El sentido común queda rebasado para entender hoy al México de cada día. Y es que esta realidad exige, además, ser experto en armar rompecabezas. El absurdo, el cinismo y el descaro son adjetivos que compiten para calificar a personas y hechos de estos días.
El caso Javier Lozano, por ejemplo. Logra unificar a todos los caricaturistas de los medios mexicanos en su contra. Lo retratan de manera unánime como un can agresivo, bravucón y pendenciero. Exhiben todos su carácter irascible y arrogante, servil y abyecto. Quien vomitó en el priísmo seis años llega en alfombra roja a la mesa de Meade.
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Los memes (esa fosa séptica de pedradas anónimas, desahogos absurdos, agresiones desde la oscuridad y una que otra verdad) lo exhiben tal cual: “Responsable del cierre de Luz y Fuerza del Centro, responsable de la quiebra de Mexicana de Aviación, Responsable de la salida de Carmen Aristegui de MVS Radio y autor de la frase “si me bajan el sueldo me dedico a robar”, es el vocero de lujo de Meade.
Por él habla y él lo representa. Ni más ni menos.
Con él José Meade busca defenderse, crecer y ganar votos.
Cada quien escoge a sus aliados. En Lozano, Meade se retrata de cuerpo entero. Por encima de los priístas que aún creen y sueñan.
Sí, el mismo señor Meade que quiere ganar la presidencia.
Un priísta inconforme con el señor Meade lo describe de modo sencillo, didáctico:
A propósito de su campaña gris Oxford, enteca, descafeinada e intrascendente, dice:
“Un candidato que no conecta ni una plancha, que no prende ni un cerillo, que no levanta ni un alfiler, y que no transmite ni un recado, va camino directo a la derrota…”
La conclusión obvia es que Peña Nieto se equivocó rotundamente. Antonio Meade es un buen hombre, tecnócrata eficaz, útil para cualquier sexenio. Pero incoloro e invidente ante el escandaloso robo de miles de millones de más de una docena de gobernadores modelo del “nuevo PRI”. Y por tanto, negado para ser candidato a la presidencia.
No exageramos. La montaña de corrupción y deuda estatales (ambas en maridaje indisoluble) pasaron por los ojos y manos de Videgaray y Meade, y no se dieron cuenta. Eso no es ceguera, es complicidad. Por citar sólo 4 Estados: Chihuahua 42 mil millones de deuda¸ Coahuila de los Moreira 37 mil millones; Nuevo León 66 mil y Quintana Roo 22 mil millones. Y todos sus ex gobernadores protegidos por el pacto de impunidad santificado por la presidencia.
La impopularidad del presidente y sus subterráneos índices de confianza y aprobación no son gratuitos. Tampoco la preferencia sostenida por AMLO. Todo es causal y perfectamente explicable.
Lo que pasa en Puebla es parte de un todo.
Veamos.
Si alguien fue tratado con la punta del zapato fue el ex alcalde Eduardo Rivera. Fue el alcalde maldito y non grato tres años. Célebre es su arrinconamiento con todo y esposa en las ceremonias del 15 de septiembre en su casa, el palacio municipal. Luego perseguido, defenestrado, vituperado y con bienes embargados.
Ignoro si legal o ilegalmente. Si justa o injustamente. Porque hay quienes afirman que hizo fortuna nada despreciable. Pero fue proscrito y arrojado al estercolero al dejar la presidencia. Y hoy aparece, manso, sumiso y obediente en pos de nuevas migajas del poder.
¿Es el hambre de poder mayor que la dignidad? Eduardo Rivera, con sus hechos, sostiene que sí, así es.
Se muestra Rivera sin el mínimo respeto por sí mismo, sin pisca de dignidad, como modelo perfecto del deshonor, con el traje de la ignominia perfectamente puesto. Con ese ropa busca ser el representante de los poblanos.
¡Qué pobreza de ser humano!
¿Qué pesan más, sus regulares títulos académicos extranjeros, o su paupérrimo gramaje de dignidad?
En esa misma senda va Pepe Chedraui. De la cumbre municipal del PRI, va en pos de una senaduría suplente por el PAN. La mutación en ciernes causa escozor en el priísmo ortodoxo. Es una reacción desinformada o ingenua, desde luego.
Es obvio que ni él ni gran parte de la cúpula priísta local y nacional experimentan conversión alguna. No pueden renunciar a lo que nunca han sido. Don Pepe, es perfectamente sabido en Puebla, jamás conoció la sede del PRI antes de ser diputado local. Ya no digamos su plataforma, principios o programa de acción y estatutos.
Él es un próspero negociante metido a la aduana de la política. Y no ha dejado de ser eso.
Si hoy se va del PRI son ilusos quienes lleguen a rasgarse las vestiduras. Porque nunca ha estado ahí.
El alcohol, como el poder, no es que exhiba en toda su dimensión a los hombres.
Sencillamente los muestra tal cual son.
Y en esto, con sentido común, nadie debe llamarse a engaño.
Otro caso es Jorge Stefan Chidiac. Corte de las tijeras del mismo sastre. Va en ciernes de ser el candidato del PRI al gobierno estatal. Su paso por el tricolor ha sido excelente… para el gobernante en turno, claro.
Si dudan, pregúntenselo a Blanca Alcalá.
Por tanto, es el candidato perfecto. Él sí sabe cómo hacerlo, puesto que ya lo hizo magistralmente una vez.
El triste papel que jugó Osorio Chong a escala nacional, hoy parece ser el destino de don Enrique Doger.
Chong fue el priísta conspicuo en las encuestas, a pesar de su pésimo desempeño. Y como evidencia de que las encuestas nada dicen al peñismo y compañía, fue arrumbado al fondo de los trebejos un día cualquiera.
Doger, aspirante con fuste a la gubernatura, con perfil, temple y números favorables, está en vías de ser aquietado con una postulación menor, porque la estrategia del reparto real del poder así lo impone.
Negocios son negocios.
¿Lo tomas o lo dejas?, le dirán en estos días.
Y más le dirán: “hoy en día el poder no se conquista, se negocia y se reparte como franquicias, con demarcaciones territoriales, con concesiones por pagar o fueros para proteger.”
Arme usted su propio rompecabezas, están ahí varias piezas sueltas..