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OPINIÓN

DEL JUICIO LIGERO A LA OPINIÓN FUNDADA.

Desde luego, la política es pasión. Y la política es un tema que está en el escenario mexicano

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Marzo 4, 2018

El prejuicio nubla el juicio, y es una gran verdad. Hoy lo estamos viendo de modo cotidiano en torno a lo político. En las redes, los cafés, los periódicos, la televisión, se sueltan apodos, diatribas y descalificaciones como pocas veces se ha visto.

Desde luego, la política es pasión. Y la política es un tema que está en el escenario mexicano. No como los políticos creen. Ellos piensan que al hombre común le importa de modo extraordinario lo que hacen o dicen. No. La gente común está en lo suyo, en la lucha por la vida de cada día.

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Pero una porción importante de la sociedad sí toma parte. Y lo hace desde la posición cómoda de espectador pasivo, hasta de protagonista en partidos y grupos. Pasando por una amplia gama de opinadores con todos los tonos y graduaciones.

Y en esas conversaciones que se escuchan o textos que se leen, se aprecian ligerezas verbales, dictaminaciones absurdas,  comentarios destemplados carentes de la mínima información, o condenas propias de la inquisición.

Hoy más que nunca se requiere un sano juicio, una lectura de múltiples fuentes, el contraste apacible de hechos y palabras, y el rigor de la información para poner en perspectiva afirmaciones, dichos o chismarajos que por todos lados circulan.

Lo que más abunda es la basura por la vía de los famosos memes. Van comúnmente impregnados de fobias personales, radicalismos ideológicos o desahogos procaces.

Una práctica sana es ver de dónde parten. Como el origen es anónimo, carecen de la más elemental consideración. Hasta a la luz del humorismo son materia escatológica. Hay que diferenciarlos de la caricatura de los periódicos y revistas.

Estas tienen autoría y cada quien puede revisar la carga ideológica del autor o de quien paga el trabajo. Puesto esto en la balanza cada uno es libre de asimilar el mensaje o tirarlo a la basura.

Otra manera de ver la basura de las redes es observar quién las circula. Atrás del insulto, la ofensa o la barbajanería por lo común se retrata de cuerpo entero el remitente. Es toda una confesión psicológica. La mano que tira la piedra escondida en la oscuridad, huérfano de ideas, analfabeto en cultura política y burdo para discutir o debatir.

Cuando en una conversación el objeto a analizar es cargado de motes, apítetos o prejuicios, la discusión no tiene sentido.

Es muy distinta la crítica informada, con sustento y respeto. Puede ir cargada de ironías y hasta humorismo, pero no busca anular a quien piensa diferente o a los partidarios de este. No  olvidar que el sentido del humor es signo de inteligencia. Hasta el chiste, pero no la vulgaridad cantinera o reveladora de frustraciones sexuales.

Hemos visto y deberían multiplicarse en los medios y en los foros, debates de ideas. Estos obligan a los participantes a ofrecer información nutritiva, sustentada y persuasiva respecto de la manera de pensar de quienes intervienen.

Los análisis, las comparecencias o los debates así son instrumentos para invitar a la sociedad a una fase superior de ver la política. En este terreno, las universidades y otros escenarios de la sociedad tienen por definición propia una importante responsabilidad que cumplir.

Ni qué  decir de los medios de comunicación, la radio y la televisión particularmente. Aún con las restricciones legales, son vehículos muy apropiados para hacer periodismo político. Desde luego, se requiere apertura, inteligencia e imaginación. Anteponer esto al proverbial apetito por el negocio que ahí se suele dar.

Pero al margen de sitios con vocación para estas actividades, altamente saludable sería que aún en las charlas informales de amigos o familias, los análisis o la manera de abordar el momento que vive el país se dieran con mínimos de respeto e información cierta y contrastada.

De otro modo, las conversaciones son muy silvestres y hasta estériles. Nadie gana con una charla llena de lugares comunes, descalificaciones, prejuicios o desinformación interesada o fundada en la ignorancia.

Cuando se piensa en los problemas del país, en los aspirantes a los cargos de elección, generalmente se deja de lado el papel que le corresponde a cada ciudadano en particular. Lo desdeñamos, por apatía o mala fe, por pereza o ignorancia.

Se nos olvida que actuando así, desde esta zona de confort, siempre  seremos parte del problema y no de la solución.

xgt49@yahoo.com.mx

 

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