatir con éxito esta dinámica de violencia y muerte no es un factor que lleve a subir en las encuestas, por ello ninguno de los candidatos habla de estas tragedias, de este centenar de vidas humanas perdidas en unos cuantos meses de campañas electorales.

De manera que resulta imprescindible preguntar a los candidatos y a los gobernantes junto con el poeta: qué se siente con tanto muerto encima, cómo pegan el ojo, cómo hacen para levantarse, cepillarse, vestirse sin acordarse de todas las víctimas de la degradación del escenario político nacional.

Preguntarle a los políticos y preguntarnos todos como ciudadanos, cómo podemos seguir viviendo nuestras vidas cotidianas sin acordarnos todo el tiempo de las madres féretro, de las viudas llanto, de los hijos rotos y la patria sangre en que estamos inmersos y de la que somos corresponsables por acción u omisión.

Ojalá todos los ciudadanos mexicanos seamos capaces de hacernos estas preguntas. Ojalá todos tengamos la honestidad para preguntarnos cómo hacemos cada mañana para mirarnos al espejo y no morir de humanidad.

El país que estamos viviendo o que estamos muriendo plantea un enorme desafío para los educadores. Porque una sociedad en la que parece estar más vigente que nunca la triste constatación del poema de César Vallejo “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”, necesita con urgencia de una educación que prepare a los futuros ciudadanos para estar alertas ante el riesgo de la normalización de la violencia y de la muerte y para rebelarse contra toda forma de indiferencia frente a las tragedias que viven tantas familias en todos los rincones del territorio nacional.

Hasta que como dice el poema, “todos los hombres de la tierra” rodeen a los cadáveres y les pidan regresar a la vida, hasta que logremos juntos que todos los cadáveres tristes, emocionados, se inforporen lentamente, abracen al primer hombre y se echen a andar.

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