Recientemente un grupo de investigadores liderados por Richard Bowtell de la Universidad de Nottingham en el Reino Unido han desarrollado un casco que se acopla a un mascara que se fija al contorno de la cara del paciente. La máscara está acoplada a 13 cubos de cristal llenos de rubidio líquido. Los átomos de rubidio se alinean con un láser (siglas en inglés de diodo emisor de luz), cuando pensamos, sentimos o realizamos alguna actividad con las células de nuestro cerebro, las neuronas, se activan generando pequeños pulsos eléctricos, los que se denominan potenciales de acción.
De manera importante cada potencial de acción conlleva la generación de un pequeño campo magnético, debido a que el campo magnético terrestre es muy grande, los pequeños campos magnéticos cerebrales son difíciles de registrar y las máquinas disponibles son enormes, pesadas y requieren de instalaciones especiales, ya que los sensores usualmente trabajan a bajas temperaturas cerca de cero grados centígrados. Pero este nuevo dispositivo ha permitido hacer registros en cuartos que dispersan el campo magnético terrestre mediante una bobina y lo reducen por un factor de ¡50,000 veces! Lo que permiten hacer el registro de campos magnéticos denominado magnetoencefalografía en casi cualquier lugar.
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Los investigadores están ahora involucrados en desarrollar un casco con mayor número de sensores y que puedan ser acoplados a niños, adultos y pacientes mayores; y de esta forma poder estudiar estas señales magnéticas en distintas enfermedades cerebrales como la epilepsia, la hiperactividad con déficit de atención o la enfermedad de Parkinson. Eso requiere también el desarrollo de programas de computadora por lo que en este proyecto participan un grupo de investigadores de distintos campos del conocimiento como física, desarrollo de nuevos materiales, ingenieros de la computación, matemáticos y neurocientíficos. El trabajo en equipo potencia las capacidades de generación de conocimiento y de innovación sin duda.