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OPINIÓN

La inhumanidad de lo humano: un desafío educativo

Se habla mucho en nuestros tiempos de la necesidad de una educación humanista

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Noviembre 6, 2017

Tampoco hay que reducir lo humano a lo humano. Como decía Roman Gary: “La palabra humanidad comporta inhumanidad: la inhumanidad es una característica profundamente humana”.

Edgar Morin. Método VI: La humanidad de la humanidad, p. 16.

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Se habla mucho en nuestros tiempos de la necesidad de una educación humanista. Escuelas y universidades declaran en sus documentos fundamentales o en sus materiales promocionales que promueven la educación humanista en sus aulas. El nuevo modelo educativo para la educación obligatoria que ha definido la SEP como guía para la tarea educativa de los próximos años en el país, dice que la educación en México tendrá un carácter humanista.

Sin embargo, tanto en el modelo educativo mexicano como en muchos documentos y declaraciones de las instituciones que dicen promover una educación humanista, no se define claramente lo que se entiende por humanismo y cómo se traduce este enfoque filosófico en términos educativos.

Aunque no se defina y caracterice con claridad lo que se entiende por una educación humanista, parece haber un acuerdo básico en la idea de que este tipo de educación tiene como centro al ser humano y su dignidad fundamental e inalienable y que a partir de este eje el proceso educativo debe promover el despliegue de lo humano en todas sus dimensiones.

Se parte entonces de una visión positiva que se sustenta en la confianza en las posibilidades humanas de construir una vida individual sustentada en valores y una sociedad estructurada de manera justa, armónica, pacífica y democrática.

Esta visión positiva, si bien correcta en su fundamento y orientación, peca generalmente de ingenuidad al pretender ignorar o hacer a un lado las características negativas, las conductas no éticas, los comportamientos incluso aberrantes que también forman parte del proceso dialéctico, paradójico, contradictorio del ser humano.

Porque como afirma Gary en la cita de Morin que sirve como epígrafe a este artículo de hoy, la inhumanidad forma parte también de la humanidad. El ser humano es capaz de conductas que lo realizan, enaltecen, dignifican y plenifican pero también lo es de conductas que lo destruyen, lo rebajan, lo denigran y contradicen su búsqueda de realización individual y colectiva.

Son estas conductas inhumanas las que sustentan las críticas que se hacen a las posturas humanistas desde visiones pesimistas de la sociedad y de la historia. ¿Cómo es posible hablar de humanización ante las evidencias abundantes de crímenes, guerras, abusos, injusticias, discriminación y exclusión que muestran claramente que “el hombre es el lobo del hombre”?

Estas visiones pesimistas tienen sustento puesto que es imposible negar que la inhumanidad forma parte de la humanidad y que ninguna otra especie animal es capaz de actos tan aberrantes como los que cometen muchos seres humanos en contra de la naturaleza, de otros seres humanos y muchas veces incluso en contra de sí mismos.

Sin embargo las críticas dejan de lado todos los ejemplos históricos, también palpables y numerosos, de comportamientos, acciones y formas de organización social que han buscado y siguen buscando el bien común, la felicidad de todos, la emergencia de los mejores rasgos de lo humano, la realización de cada persona en todas sus dimensiones.

Es así que nos encontramos ante dos visiones incompletas y simplificadoras de lo humano: por una parte, las de las perspectivas críticas del humanismo que destacan todos los aspectos inhumanos de lo humano pero ignoran la búsqueda de humanización y por otra, la de las visiones humanistas que exaltan todas las potencialidades del ser humano hacia la búsqueda del bien pero ignoran o minimizan las enormes tendencias deshumanizantes que son fruto también de las mentes y los corazones humanos.

La educación humanista ha reducido lo humano a lo humano y en ello radica gran parte de su ineficacia. Ignorar que la inhumanidad forma parte de la humanidad conduce a propuestas de formación humanista incompletas y limitadas en sus alcances y resultados.

En el mundo del siglo veintiuno, plagado de acciones y estructuras que conducen a lo inhumano, resulta indispensable una educación humanista que esté a la altura de los tiempos respondiendo al desafío de educar en la visión compleja que promueva todas las potencialidades auténticamente humanizantes pero incorpore también el análisis comprensivo y crítico de todas las realizaciones deshumanizantes que han marcado la historia de esta humanidad en búsqueda.

Porque la inhumanidad es una característica profundamente humana y es indispensable analizarla, comprenderla, cuestionarla críticamente y enfrentarla de manera responsable si queremos cumplir el objetivo de “salvar a la humanidad, realizándola” que plantea Morin como el reto fundamental de esta crisis planetaria que vivimos.

De manera que una educación humanista realmente integral, tiene que incorporar en sus concepciones fundantes y en sus propuestas curriculares el estudio de la inhumanidad que forma parte de nuestra humanidad imperfecta y limitada.

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