Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Por el placer de conversar

Abundan los juicios ligeros y sentenciosos, cargados de ignorancia

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Mayo 28, 2018

Hay demasiado ruido en la sociedad hoy en día. Abundan los juicios ligeros y sentenciosos, cargados de  ignorancia. Cualquiera pontifica y vomita estulticias. Personas  que no se informan, no leen, no cotejan la información que circula. Entre estos hay quienes jamás han leído un libro. No leen periódicos, no ven noticiarios, no consultan y contrastan portales de internet.

Su capital cultural son pedazos de informaciones que circulan por las redes. Chismes que se repiten y que ellos recirculan. Chistes baratos, vulgares. Desahogos anónimos. Una especie de “memecracia” de chiquero.

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 La zafiedad hoy tiene legiones de seguidores.

Eso vemos en los grupos que vía celular o en los cafés, en restoranes o en familias, emiten opiniones cargadas de mentiras completas o verdades adulteradas que no resisten la mínima defensa.

Así proceden lo mismo personas con nivel universitario que quienes no tienen ni una untada de educación o cultura. La ignorancia los hermana. Eso sí, la soberbia o arrogancia para analizar el momento político los erige en gurús.

 Pero además, no admiten opinión ajena. La mínima disidencia, para ellos es inadmisible, motivo de bronca, descalificación o exclusión de quien osa opinar distinto.

Eso, tristemente, satura  todos los lugares.

Eso caracteriza a un amplio segmento de la sociedad mexicana. Es la parte vulnerable de nosotros los mexicanos. No se admite, por supuesto. O se niega rotundamente, precisamente por lo mismo:  una ignorancia  superlativa. Abundan, como nunca, los enanos trepados en una silla.

Los hay politiquillos de café, sedicentes estrategas, “asesores”, “ideólogos”, “lideres de opinión”, “empresarios comprometidos”, “consultores políticos”, comunicadores o analistas enchufados a politicastros idénticos a ellos.

Y eso es parte de nuestra condición de país subdesarrollado. La mediocridad es un padecimiento muy extendido.

Si no leen, sería demasiado pedir razonamientos nutridos de conocimiento, o de información al menos. Y sería un exceso mayúsculo demandarles modestia y una pequeña dosis de virtud. La humildad,  no figura en sus muy menguados diccionarios.

Quizá sin proponérnoslo, pero viendo este desolado panorama, a un pequeñísimo grupo de amigos nos movió el sentido común de conversar sobre los asuntos de Puebla y el país de modo respetuoso y libre.

Hemos creado un clima de mutuo respeto, de amplia tolerancia y de bienvenidos razonamientos.

Hoy que la conversación serena, tranquila, analítica, poco se da, decidimos crearla en el marco de una pequeña tertulia. Se escucha, se escucha con mucho respeto la opinión de cada quien; se discrepa; no se interrumpe al otro y no se permite monopolizar el micrófono.

Hay el juego del yo-yo pero es finamente desarticulado por el derecho de hablar de cada uno, sin abuso. Nadie se muestra como dueño absoluto de la verdad, y sí se busca encontrarla con los trozos que aporta cada uno con sus ideas, observaciones, referencias o argumentos bien fundados.

Pero aclaremos: no hay eruditos, no se admiten sabios y la solemnidad está proscrita. Igualmente la vulgaridad o el lenguaje bajuno o chistes procaces. Tarjeta roja tiene también el fanatismo de todo tipo.

En cambio, es bienvenida y en alfombra roja su majestad la anécdota. Las historias domésticas o de la vida del país, de políticos, curas, empresarios, obispos, académicos, líderes, artistas, intelectuales  o próceres.

Hay invitados especiales para disertar sobre un tema de su especialidad.

Así, todos aprendemos.

Se acompañan estas sabrosas pláticas con citas de libros, testimonios personales o fuentes absolutamente confiables. Se repasa la historia, la economía, la gastronomía, los oficios, la música, las costumbres y tradiciones y la cultura en general.

No hay atropellos verbales ni propósitos de lucimiento banal; tampoco caben los gracejos o cómicos involuntarios.

Todo esto se da en el sabrosísimo marco de una comida. Se come y se bebe con moderación. El convocante, patriarca y mecenas es un señor con toda la barba: Don Fausto Sáinz, el dueño del restaurante más longevo de Puebla, “El Cazador” de la 3 poniente, a ciento veinte metros de la catedral.

Asisten dilectos amigos: Ricardo Menéndez, Alberto Ochoa Pineda, Pedro Ruíz y el gentil anfitrión es Don Fausto.

Así, sin grandes pretensiones, tratamos de revaluar y rescatar el antiguo gusto por la conversación. Hoy, cuando se habla tanto y se conversa tan poco.

xgt49@yahoo.com.mx

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