No hay que equivocarnos, los que creemos que este juego lo juegan varios, el juego de la sucesión, lo juega uno y solo uno, y esa persona es nuestro Presidente, Enrique Peña Nieto, y él a su vez solo escucha una sola voz, la de su Pepe Grillo, que no es otra que la de el canciller Luis Videgaray, que son menospreciados, pero ponen contra las cuerdas al oponente que les toque en turno.
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El año pasado escribía que Enrique Peña Nieto era increíblemente astuto, o increíblemente idiota, una duda -que la mayoría de los mexicanos creen la segunda-, pero será cierta esa hipótesis, o detrás de este enigmático personaje se esconde un estratega político, versátil, maquiavélico, hábil y extremadamente inteligente que llevara contra las cuerdas a quien él quiera.
El 31 de Agosto del 2016, escribía y narraba la osadía que realizó Enrique Peña Nieto, invitar y catapultar a Donald Trump, a la Presidencia de los Estados Unidos de América, inspirado en Luis Videgarray, tomaron la oportunidad que la vida les ofreció y trajeron a el enemigo público número 1 de todos los mexicanos, se ganaron en contra a todo el pueblo mexicano, al presidente Obama, el establishment norte americano y al mexicano, encabezado por don Carlos Salinas, no fue para menos el cese fulminante de Videgaray, el ascenso de Claudia Ruiz y el grupo compacto del ex presidente Salinas, les dieron manga ancha para proponer al sucesor.
El presidente Peña, mientras se agazapaba con su grupo compacto en el Estado de México, contra viento y marea, se impuso y ni siquiera por margen cerrado, primero Donald Trump y después a su primo Alfredo del Mazo, ahí empiezan a maquilar el re-engranaje de la sucesión, sabedores que a Videgaray no le alcanza para ser presidente, pone a su compañero de mil batallas y maestro de los números para reorganizar el torcido sistema federal que heredará el sucesor de Peña Nieto, el elegido es el nada conocido José Antonio Meade, siguiendo las palabras de don José López Portillo, en una campaña Presidencial te conocen porque te conocen.
Nombran a un candidato de extracción no priísta, después lo placean con los líderes de las plazas a servicio del Presidente.
Después la misión siguió en estocar el plan B de Carlos Salinas y sacan a la luz pública el lavado de dinero en el que incurrió Ricardo Anaya.
Todo esto, viene orquestado desde la cancillería, no hay que equivocarnos, para plato fuerte el presidente Peña, ataca sin piedad al presidente Trump; tuve la oportunidad de estar en USA, en el brillante mensaje a la Nación que ofreció nuestro presidente y todos los medios del vecino país lo aplaudieron y recalcaron que dejó sin palabras a Trump.
El postre sin lugar a dudas será Andrés Manuel, que sigue imparable, pero ya el escenario con el que arrancó es totalmente diferente al del día de hoy, a los priístas se les ve con un rayo de luz, iluminando su rostro y con un poco de esperanza al final del camino; se pone interesante este juego de la sucesión y Enrique Peña Nieto juega al juego del gato y el ratón, donde cada vez va cercando y poniendo contra las cuerdas a todos sus opositores, uno a uno.
Como dice aquel famoso refrán: o eres increíblemente astuto o increíblemente idiota, creo que nuestro presidente está dejando en claro que por algo está en esa silla, siempre ha tenido fama de ser un operador electoral implacable, hoy si le sale la jugada, tendrá que pasar a la historia como uno de los más grandes estadistas que ha tenido nuestro país, así de sencillo.