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OPINIÓN

Sumar o restar: la educación y lo que somos

El aprendizaje significativo, relevante para la formación. Formación ética mediante la congruencia.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Domingo, Mayo 27, 2018

“Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”.
Sergio Pitol. El arte de la fuga (ver aquí).

 

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Uno es, o mejor dicho, uno va siendo lo que vive en un entorno particular concreto en el que hay siempre obras de arte, signos y mensajes de los medios de comunicación. Uno es o va siendo a partir de los espacios en que vive, las calles que recorre, los lugares a los que viaja o el lugar al que está atado por la imposibilidad de viajar.

Uno es, o mejor dicho, uno va siendo lo que su historia le va dejando como huella en sus distintas etapas. Uno es en gran medida lo que su infancia -esa fase en la que se absorbe todo lo que el propio mundo provee- va constituyendo como los cimientos sobre los que se edificará la propia existencia, lo que la adolescencia le va aportando a partir de la rebeldía y la búsqueda de autoafirmación frente a todo lo otro y todos los otros, lo que la juventud le desvela de la vida como aventura y desafío siempre por emprender.

Uno es, o mejor dicho, uno va llegando a ser, gracias a o a pesar de, las identidades que los otros significativos nos van asignando desde sus propias expectativas y a partir de la forma subjetiva en que nos miran desde fuera. Uno es lo que la familia, los amigos cercanos, los amores y desamores, le van regalando para nutrir el propio deseo de conocer el mundo y de vivir humanamente en él.

Esta es la razón de ser de la educación. Los seres humanos no nacemos terminados sino que, como afirma Octavi Fullat, nos vamos haciendo, nos tenemos que ir construyendo a lo largo de los días, los meses y los años. Los miembros de la especie humana somos proyecto y como dice Graham Greene, tenemos el deber de ser humanos, de manera que si somos de una forma hoy, no siempre hemos sido así, ni tenemos porque continuar siendo así, dice sabiamente Bernard Lonergan.

Los seres humanos se desarrollan, de ahí que exista eso que se llama educación y que es una actividad cotidiana y espontánea que surge en la interacción entre un sujeto y su entorno, en la convivencia de un sujeto con los sujetos que forman su comunidad.

Porque como dice el filósofo vasco Fernando Savater, educar consiste en enseñar a las nuevas generaciones –y enseñarnos unos a otros a lo largo de toda la vida- en qué consiste ser humano.

De esta actividad cotidiana y de la necesidad de aportar elementos cada vez más especializados y abundantes que abonen a saber en qué consiste ser humano en cada época y cultura y de transmitir estos elementos de formas más sistemáticas y bien dosificadas nace la educación formal, la escuela como institución educadora y los docentes como profesionales dedicados a promover en los niños y jóvenes el conocimiento y la vivencia sobre lo humano.

La escuela y la universidad son fundamentalmente espacios que aportan elementos y experiencias que promueven que cada estudiante llegue a ser él mismo o ella misma según el proyecto de vida que vaya planteando desde su libertad responsable.

Si asumimos esta misión fundamental del sistema educativo como eje rector que guíe la planeación y la evaluación de lo que hacemos los profesores en el aula diariamente y de lo que debería hacer la escuela en cada ciclo escolar, sería muy pertinente que revisáramos este texto del gran Sergio Pitol y nos preguntáramos seriamente por la calidad de lo que estamos aportando a los educandos de hoy, porque de ello dependerá la calidad de personas que egresen de las aulas, la calidad de ciudadanos que se integren a la comunidad y por eso mismo, la calidad de sociedad a la que podamos aspirar. 

Si uno es los libros que ha leído: ¿Qué calidad de libros estamos leyendo junto con nuestros estudiantes durante su formación?

Si uno es la pintura que ha visto: ¿Qué calidad de experiencia artística estamos promoviendo en las futuras generaciones?

Si uno es la música escuchada y olvidada: ¿Qué calidad de música se oye en nuestro entorno escolar?

“Uno es una suma mermada por infinitas restas” dice el escritor veracruzano y desde esta perspectiva habría que preguntarnos sobre todo si estamos aportando sumas de experiencias, conocimientos, reflexiones, valoraciones, acciones colaborativas, búsquedas significativas al proceso de llegar a ser de nuestros educandos o si mas bien estamos restando continua y sistemáticamente sus posibilidades de llegar a ser mejores personas, ciudadanos y miembros de la especie humana.

Porque construyendo ambientes incluyentes, alegres y desafiantes de aprendizaje estamos sumando elementos valiosos para que los niños y jóvenes lleguen a ser, pero generando ambientes autoritarios, represivos o complacientes estamos restando sus posibilidades de desarrollo.

Cuando nos esforzamos por promover aprendizajes significativos sobre temas relevantes para su vida estamos sumando elementos para su crecimiento pero cuando caemos en la repetición mecánica, en la memorización sin sentido y en la ley del menos esfuerzo estamos restándoles posibilidades de autoconstrucción.

Si nos convertimos en presencias significativas para ellos y en ejemplo de búsqueda imperfecta pero constante de congruencia ética aportaremos sumas a su búsqueda de construcción personal pero si nos volvemos cómplices de la desmoralización o de la corrupción imperante en nuestra cultura generamos restas que dificultan su proyecto existencial.

Porque cuando buscamos con entusiasmo y creatividad generar en los niños y jóvenes encuentros valiosos con grandes libros, muestras relevantes del arte universal, música y poesía que educan las emociones, entornos distintos que los sensibilicen frente a la pobreza, la injusticia, el dolor y la resiliencia humanas, estamos sumando a su camino de búsqueda de lo que son y lo que quieren llegar a ser.

Como educadores formales o informales: ¿Estamos siendo parte de la suma o aportando a las infinitas restas?

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