El PRI poblano parece tener pocas posibilidades de recuperar la gubernatura este año. Al menos así lo muestran las encuestas. Entre las varias razones de esta debilidad una de las principales es que no ejerció su función de oposición dentro del congreso poblano en las dos últimas legislaturas.
De 2011 a 2013 (LVIII Legislatura) el PRI fue la primera minoría en el congreso poblano, es decir, la mayoría relativa. Con 14 de los 41 diputados tuvo el 34.1% del congreso. Insuficiente para tomar decisiones por sí mismo (aún aliado al Partido Verde, que tenía 3 diputados). Pero suficiente para impedir las reformas con mayoría calificada y para ser una caja de resonancia, formar opinión pública y cuestionar o impedir algunas medidas del ejecutivo estatal en esa época. O al menos para aumentar el costo político de las mismas.
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Por el contrario, los diputados priístas en Puebla votaron a favor de las medidas más controvertidas propuestas por el gobernador. Quizá la más relevante de ellas fue el conjunto de reformas que dio lugar a los llamados “proyectos de inversión”. Esos cambios se aprobaron en septiembre de 2012. Han sido considerados inconstitucionales y contrarios a diversas resoluciones de la Suprema Corte. Permiten al gobernador del estado adquirir deudas sin ser aprobadas por el congreso local y sin ser sometidos a los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas. Se ha dicho que dieron lugar a una enorme deuda oculta. Solo tres diputados se opusieron a estas reformas, ninguno de ellos del PRI.
El cuestionamiento de los “proyectos de inversión” se ha dado en los medios de comunicación, en medios académicos y en organismos de la sociedad civil, destacadamente el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, quien concluyó de diversas investigaciones sobre el poder ejecutivo poblano en esta legislatura que se trataba de “…un Congreso desdibujado y con poca intervención en las grandes decisiones políticas de su Estado”. Pero no en la principal oposición política del estado, el PRI:
Otra reforma controvertida fue la llamada “Ley Mondragón”, que cambiaba el calendario electoral con la única razón aparente de dejar fuera del cargo al presidente estatal del PAN con ese apellido, Juan Carlos Mondragón. Los diputados priistas votaron a favor sin cuestionar que el poder legislativo se utilizara para defender intereses particulares.
En la siguiente legislatura (LIX, 2014-2018) el PRI disminuyó su presencia legislativa. Tuvo solo 8 diputados, poco menos del 20%. El número más bajo en la historia de Puebla. Aún así, este grupo parlamentario priísta pudo haber tenido una actitud, no testimonial, sino de crítica y formación de opinión pública. Funciones de toda oposición en un sistema democrático. Pero optó por apoyar al gobernador en prácticamente todas sus propuestas.
Como las sanciones al expresidente municipal poblano, Eduardo Rivera. Era claro que más que la aplicación de la ley se trataba de una sanción política para dejar a Rivera fuera de las candidaturas. Los mismos priístas lo llegaron a reconocer, pero argumentaron que votar en contra de las sanciones sería apoyar a la entonces candidata del PAN a gobernadora en el Estado de México, Josefina Vázquez Mota, de la cual Rivera era coordinador de campaña. En lugar de comprometerse con una de las funciones de todo poder legislativo local en México, la aplicación de la ley en la revisión de las cuentas públicas de los ayuntamientos, optaron por una decisión política para perjudicar a un adversario.
Debido a lo anterior el priísmo poblano llega desdibujado a las elecciones del 2018. De haber ejercido su papel de oposición en el congreso quizá no hubiera frenado las decisiones que llegaron desde la gubernatura. Pero les hubieran impuesto un alto costo político. Y más aún, le habría dado a su partido, el PRI, un lugar en la política poblana de la que hoy carece. No sólo al partido, sino a los diputados que se hubieran destacado en su función legislativa de vigilancia y control sobre el poder ejecutivo. No es claro por qué tuvieron esta actitud, pero puede ser que hayan cambiado su herencia por un plato de lentejas.
[El autor es profesor de la Universidad de las Américas Puebla]